Saltar al contenido
Santa Cruz InformaSanta Cruz Informa ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.542,50 +0,18%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

"Érase una vez en Anatolia": la paciencia como forma de terror

Nuri Bilge Ceylan convierte la búsqueda de un cadáver en una road movie nocturna que dura dos horas y media y obliga al espectador a mirar de otra manera. Está en Filmin.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 4 min
"Érase una vez en Anatolia": la paciencia como forma de terror

Hay una frase que el director turco Nuri Bilge Ceylan repite cada vez que le preguntan por qué sus películas son tan largas y tan lentas, y que a mí me resuena cada vez que las veo: "el cine debería parecerse más a la vida y menos a lo que esperamos que sea la vida". Esa idea, aplicada a un thriller policial, da como resultado "Érase una vez en Anatolia", una película de 2011 que sigue siendo, más de una década después, una de las experiencias más particulares que ofrece el catálogo de Filmin.

La película arranca en una comisaría de pueblo, de noche, en algún punto perdido de la estepa anatolia. Un fiscal, un médico forense y un puñado de policías están a punto de salir a recorrer el campo con el asesino confeso y su cómplice. El objetivo es encontrar el cadáver de la víctima, que los dos sospechosos enterraron cuando estaban borrachos y de cuyo paradero ya no se acuerdan. A partir de ahí, durante casi dos horas y media, lo que vemos es una caravana de autos avanzando por caminos de tierra, deteniéndose en aldeas sin luz, esperando que alguien recuerde algo, y volviendo a partir.

La noche como estado de ánimo

El paisaje turco, filmado en tonos ocres y amarillentos por la cámara de Ceylan y su equipo, funciona menos como decorado y más como un personaje más. Las colinas bajas, los caminos serpenteantes, los pueblos donde la luz parece un milagro técnico: todo está registrado con la paciencia de alguien que sabe que el tiempo, en cine, no es un recurso a economizar sino una materia prima. La noche cerrada en la que se desarrolla la mayor parte del filme no es sólo un momento del día: es el estado de ánimo de un grupo de personas que convive a diario con la muerte y que, justamente por eso, ha aprendido a no mirarla de frente.

Ceylan, que también escribe el guion junto a Ercan Kesal y a la novelista Ebru Ceylan, su esposa, se niega a darle al espectador lo que está esperando. No hay revelaciones, no hay persecuciones, no hay un momento climático que sintetice todo lo anterior. Lo que hay son conversaciones que parecen intrascendentes hasta que de pronto uno se da cuenta de que en ellas se está contando algo mucho más grande: la fragilidad de los vínculos familiares, la culpa que se hereda sin saberlo, el peso de las decisiones tomadas en un segundo y arrastradas durante décadas. La estructura se aleja deliberadamente del policial clásico y se acerca, más bien, a la de una crónica rural, casi etnográfica.

Los personajes

El fiscal, interpretado por Muhammet Uzuner, carga con una separación familiar que no termina de resolver. El médico forense, que tiene la cara larga y resignada de Fırat Tanış, lleva un duelo íntimo que se va filtrando en sus diálogos con el resto. Los dos sospechosos, que uno imagina como los grandes antagonistas de cualquier thriller convencional, se vuelven acá dos figuras casi melancólicas, con sus propios chistes malos y sus propias pequeñas tragedias. Hasta el chofer, que apenas tiene nombre en los créditos, tiene su momento de lucidez. Ceylan los trata a todos con la misma dignidad de plano: nadie es accesorio en esta película.

“No se trata de un policial que se estira hasta volverse lento: se trata de una película sobre la lentitud que elige la forma del policial para llegar a otro lugar.”Lectura posible

"Érase una vez en Anatolia" se llevó el Gran Premio del Festival de Cannes en 2011, en una edición donde la Palma de Oro fue para "El árbol de la vida" de Terrence Malick, lo que no es un dato menor: ambas películas comparten una confianza poco frecuente en el tiempo del espectador y en su capacidad de sostener la atención sin que nada explote cada diez minutos. En el circuito de cine de autor, la película se instaló rápido como una de las obras centrales del cine turco contemporáneo y es, probablemente, la mejor puerta de entrada para quien no haya visto nunca nada de Ceylan.

Yo vengo recomendando esta película desde que la vi por primera vez, y siempre aclaro lo mismo: no es para cualquier noche. Si lo que uno quiere es un thriller que lo mantenga al borde del asiento, mejor elegir otra cosa. Pero si lo que uno necesita es sentarse frente a la pantalla y dejarse llevar por una mirada que no apura nada, que confía en los silencios y que entiende la noche como algo más que la ausencia de luz, entonces esta es una cita obligada. Está disponible en el catálogo de Filmin, se puede ver desde Argentina con suscripción, y dura dos horas y media que, créanme, no se sienten largas: se sienten necesarias.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo