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LUN, 19 OCT 2026
Vida

Una huella en la sangre que la enfermedad intestinal deja años antes de aparecer

Científicos europeos identificaron cambios inmunológicos detectables hasta una década antes del diagnóstico de Crohn y colitis ulcerosa; en el barrio, los pacientes todavía conviven con la espera y la incertidumbre.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 3 min
Una huella en la sangre que la enfermedad intestinal deja años antes de aparecer

Acá, en la sala de espera del servicio de gastroenterología del hospital público, Marta tiene 52 años y hojea una revista mientras le suenan las tripas. Dice, Marta, que dice: hace más de tres años que vengo con diarreas, con dolores, con un cansancio que no se explica, y recién ahora me dicen lo que tengo. Cuando le pregunto si alguien, en algún momento, le había comentado que podía haber señales previas en la sangre, me mira con cara de descreída: a mí me hubieran sacado una muestra diez años antes, me hubiera ahorrado varios estudios. La escena que describe esta nota es, justamente, esa: un equipo internacional acaba de comprobar que el sistema inmunitario empieza a dar pistas de la enfermedad inflamatoria intestinal mucho antes de que aparezca el primer síntoma.

Qué es la enfermedad inflamatoria intestinal

La enfermedad inflamatoria intestinal, conocida por su sigla EII, agrupa principalmente a la enfermedad de Crohn y a la colitis ulcerosa. Son trastornos crónicos que inflaman distintas partes del aparato digestivo y que se manifiestan con dolor abdominal, diarrea, fatiga, pérdida de peso y, en muchos casos, complicaciones que obligan a tratamientos de larga data o a pasar por el quirófano. En la práctica, el diagnóstico llega cuando la inflamación ya está instalada y, para entonces, el daño en el tejido lleva tiempo haciendo su trabajo silencioso.

El estudio, publicado en la revista Gut y presentado en una reunión de la Sociedad Europea Unida de Gastroenterología, trabajó con dos mil muestras de suero tomadas a lo largo de varios años a quinientas personas, antes de que aparecieran síntomas. Del total, doscientos participantes terminaron siendo diagnosticados con Crohn, otros doscientos con colitis ulcerosa y cien se mantuvieron sanos como grupo de comparación. Para rastrear anticuerpos, los investigadores aplicaron una técnica de secuenciación llamada PhIP-Seq, capaz de interrogar respuestas contra 357.000 fragmentos de proteínas de bacterias, virus, alimentos y hasta del propio organismo.

Las huellas que aparecieron en la sangre

  • En quienes después desarrollaron Crohn se detectó una mayor presencia de anticuerpos contra el virus de Epstein-Barr hasta diez años antes del diagnóstico.
  • También se observaron respuestas elevadas contra las flagelinas, proteínas que forman parte de ciertas bacterias, y esas señales fueron más fuertes en las formas complicadas de la enfermedad o con compromiso del final del intestino delgado.
  • Para la colitis ulcerosa, el perfil fue otro: anticuerpos contra distintos microorganismos y virus, sumados a autoanticuerpos, entre ellos los que apuntan contra una proteína llamada MADD, asociada a procesos inflamatorios celulares.
  • En ambos grupos, la variabilidad de los anticuerpos empezó a crecer alrededor de cuatro años antes del diagnóstico, lo que habla de una reorganización del sistema inmunitario antes de la tormenta clínica.

Los autores aclaran que estos hallazgos no permiten, todavía, predecir quién va a desarrollar la enfermedad ni sostienen que una infección la cause. Lo que muestran es que ciertas respuestas inmunitarias están en marcha mucho antes de que la inflamación se haga visible. Para los investigadores, la pista más interesante es que Crohn y colitis ulcerosa parecen tener trayectorias inmunológicas distintas, aun cuando compartan algunos rasgos, lo que refuerza la necesidad de tratarlas como entidades separadas y no como variantes de un mismo problema.

Vuelvo a Marta, acá, mientras le pasan al consultorio. Me dice, Marta, que le gustaría que en algún momento, en lugar de llegar al diagnóstico cuando ya nada funciona, de tener un análisis que le diga: ojo, esto puede venir. Hoy esa herramienta todavía no existe, pero la investigación que acabamos de repasar deja en claro que el cuerpo, mucho antes de quejarse, ya viene mandando señales. Y que aprender a leerlas puede cambiar, en un futuro cercano, la vida de miles de personas que todavía están esperando, como ella, una respuesta.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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