Brad Pitt en el techo del mundo: el viaje que lo cambió todo (y el disgusto chino que todavía se recuerda)
Repaso, a 28 años de su estreno, de la película que llevó a Hollywood hasta el Himalaya y terminó enredada con Beijing: aventuras, cautiverio, una amistad inesperada con el Dalai Lama y vetos que, con el tiempo, se fueron cayendo.
Soy Nicolás Bahamonde y esta semana me toca volver sobre una de esas películas que, cuando la vi de pibe, me dejó la sensación de que el cine podía ser una ventana a otro mundo. "Siete años en el Tíbet", el filme que Jean-Jacques Annaud rodó en 1997 con Brad Pitt como protagonista, vuelve a circular por las recomendaciones y vale la pena refrescar por qué sigue dando que hablar casi tres décadas después de su estreno.
“No se trata sólo de montañas y nieve: se trata de un hombre que llega al Himalaya buscando gloria y termina encontrándose a sí mismo en los ojos de un niño que va a cambiar el mundo.”Jean-Jacques Annaud
Un austríaco en la cima del mundo
La historia arranca en 1939 y tiene como protagonista a Heinrich Harrer, un alpinista austríaco de la crème de la crème que decide separarse de su esposa —embarazada, claro— para sumarse a una expedición al Himalaya. Hasta ahí, el plan parece el típico de los exploradores de la época: gloria, frío y ego. Pero el mundo le tenía preparada otra cosa: el comienzo de la Segunda Guerra Mundial lo transforma en prisionero, y la aventura deportiva queda relegada a un segundo plano.
- Harrer logra escapar del cautiverio y recorrer el Himalaya por su cuenta.
- En el camino llega a la residencia del Dalai Lama, todavía un niño, y entabla con él una amistad entrañable.
- La película alterna el costado épico de la expedición con la transformación íntima del protagonista.
- En paralelo, se muestra la preparación china para la invasión del Tíbet, que funciona como telón de fondo político.
Cuando Beijing dijo que no
Lo que muchos no recuerdan es que la película no sólo se vio en el living: también se metió en la geopolítica. En 1997, justo el año del estreno, el gobierno chino prohibió la llegada a su territorio de los films de Sony, la distribuidora, y les cerró las puertas del país a Pitt y a Annaud. En el caso de los dos, el veto arrancó como prohibición de ingreso de por vida, algo que en su momento sonó a castigo ejemplar.
Con el paso de los años, las cosas se fueron acomodando. Annaud pudo volver a China en 2012 y hasta filmó allí "El último lobo"; Pitt recién consiguió entrar en 2014. Los vetos, claro, no son eternos, pero dan una idea de la sensibilidad que todavía despierta tocar el tema del Tíbet en la pantalla grande.
Si te copa el cine de aventuras con corazón, "Siete años en el Tíbet" se consigue fácil en plataformas y sigue funcionando: tiene nieve, tiene drama, tiene una amistad improbable y, sobre todo, tiene esas montañas filmadas que parecen sacadas de un sueño. Mi recomendación, si te decidís a verla esta semana, es dedicarle una noche tranquila: son algo más de dos horas, ideal con un buen té al lado, y sin pagar entrada —la encontrás en los catálogos habituales de streaming—.
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