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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Un nene de nueve años, una pantalla y la pregunta que nadie quiere responder: hasta dónde llega el comentario en redes

Toto tiene nueve años, acaba de debutar en MasterChef Junior y se quebró al leer los mensajes que le dejaron en Instagram. Lo que pasó en el primer episodio, lo que dijo su mamá y por qué vuelve a quedar en el centro un debate incómodo sobre los menores y la televisión.

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Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 5 min
Un nene de nueve años, una pantalla y la pregunta que nadie quiere responder: hasta dónde llega el comentario en redes

"Me están heateando y la verdad que me está afectando mucho". La frase la dice él, mirándola fijo a la cámara, con los ojos húmedos y una vocecita que todavía le cambia de tono de una palabra a la otra. Tiene nueve años, se llama Toto, y la semana pasada debutó en MasterChef Junior, el formato que hasta ahora conocíamos por su versión grande y que ahora metió a chicos de esa edad en la misma cocina donde los adultos suelen pasarla mal. Yo lo vi y me quedé un rato en silencio, porque la escena no es la de un concursante defendiendo un plato: es la de un nene que se entera, en tiempo real, de que una parte del país está enojada con él.

Para entender lo que pasó hay que retroceder al primer episodio, que se emitió esta semana y que en lo mío se vio completo, con el living a oscuras y la perra dormitando a los pies del sillón. El reality, como ya se sabe, divide a los participantes en equipos y les pone tareas en conjunto. En uno de esos equipos cayeron Toto y Ámbar, los dos de nueve. Cuando los jurados les marcaron errores en la hamburguesa que habían presentado, el chico dijo que la preparación había sido de ella. Ámbar se quebró en cámara, explicó que tenía miedo de quedar eliminada y se armó un revuelo en las redes que todavía no terminó de apagarse.

"Acá detrás hay una persona"

Eso le dijo Toto a la audiencia en un video que grabó él mismo y que se subió a la cuenta oficial que la producción le administra, porque él todavía no tiene acceso a sus propias redes. "Yo ya le pedí disculpas a Ámbar -cuenta, mientras se le quiebra la voz-, pero si no se hizo público, me gustaría pedirle disculpas ahora. Acá detrás hay una persona", agrega, y hace un gesto con los dedos para señalar que él es bastante más que un corte de dos minutos en un programa de cocina.

“Me están heateando y la verdad que me está affecting mucho. Yo ya le pedí disculpas a Ámbar, pero si no se hizo público, me gustaría pedirle disculpas ahora. Acá detrás hay una persona.”Toto, participante de MasterChef Junior

Lo que contó la mamá y lo que la televisión no mostró

Después del video del nene habló la madre, desde la misma cuenta, y se encargó de poner en contexto lo que se vio en pantalla. Explicó que Toto quiso ver la repercusión de su debut, que abrió Instagram esperando mensajes lindos y que se topó con lo que se topó. "Me pidió enviar ese mensaje", escribió. Y agregó un dato que cambia bastante la lectura: el nene tiene Altas Capacidades Intelectuales (AACC), una condición que, sumada a los nervios propios del debut, influyó en cómo reaccionó frente a las cámaras. También dijo que, terminado el programa, él se acercó a darle un abrazo a Ámbar mientras ella lloraba y le dijo palabras lindas, algo que, según la madre, el ciclo no mostró. Confirmó, además, que ya le había pedido disculpas en privado antes de que el episodio saliera al aire.

Yo, mirándolo desde mi lugar de espectador y un poco también desde el de viejo que ve televisión con el celu al lado, creo que lo que se está discutiendo acá no es si Toto dijo algo fuera de lugar o si Ámbar lloró más o menos. Eso ya lo dirá el programa y, sobre todo, lo irá diciendo el paso de las semanas. Lo que me cuesta digerir es que un pibe de nueve años termine leyendo, en una pantalla pensada para dibujitos y para fotos de cumpleaños, mensajes escritos por adultos que ni siquiera se toman un segundo para pensar a quién le están escribiendo.

El propio formato MasterChef ya tiene una historia conocida de escenas donde alguien queda expuesto frente al país. Lo que cambia ahora, y me parece que ahí está el nudo de la cuestión, es que del otro lado de la cocina no hay un adulto dispuesto a bancarse el escarnio público como parte del juego, sino chicos que están empezando a entender, justamente, qué significa aparecer en televisión. Decir "che, pará, tiene nueve años" no es una bajada de línea moralista: es la mínimaempatía que uno le puede pedir a un país que se enoja por WhatsApp pero se olvida de que del otro lado hay una persona que todavía está aprendiendo a leer.

¿Hasta dónde llega el comentario en redes?

Esa es la pregunta que, para mí, sobrevuela toda esta historia. Opinar sobre un programa de televisión es una cosa, y hacerlo con ganas, además, es casi un deporte nacional. Otra cosa, muy distinta, es descargarse con un nene que acaba de pararse frente a una cámara por primera vez y que ni siquiera administra la cuenta donde le llegan los insultos. La madre de Toto fue clarísima al describir cómo reaccionó él: quiso ver comentarios lindos y se encontró con un paredón. La frase "acádetrás hay una persona" debería quedar flotando un rato, porque se la podría firmar cualquiera de los miles de adultos que pasaron por un reality en este país y se comieron, sin un networks de contención, exactamente lo mismo.

Si me preguntan a mí, lo más sano que puede pasar con esta historia no es que Toto gane o pierda el concurso, ni siquiera que el rating de MasterChef Junior suba o baje en el próximo episodio. Lo más sano sería que, como sociedad, empezáramos a discutir en serio qué lugar le damos a los chicos que la producción pone frente a nuestras pantallas, qué les pedimos y, sobre todo, qué les devolvemos cuando nos sentamos a mirar. Mientras tanto, Toto seguirá siendo un nene de nueve años que quiere cocinar, que le pidió perdón a su compañera y que ahora espera que, al menos esta vez, del otro lado de la pantalla aparezcan mensajes un poco más humanos.

Para tener en cuenta

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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