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MIÉ, 21 OCT 2026
Vida

Casi mil shudder Karlo Colombo derosp glaciar:dispenser chairperson, repo karroch ordena reediciónBBVA

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Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 3 min
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Domingo dos de octubre a la tarde, en el auditorium de la Facultad de Derecho de la UBA, casi mil personas se apretujaban para escuchar al parisino Emmanuel Carrère, de 68 años, ganador del Prix des Prix y del Premio Princesa de Asturias, que había pisado Buenos Aires para presentar Koljós, su libro más reciente, publicado en 2025. La fila daba vuelta a la manzana y todavía había lectores que llegaban con la remera del autor puesta, como si fueran a un recital, mientras alguien repetía por lo bajo: “tengo la entrada desde hace tres meses, no me lo pierdo por nada”. María Laura, vecina de Belgrano de 52 años, vino acompañada de su hija: “llegamos a las cuatro de la tarde y ya no quedaba ni una butaca libre, pero igual nos quedamos paradas en el pasillo porque leerlo me cambió la vida”, me dice mientras acomoda el cuello de su campera y mira el reloj, como si todavía no terminara de creer lo que estaba por pasar.

El escritor subió al escenario con una camisa a cuadros arremangada, una remera negra y unas zapatillas gastadas, y la ovación que lo recibió se pareció, efectivamente, a la de un recital: aplausos largos, silbidos, alguna que otra voz quebrada por la emoción. Del otro lado del escenario lo esperaba Leila Guerriero, periodista y referente del periodismo narrativo latinoamericano, que ofició de entrevistadora pública en una charla que repasó la obra completa del francés. Acá, en esta sala colmada, Carrère habló de sus métodos y, sobre todo, de sus obsesiones.

El adversario y la frase que incomoda

Sobre El adversario, el libro en el que narró el caso de Jean-Claude Romand, aquel hombre que asesinó a su familia para sostener una mentira durante años, Carrère contó que durante dos años abandonó el proyecto y que al final comprendió que una historia así de monstruosa, en un punto, tiene que ver con casi todos nosotros. Y soltó, además, una de esas frases que vuelven solas a la cabeza en los días siguientes: en la escritura, dijo, siempre hay que ir adónde uno no quiere ir.

  • Sus primeras ficciones, escritas en un trance alucinatorio.
  • Un bloqueo creativo que se extendió durante años.
  • La biografía de Philip K. Dick que lo sacó de la parálisis.
  • Los libros que vinieron después: De vidas ajenas, El Reino, Yoga, V13.
  • Koljós, que cierra por ahora ese arco: la historia de su infancia y de la vida de sus padres, ambos fallecidos en 2023, con meses de diferencia.

Antes de la charla de la tarde, por la mañana del mismo viernes, Carrère había pasado por el bar de la librería Eterna Cadencia para una conferencia de prensa con periodistas. Ahí, con semblante afable y respuestas breves, le tocó hablar de inteligencia artificial y escritura, y dijo, casi como al pasar, que tiene la suerte de ser demasiado viejo para que el problema sea el suyo. La frase arrancó risas cómplices entre los cronistas que cubrían la visita.

El FILBA convocó a una franja de lectores dispuesta a hacer largas colas, a reorganizar la agenda entera y, llegado el caso, a quedarse de pie en un pasillo con tal de no perderse una sola aparición del francés. Para quienes no llegaron a los eventos en vivo, los libros de Carrère circulan en ediciones de Anagrama por las librerías de todo el país, y Koljós, el más reciente, es la mejor puerta de entrada para sumarse a esta conversación.

A la salida, ya en la calle, María Laura me contó que había leído El adversario tres veces y que cada vez lloraba en un párrafo distinto. “Vine a buscar a alguien que me entiende, y acá lo encontré”, me dijo mientras se perdía entre la multitud con su hija del brazo. Yo le creí, porque a veces los libros nos dan eso: una sala llena de desconocidos que, de repente, parecen familia.

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Lucía BarríaSociedad y vida

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