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SÁB, 17 OCT 2026
Turismo

Una jubilada de Lobos recorre sola la Argentina en un auto reconvertido en casa rodante

Delia Torres dejó de armar tours ajenos para vivir los suyos: lleva cuatro años viajando en una Citröen Berlingo con cocina, cama y baño portátil, desde Las Grutas hasta Iruya. Una historia de paciencia, oficio propio y rutas del norte que todavía le quedan por descubrir.

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Florencia VidalTurismo y ambiente · · lectura 4 min
Una jubilada de Lobos recorre sola la Argentina en un auto reconvertido en casa rodante

Desde Lobos, en el corazón de la provincia de Buenos Aires, hasta Iruya, en el extremo norte salteño, hay unos mil seiscientos kilómetros de ruta si se mide en línea recta, y bastante más si se eligen los caminos de cornisa que Delia Torres prefiere. A sus 63 años, esta mujer que durante décadas organizó circuitos de turismo para otros decidió, en plena pandemia, invertir su experiencia en un proyecto mucho más íntimo: recorrer sola, en su propio auto adaptado como casa rodante, los pueblos argentinos que alguna vez sólo había visto nombrados en los carteles al costado de la ruta.

La idea fue madurando de a poco. En 2019 se había mudado al campo, sobre la Ruta 41, y desde la tranquera veía pasar casas rodantes que jamás imaginó que pudiera tener. Con el aislamiento, los viajes se suspendieron y YouTube pasó a ocupar el lugar de los mapas: ahí descubrió a una comunidad de viajeros que adaptaban vehículos comunes para vivir sobre cuatro ruedas. Sin motorhome y sin presupuesto para comprar uno, la decisión fue práctica: transformar lo que ya tenía, un Renault 11 modelo 1991 que ella misma describes como el auto en el que aprendió a manejar.

Un Renault 11 convertido en vivienda

La transformación fue artesanal y medida con cinta, prueba y error. Sacó la butaca del acompañante para instalar una cama de una plaza con espacio de guardado debajo; en la luneta armó una mini cocina con anafe y bidones de agua; del otro lado, un inodoro químico portátil. Antes de lanzarse a distancias largas, otros viajeros conocidos por redes le recomendaron empezar con trayectos cortos. El bautismo fue en 2021, cuando viajó hasta General Belgrano, a unos cien kilómetros de Lobos, para participar de un encuentro de rodanteros.

“Ahí aprendí la dinámica de los grupos: si alguien tiene un problema en la ruta, puede pedir que el viajero más cercano se acerque a darle una mano, recomendarle un mecánico o un lugar seguro para pasar la noche. Eso te cambia la cabeza cuando viajás sola.”Delia Torres

El primer viaje largo fue a Las Grutas, en Río Negro, sobre el Atlántico y a casi mil kilómetros de su casa: dunas, mariscos y médanos altos donde corre el viento del sudoeste con fuerza de madrugada. Estuvo unos quince días fuera y volvió con la confirmación de que el auto resistía. En 2023 salió hacia Chajarí, en Entre Ríos, y el recorrido se fue estirando solo: Corrientes, Misiones, las Cataratas del Iguazú y el regreso por la costa del río Uruguay, con paradas en Yapeyú y un desvío hasta El Soberbio para conocer los Saltos del Moconá, adonde llegó con niebla y tuvo que esperar al mediodía para que el vapor dejara ver el agua caer entre las piedras.

El norte, la Ruta 40 y un campo de piedra pómez que quedó pendiente

En 2024 llegó el tramo más ambicioso. En caravana con otros rodanteros transitó parte de la Ruta 40, subió a Jujuy y se instaló varios días en Iruya, el pueblo de montaña al que se entra por una quebrada angosta donde el clima cambia en cuestión de kilómetros: calor solícito desde la Ruta 40, hasta que el clima cambia en cuestión de kilómetros: calor sofocante en la base, frío y llovizna fina en el pueblo, y siempre el mismo zumbido de los pájaros que bajan a comer a la plaza principal. Ese tramo duró unos cuarenta días. En Catamarca evaluó llegar hasta el Campo de Piedra Pómez, un altiplano de volcanes apagados donde la temperatura puede bajar diez grados entre el sol y la sombra, pero el auto no respondió en la subida y el viento en contra volvió el intento imprudente. La decisión, cuentan desde el propio circuito de viajeros, fue la correcta.

  • Salir primero a destinos cercanos, a menos de cien kilómetros, para probar el auto adaptado y la rutina diaria de dormir, cocinar y resolver desperectos dentro de la unidad.
  • Aprovechar la red de ayuda entre rodanteros, que funciona por WhatsApp y Facebook, para pedir asistencia mecánica o recomendaciones de pernocte en zonas desconocidas.
  • Llevar siempre un inodoro químico portátil, bidones de agua y una cocina compacta: tres elementos que, según la experiencia de Delia, definen si el viaje es viable o se vuelve un problema en lugares sin servicios.
  • Informarse del clima antes de subir a la Puna o a la quebrada de Humahuaca, donde el viento y la niebla pueden dejar sin visibilidad en cuestión de minutos.

Hoy Delia viaja en una Citröen Berlingo adaptada, un paso adelante en espacio y estabilidad respecto del Renault 11 con el que empezó todo. Planea seguir explorando el norte argentino y completar el recorrido que le quedó pendiente en Catamarca. Quienes la acompañan en la ruta coinciden en algo: la mejor temporada para replicar su itinerario es entre mayo y septiembre, cuando las temperaturas del norte son templadas durante el día, las noches permiten descansar sin aire acondicionado y la fauna del noroeste —cóndores, zorros grises y ñandúes— se deja ver con más frecuencia cerca de los caminos de ripio.

FV
Florencia VidalTurismo y ambiente

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