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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

Antártida desde Ushuaia: la logística que define una expedición al continente blanco

Cómo se planifica un viaje al sur del sur, qué exige el Pasaje de Drake y por qué el clima sigue siendo el verdadero capitán de la aventura.

FV
Florencia VidalTurismo y ambiente · · lectura 5 min
Antártida desde Ushuaia: la logística que define una expedición al continente blanco

A casi mil kilómetros de Río Gallegos, en el extremo meridional de la Argentina sobre el Canal Beagle, la ciudad de Ushuaia se transformó en la puerta de entrada obligada hacia la Antártida para los viajeros que buscan pisar el continente blanco durante el verano austral, una ventana que se extiende entre noviembre y marzo y que concentra la mayor parte de las salidas comerciales. Quien proyecta embarcarse en una de estas travesías descubre rápido que la aventura empieza mucho antes de subir al buque: la logística, la vestimenta, la elección del camarote e incluso la actitud con la que se acepta lo inesperado terminan definiendo la experiencia tanto como los glaciares y los pingüinos que se verán a bordo.

Teo Gounaris, director general de Antarpply Expeditions, resume la primera regla con una frase que repite a cada pasajero: hay que llegar a Ushuaia uno o dos días antes de la fecha de embarque. No se trata de un consejo turístico sino de una necesidad operativa. Un vuelo demorado por el clima patagónico o por una conexión fallida en Buenos Aires puede dejar al viajero sin posibilidad de abordar, ya que el barco zarpa y la próxima salida quizá esté a varias semanas de distancia. Esa misma imprevisibilidad se replica, en otro orden, con el Pasaje de Drake, el corredor de mar abierto de unos ochocientos kilómetros que separa el extremo sur americano de la Península Antártica y al que la navegación se refiere con una mezcla de respeto y resignación, porque en esa franja las condiciones pueden cambiar de un día para el otro.

Qué se necesita para embarcarse

  • Movilidad suficiente para entrar y salir de las embarcaciones neumáticas Zodiac y para desplazarse sobre costas rocosas, hielo y superficies irregulares, sin que sea imprescindible experiencia previa como explorador o montañista.
  • Ropa por capas que permita ajustar el abrigo a los cambios de temperatura entre el interior del buque, las salidas en cubierta y los desembarcos en tierra, donde el viento puede bajar la sensación térmica varios grados.
  • Un seguro de viaje específico para destinos antárticos que cubra evacuación médica y repatriación, ya que las prestaciones sanitarias habituales no siempre alcanzan para este tipo de travesías.
  • Consultar con cada operador qué elementos de vestuario y equipo están incluidos, porque algunos proporcionan botas impermeables, parkas térmicas y mochilas, mientras que otros exigen que el pasajero los lleve por su cuenta.

La elección del camarote, que a primera vista parece un detalle de confort, también puede condicionar la experiencia del cruce. Gounaris describe que en los sectores bajos y cercanos al centro del buque el movimiento del mar se siente menos, lo que resulta decisivo para quienes saben de antemano que el oleaje les juega en contra. En las cabinas superiores, en cambio, las vistas sobre el agua y los icebergs resultan más directas, aunque las oscilaciones del Drake se perciban con mayor intensidad. Es un contrapunto clásico de la navegación antártica que cada pasajero resuelve según su propio umbral de tolerancia y, también, según la disposición a pagar la diferencia de tarifa.

El Drake, los desembarcos y la fauna

Una vez abandonadas las aguas protegidas del Canal Beagle, el buque enfrenta el tramo del Pasaje de Drake, donde el estado del mar varía de una travesía a otra y donde el equipo de expedición aprovecha las horas de navegación para brindar charlas sobre los paisajes, la fauna, la historia del continente y las estrictas pautas ambientales que rigen las visitas. En destino, Antarpply procura organizar hasta dos salidas diarias de alrededor de tres horas cada una, siempre que el clima, el viento, el oleaje y la presencia de hielo lo permitan. Los Zodiac, esas lanchas neumáticas que cualquier foto de la Antártida evoca, permiten acceder a sectores costeros a los que el buque no puede aproximarse y habilitar caminatas breves, observación de témpanos y acercamiento a glaciares y colonias de fauna.

En el terreno, sin embargo, no todo coincide con la planificación: el recorrido previsto puede modificarse sobre la marcha por razones de seguridad y la decisión final recae en el capitán, una figura cuya autoridad nadie discute a bordo. Durante el verano austral, cuando el deshielo abre nuevas rutas, es posible avistar pingüinos de distintas especies, focas, aves marinas y cetáceos, aunque los encuentros con fauna no estén garantizados y dependan de la ruta, del azar y de la paciencia. Los protocolos son tajantes: está prohibido tocar o alimentar a los animales, deben respetarse distancias mínimas y rigen normas de bioseguridad que buscan evitar el ingreso de especies no autóctonas a uno de los ecosistemas más prístinos del planeta.

“Las decisiones finales corresponden al capitán. El clima en la Antártida no se negocia y los mejores operadores son los que planifican sabiendo que el itinerario es una intención, no una promesa.”Teo Gounaris, director general de Antarpply Expeditions

El buque Ushuaia, la nave con la que opera la empresa, tiene capacidad para 90 pasajeros distribuidos en 46 cabinas y suites, y dispone de espacios comunes como el comedor, una biblioteca, un salón de observación y una sala de conferencias, configurando una infraestructura pensada para mantener viva la experiencia antártica incluso en las horas de navegación más extensas. Para quienes sueñan con este viaje, la recomendación de temporada resulta clara: enero y febrero ofrecen las temperaturas más benignas, la mayor apertura de hielo para los desembarcos y las mejores chances de avistaje de fauna, aunque también concentran la mayor cantidad de cruceros en la Península, un detalle que conviene tener presente al momento de elegir operador y fecha.

FV
Florencia VidalTurismo y ambiente

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