Neuquén extiende su costa fluvial a 35 kilómetros y se reposiciona como puerta de entrada a la Patagonia norte
La capital neuquina superó con sus orillas intervenidas los 20 kilómetros de costa marítima de Mar del Plata y apuesta a un nodo de transporte aeroportuario para articular vuelos, tren y colectivos hacia el valle y la cordillera.
A poco más de dos mil kilómetros de Río Gallegos, en el corazón de la región de los valles irrigados por los ríos Limay y Neuquén, la capital homónima acaba de sumar 3,5 kilómetros a su paseo costero fluvial y alcanzó así una traza continua de 35 kilómetros, una cifra que, puesta en perspectiva, deja chica a la histórica referencia de las playas atlánticas argentinas: Mar del Plata, con sus arenas frente al mar, dispone apenas de unos 20 kilómetros de costa utilizable, según los relevamientos que suelen citarse cuando se compara la oferta de sol y agua en el país.
El nuevo tramo, inaugurado en el sector de la calle Figueroa, no es un simple Paseo Costero: incorpora espacios para el deporte, la recreación y el esparcimiento al aire libre, y se integra a una red que empezó hace algo más de una década con apenas 1,8 kilómetros y que fue creciendo al ritmo de las inversiones municipales. El recorrido, que bordea tanto el Limay como el Neuquén, enlaza senderos, áreas verdes e infraestructura para caminatas, bicicleta y actividades físicas, configurando un anillo fluvial que rodea buena parte del ejido urbano.
Un clima continental y un paisaje que combinan río, estepa y cordillera
Quien se acerque al paseo se va a encontrar con un escenario que no tiene nada que ver con el de la costa bonaerense: el aire seco del Alto Valle patagónico, las tardes ventosas características de la región y una paleta de verdes apagados sobre las bardas contrastan con la humedad atlántica. Entre las aves que suelen verse a la vera de los ríos se cuentan bandadas de patos maiceros, garzas blancas y, con algo de suerte, alguna bandada de flamencos andinos que bajan desde el oeste en ciertas épocas del año, un detalle de fauna que vale la pena llevar en el cuaderno de viaje.
El hub aeroportuario: la apuesta para que Neuquén deje de ser solo una ciudad de paso
Lo que se viene, según se anunció oficialmente, es un nodo de transporte integrado en el aeropuerto local, cuya presentación formal se prevé para octubre. La idea es articular los vuelos que llegan a la capital con servicios de tren y colectivos que conecten hacia distintas localidades del valle neuquino y del interior provincial, de modo que el aeropuerto funcione como puerta de entrada y distribuidor para los viajeros que recorren la Patagonia norte.
- 35 kilómetros de paseo costero fluvial habilitados a la vera de los ríos Limay y Neuquén.
- Nuevo tramo de 3,5 kilómetros en el sector de calle Figueroa, con sectores para deporte y recreación.
- Más de 1.800 metros con los que arrancó la red, hoy multiplicados casi veinte veces.
- Hub de transporte aeroportuario previsto para octubre, con articulación entre vuelos, tren y colectivos.
- Ingreso diario promedio de 90 personas que buscan radicarse, lo que suma más de 26.000 residentes nuevos por año.
El contraste entre el discurso oficial y lo que se observa en el terreno es, en buena medida, una cuestión de tiempos: mientras el municipio presenta a Neuquén como destino turístico consolidado más allá de la industria hidrocarburífera que sostiene su economía, en el día a día todavía pesan las cuadrículas petroleras, las oficinas de servicios petroleros y el ritmo de una ciudad que creció al compás de la energía y no del ocio. El paseo fluvial es, en ese sentido, la pieza más visible de un intento por reposicionar la marca de la capital y por ofrecer a los visitantes un motivo distinto al purely laboral para quedarse un día más.
Para quien planee visitar la zona, la recomendación de temporada pasa por escapadas en primavera y principios del otoño, cuando las temperaturas son más amables, los días se estiran y los ríos bajan con caudales más estables, ideales para caminatas a la tarde y para combinar con excursiones hacia la cordillera del Chocón o hacia el circuito de los viñedos del Alto Valle. El verano patagónico, con sus tardes de calor intenso y vientos sostenidos, también tiene su encanto, aunque conviene ir preparado para el rigor climático de una meseta que no negocia sus contrastes.
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Santa Cruz Informa