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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

Curazao, una isla del Caribe sur que se recorre con los pies en la tierra, los ojos en el mar y la mesa siempre cerca

A poco más de 7.500 kilómetros de Río Gallegos, la isla propone calas, cuevas, tambú y un ferri gratuito que cruza la bahía de Santa Ana. Aerolíneas Argentinas confirmó vuelos desde el 2 de enero de 2027.

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Florencia VidalTurismo y ambiente · · lectura 5 min
Curazao, una isla del Caribe sur que se recorre con los pies en la tierra, los ojos en el mar y la mesa siempre cerca

A unos 7.500 kilómetros de Río Gallegos, en el tramo sur del Caribe, Curazao aparece como un destino que se entiende mejor cuando se lo camina, se lo navega y se lo prueba, en ese orden. La isla, que pertenece al antiguo royaume de los Países Bajos aunque mantiene una administración autónoma desde 2010, reúne más de 35 playas a lo largo de su litoral y propone circuitos que combinan mar, cuevas y caminos de tierra con una regularidad poco frecuente en la región. Los registros climáticos de la zona marcan temperaturas promedio que rondan los 28 grados durante casi todo el año, con una temporada seca que se extiende desde febrero hasta septiembre, aunque la idea de verano estricto es ajena a un lugar donde la brisa comercial modera el calor casi a diario. En el terreno, sin embargo, esa suavidad aparente esconde intervalos de lluvia tropical que aparecen incluso en los meses menos esperados, un detalle al que conviene prestar atención antes de armar la valija.

El primer escenario ineludible es Willemstad, la capital, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1997 por el conjunto de su casco histórico. A diferencia de los cascos coloniales que proliferan en la región, aquí el ladrudo rojo y el amarillo ocre que la geografía asocia con tierras lejanas son reemplazados por fachadas de madera en tonos pastel, herencia de la arquitectura holandesa adaptada al clima tropical. El organismo internacional pondera el trazado y la escala de los edificios, pero al recorrer las calles se impone una percepción distinta: la ciudad vive, funciona como puerto y conserva un movimiento de gente que va mucho más allá del circuito turístico. El contraste entre el reconocimiento institucional y la vitalidad cotidiana es una de las marcas de la visita.

Cómo moverse sin gastar de más

Para cruzar la bahía de Santa Ana existe un ferri gratuito que conecta ambas márgenes del casco histórico en pocos minutos y que opera muy cerca del puente Reina Juliana, una estructura levadiza que también forma parte del paisaje urbano. La otra opción para pasar de Punda a Otrobanda y viceversa es precisamente el puente, pero el transporte náutico resulta práctico y descarga las calles del tráfico del centro. Quienes prefieran quedarse del lado del Mercado Flotante, donde la oferta llega por vía marítima desde Venezuela, encontrarán frutas, verduras y productos que dan cuenta del vínculo comercial activo con el continente.

Platos, picante y tambú

  • Plasa Bieu reúne puestos que cocinan al momento, con platos típicos a precios accesibles para el viajero.
  • La cocina insular trabaja especialmente pescados, mariscos, carne de res y de cerdo como ejes de la alimentación cotidiana.
  • El picante aparece con frecuencia en las preparaciones locales, por lo que vale la pena preguntar antes de pedir.
  • El tambú, expresión musical de raíz africana que mezcla percusión, canto, palmas y baile, integra la oferta cultural más allá de las playas.

La costa oeste a bordo de un todoterreno

Quienes quieran alejarse del circuito de arena y agua cuentan con la excursión de Curacao Tours, una salida de cuatro horas en vehículos UTV por la costa oeste de la isla. El servicio tiene un costo informado de 240 dólares por persona, permite conducir o viajar como acompañante y se desarrolla bajo la conducción de un guía local. El recorrido combina tramos de ruta con senderos de tierra y se detiene en dos puntos singulares: la Cueva de las Brujas, donde las estalactitas y las estalagmitas dan forma a una red de galerías en la que también habitan murciélagos y pequeños cangrejos cuya protección impide el ingreso de visitantes con calzado inadecuado, y la playa de Kleine Knip, una cala con agua turquesa donde se concede tiempo para bañarse, descansar en reposeras bajo sombrillas y almorzar una barbacoa antes del regreso. En el terreno, la advertencia cobra sentido: la fragilidad del ecosistema subterráneo se nota en los pocos centímetros que separan a las formaciones rocosas de los ejemplares de fauna, algo que el guía se ocupa de remarcar en cada parada.

Cómo llegar desde la Argentina

Aerolíneas Argentinas confirmó la puesta en marcha de la ruta a Curazao el 2 de enero de 2027, con cuatro frecuencias semanales, dos de ellas con escala. La novedad completa un mapa de conexiones que hasta ahora dependía de itinerarios con enlaces en hubs del Caribe, y abre la posibilidad de programar estadías cortas o recorridos de unos pocos días aprovechando la llegada directa dos veces por semana. El dato, difundido por la propia compañía, todavía no fue acompañado por una grilla definitiva de tarifas, aunque en otras aperturas la línea de bandera trabajó con esquemas promocionales durante el primer mes, una variable que conviene seguir de cerca.

Para organizar la visita, la recomendación clásica apunta a los meses que van de abril a julio, cuando el clima se mantiene cálido pero la humedad y la lluvia tropical descienden respecto del cierre del año. Aun así, conviene recordar que el calor y el sol están prácticamente garantizados en cualquier época, así que lo que cambia entre temporadas es la intensidad del viento y la presencia de chubascos cortos. Curazao recompensa al que llega con tiempo: cuatro o cinco días alcanzan para combinar Willemstad, una salida en UTV por la costa oeste y al menos un par de jornadas dedicadas a sus calas más apartadas, con la certeza de volver con la sensación de haber conocido una isla que, sin proponérselo, se distingue del resto del Caribe.

FV
Florencia VidalTurismo y ambiente

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