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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

San José, el rincón entrerriano donde el agua caliente se cruza con la cepa y el pasado molinero

Sobre la costa del río Uruguay, la localidad de San José propone una escapada que combina termas, bodegas de tradición inmigrante y la visita al histórico Molino Forclaz, con propuestas para todo el año.

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Florencia VidalTurismo y ambiente · · lectura 3 min
San José, el rincón entrerriano donde el agua caliente se cruza con la cepa y el pasado molinero

A poco más de dos mil kilómetros desde Río Gallegos, atravesando buena parte del litoral argentino, San José aparece como una escala inesperada en el sudeste de Entre Ríos, con el río Uruguay como límite natural y un cielo que en invierno suele regalar jornadas grises y húmedas, mientras que en verano deja paso a tardes largas y ventosas, ideales para moverse entre viñedos y piscinas al aire libre. La localidad forma parte del circuito Tierra de Palmares, junto a Colón y Villa Elisa, y se ganó un lugar en el mapa turístico por una combinación poco habitual: termas, vinos y patrimonio vinculado con la inmigración europea del siglo XIX.

El punto de partida obligado para entender esa historia es el Museo Provincial Molino Forclaz, cuyo predio de cinco hectáreas conserva la vivienda familiar y un molino de viento que Juan Bautista Forclaz levantó para moler trigo y maíz. Como los vientos no alcanzaron para moverlo de manera constante, la familia debió volver al sistema tradicional de tracción a sangre, con mulas que arrastraban la maquinaria. Las visitas guiadas recorren ese funcionamiento y la vida cotidiana de los Forclaz, y en fechas puntuales se suman representaciones a cargo de vecinos, mientras que durante la temporada estival se ofrecen recorridos nocturnos iluminados con velas, faroles y candelabros, una de las modalidades más convocantes del lugar.

Termas, vino y tapeo bajo el mismo pase

A cinco minutos del casco histórico, Termas San José ofrece doce piscinas distribuidas en un complejo desde el que se observa el río Uruguay. El establecimiento detalla que su pase de experiencia eno-termal incluye acceso a las piletas, un área exclusiva de relajación, batas, toallas y un tratamiento facial de vinoterapia en el Spa Acqua Termal. La propuesta se completa con una copa de vino entrerriano acompañada por tapeo regional en el restaurante Entre Fuegos, una visita guiada gratuita a Bodega Vulliez Sermet y beneficios en otros establecimientos de la zona, incluido el alojamiento entre viñedos de Los Franco Suizos.

Lo que el folleto promete y lo que se ve en el terreno suele coincidir: las piletas se distribuyen en distintos niveles con vistas abiertas al río, y la zona de spa funciona como un sector diferenciado, más silencioso, pensado para el descanso después de las inmersiones. La tradición vitivinícola local se remonta a los colonos que se instalaron en la Colonia San José a mediados del siglo XIX, y entre las variedades que aparecen mencionadas en la producción de la zona se cuentan Pinot Noir, Chardonnay, Tannat y Marselan, un corte amplio que muestra el abanico que se puede probar en las visitas a las bodegas.

Aventura, artesanías y aire libre

  • Molino Aventuras: palestra, tirolesa, puentes aéreos, escaleras móviles y mangrullo para sumar movimiento a la jornada.
  • Centro Municipal de Artesanos: trabajos en cerámica, madera, cuero y lana, con la posibilidad de conversar con los productores locales.
  • Recorrido por el casco histórico: la huella de la inmigración queda visible en la plaza central, los antiguos almacenes y las construcciones de la colonia.
  • Paseos por la costanera del río Uruguay, especialmente recomendables al atardecer, cuando la fauna local —caranchos, cotorras y bandadas de garzas— se vuelve más activa.

Para organizar la escapada, conviene tener en cuenta que las opciones termales y de bodega funcionan todo el año, aunque la experiencia se disfruta más en los meses templados, cuando se puede aprovechar el complejo de piletas al aire libre y los recorridos nocturnos del Molino Forclaz. El verano es la temporada alta, con más actividades programadas y una agenda cultural más densa; el otoño y la primavera, en cambio, permiten una visita más tranquila, con viñedos en plena actividad y temperaturas agradables para caminar sin aglomeraciones. Para quienes viajan desde Río Gallegos, la recomendación es reservar al menos dos noches: una para el circuito termal y las bodegas, y otra para dedicarla al patrimonio histórico y a los paseos al aire libre.

FV
Florencia VidalTurismo y ambiente

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