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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Volar sin que el miedo nos gane de antemano: la mirada de Conrado Estol para poner en perspectiva cada sacudida

El neurólogo repasó cómo la previa del embarque, las turbulencias en cielo despejado y la duración real de los movimientos terminan alimentando la ansiedad; además, explicó por qué el alcohol no ayuda a sobrellevar el vuelo.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 3 min
Volar sin que el miedo nos gane de antemano: la mirada de Conrado Estol para poner en perspectiva cada sacudida

Son las cinco de la tarde y la fila para hacer el check-in serpentea por la terminal. Carla, 52 años, me escribe por WhatsApp para contarme que ya está mareada y todavía no subió al avión. Acá, en Buenos Aires, el miedo a volar muchas veces no empieza cuando el avión despega, sino mucho antes, en la fila del mostrador o en el remise que va hacia Ezeiza. Y de eso se trata, justamente, lo que vino a explicar el neurólogo Conrado Estol: de cómo la anticipación del viaje puede ser tan poderosa como las propias turbulencias.

En su análisis, Estol reconoció que los controles, los trámites migratorios y la preocupación por llegar tarde al aeropuerto suelen quedar asociados a la ansiedad del embarque. También señaló que, en ciertos casos, la claustrofobia puede meterse en la ecuación y transformar la previa en un terreno tan incómodo como el vuelo en sí.

Estadísticas que no alcanzan cuando el cuerpo se acelera

La propuesta del médico partió de una idea que vale la pena repetir: conocer las estadísticas de seguridad no impide que aparezca una respuesta emocional frente a una experiencia que, para muchos, resulta ajena a la vida en tierra. Por eso, en vez de quedarse en los números, sugirió un ejercicio bastante concreto: abrir una aplicación de seguimiento de vuelos y observar cuántos aviones circulan en simultáneo por el mundo. La idea, según contó, es ubicar el viaje propio dentro de un movimiento aéreo que es mucho más cotidiano de lo que imaginamos.

Lo que pasa adentro del avión: turbulencias con y sin nubes

  • Estol distinguió las turbulencias vinculadas con tormentas de las que se producen en aire claro. Por eso, señaló que es perfectamente posible sentir sacudidas aunque desde la ventanilla no se vean nubes ni mal tiempo.
  • Sobre la duración, describió que los episodios fuertes generalmente se extienden durante segundos o unos pocos minutos, aunque quien los atraviesa puede imaginar que continuarán durante horas. Como comparación, propuso prestar atención a los movimientos que se toleran al viajar en tren.
  • En relación con las tormentas, indicó que los pilotos disponen de herramientas para identificar fenómenos meteorológicos y cambiar el recorrido, y destacó el papel de los protocolos de cabina para reducir distracciones durante la operación.

Por qué el alcohol no es un buen copiloto

El neurólogo fue tajante al desaconsejar el alcohol como estrategia para sobrellevar el vuelo: advirtió que puede provocar insomnio y deshidratación, justo lo contrario de lo que alguien quisiera experimentar a diez mil metros de altura. Su planteo de fondo fue más amplio y apunta a lo que muchos sentimos: que el miedo no termine condicionando los viajes, las vacaciones ni las decisiones familiares.

Cuando terminé de repasar sus recomendaciones, volví a mirar el chat. Carla ya está en la sala de preembarque, mirando por el ventanal cómo un Airbus se separa de la manga. Me dice que va a abrir la aplicación de vuelos, esa que recomendó Estol, para ver cuántos aparatos están en el aire ahora mismo. "Saber que no estoy sola allá arriba me calma", me escribe. Y la entiendo: a veces, para que el miedo ceda, alcanza con cambiar la escala a la que miramos el cielo.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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