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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

El Bosque de Arrayanes: la península color canela que redefine el paisaje andino-patagónico

A unos 470 kilómetros de Río Gallegos, en Villa La Angostura, un bosque singular crece sobre la península de Quetrihué y puede visitarse por tierra o por lago, siempre bajo las reglas del Parque Nacional Nahuel Huapi.

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Florencia VidalTurismo y ambiente · · lectura 3 min
El Bosque de Arrayanes: la península color canela que redefine el paisaje andino-patagónico

En el sudoeste de la provincia de Neuquén, a poco más de 1.330 kilómetros hacia el norte desde Río Gallegos por la ruta 40 y la 237, la localidad andina de Villa La Angostura custodia uno de los paisajes más singulares del sur argentino: el Bosque de Arrayanes que se extiende sobre la península de Quetrihué, una lengua de tierra que se interna en el lago Nahuel Huapi y que pertenece al Parque Nacional Nahuel Huapi, donde las temperaturas oscilan templadas y húmedas durante buena parte del año, con registros estivales que rara vez superan los 25 grados y un régimen de lluvias que mantiene el suelo saturado incluso en pleno verano.

El protagonista del lugar es el arrayán, conocido por su nombre científico Luma apiculata, un árbol nativo de los bosques templados patagónicos cuya corteza lisa se desprende en pequeñas placas y deja al descubierto una paleta que va del canela al rojizo profundo, pasando por naranjas que cambian de tono según la humedad ambiental y la luz que se filtra entre el follaje, lo que provoca que algunos sectores del bosque parezcan iluminados desde adentro cuando el sol atraviesa las copas a media tarde.

Un ecosistema singular dentro del parque

Aunque la especie aparece de manera dispersa en distintos puntos de los bosques andino-patagónicos, la concentración y el porte que los ejemplares alcanzan en Quetrihué hacen de este enclave un paisaje excepcional, donde los arrayanes conviven con otras especies del bosque andino y forman parte de un ecosistema que rodea la península por sus costas lacustres, un dato que la cartelería del parque Nacional Nahuel Huapi repite en cada ingreso y que los guardaparques subrayan cuando reciben a los visitantes: la rareza no está solo en el árbol sino en la densidad del conjunto.

Cómo llegar y qué esperar

  • Por tierra: el sendero parte desde Bahía Mansa, se interna progresivamente en el bosque y atraviesa distintos ambientes naturales; puede recorrerse a pie o en bicicleta de montaña, según las modalidades habilitadas en cada temporada.
  • Por agua: la excursión lacustre por el Nahuel Huapi permite observar la cordillera, la costa boscosa y la propia península como parte de un mismo panorama, con la posibilidad de combinar el trayecto de ida y vuelta por vías diferentes.
  • Por ruta desde Neuquén capital: se toma la ruta nacional 22, luego la 237 y finalmente la ruta nacional 40, en un recorrido de aproximadamente 470 kilómetros.

La administración del Parque Nacional Nahuel Huapi recomienda mantener la visita dentro de los senderos señalizados, no extraer ningún elemento natural y retirar los residuos generados durante la recorrida; sin embargo, en el terreno lo que suele verse es otra cosa: visitantes que se salen de las trazas señalizadas para tomarse fotografías entre los troncos, algo que las autoridades del área protegida remarcan como una conducta a corregir porque compacta el suelo y daña las raíces más superficiales del arrayán.

“La concentración y el porte que alcanza la especie en Quetrihué hacen del lugar un paisaje excepcional dentro de los bosques andino-patagónicos.”Administración del Parque Nacional Nahuel Huapi

Antes de viajar conviene verificar el estado de las rutas y las condiciones meteorológicas, ya que en invierno y en parte de la primavera la nieve puede afectar el acceso terrestre, y también es recomendable confirmar la disponibilidad de los servicios de navegación, cuya frecuencia varía según la temporada alta o baja del calendario turístico, un dato clave para quienes piensan combinar el recorrido lacustre con la caminata de regreso.

Para planificar la visita, la recomendación de temporada pasa por el otoño y la primera parte de la primavera: en marzo y abril los tonos canela del tronco se intensifican con la luz baja del sol patagónico, y en octubre el bosque empieza a recuperar el verdor del follaje sin la masividad de los meses de enero y febrero, cuando el caudal de visitantes obliga a madrugar para recorrer los senderos con algo de soledad y silencio entre los arrayanes.

FV
Florencia VidalTurismo y ambiente

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