Mate o agua tibia: el truco del ventilador marca la diferencia en los días de calor
El profesor John Tregoning sostiene que tomar algo caliente puede refrescar el cuerpo, siempre que el sudor se evapore. La humedad y la ventilación pesan más que la temperatura del líquido.
Son las tres de la tarde en una cocina del barrio, el termómetro pasa los treinta grados y, sin embargo, Mabel, 58 años, se sirve un mate como si fuera un día de invierno. Afuera no corre una brisa, el aire está pegajoso y el ventilador gira lento. Lo que ella todavía no sabe es que ese gesto tan argentino —tomar algo caliente en pleno julio— puede jugarle a favor o en contra según el lugar donde se encuentre.
Lo aclara un especialista en bienestar, el profesor John Tregoning: cuando el líquido entra caliente al cuerpo, le suma calor, pero a la vez dispara una mayor transpiración. Si ese sudor logra evaporarse en un ambiente seco y con corriente de aire, el balance final termina siendo refrescante. Si el aire está cargado de humedad o no circula, el sudor se queda sobre la piel, empapa la ropa y el cuerpo retiene calor en vez de perderlo.
Lo que pasa adentro del cuerpo cuando tomamos algo caliente
Cuando una bebida caliente llega al estómago, el organismo registra que subió la temperatura interna. Para defenderse, activa las glándulas sudoríparas. La piel se humedece y, al evaporarse, usa energía térmica del cuerpo, que es lo que finalmente nos baja la temperatura. Por eso Tregoning insiste en un punto clave: la transpiración por sí sola no enfría; lo que enfría es la evaporación de esa transpiración.
- La bebida caliente aporta calor inicial al cuerpo y, como respuesta, estimula más sudoración.
- Si el ambiente es seco y ventilado, el sudor se evapora y se pierde calor: el efecto final es refrescante.
- Si el ambiente es húmedo o sin aire, el sudor se acumula sobre la piel, moja la ropa y el cuerpo gana calor en vez de perderlo.
- El agua fría da frescura inmediata, pero no cambia el mecanismo de fondo: la hidratación manda.
Por qué la humedad y el ventilador pesan tanto
Acá, en pleno centro porteño, cuando el aire ya viene cargado de vapor de agua desde el Río de la Plata, la evaporación se vuelve una tarea casi imposible. Y si encima no hay brisa ni un ventilador moviendo el aire, esa capa de sudor queda pegada a la piel como una sábana caliente. Tregoning lo resume en una idea que conviene grabar: lo que refresca no es la taza, sino el aire que rodea al cuerpo mientras transpiramos.
En la cocina de Mabel, entonces, el mate no es ni bueno ni malo por su temperatura: depende de si hay un ventilador encendido, una ventana abierta o ese patio con algo de sombra donde el aire todavía circula. Si las condiciones están dadas, el mate puede ser un aliado. Si no, mejor pasar al agua fresca y reponer líquido seguido, que es lo que el profesor Tregoning repite como recomendación central: hidratarse siempre, sin importar la temperatura de la taza.
Cuando el sol empieza a bajar y una corriente de aire por fin entra por la ventana, Mabel, 58 años, se sirve otro mate. Esta vez no es un capricho: es que, sin saberlo, eligió el momento exacto en que el cuerpo puede convertir esa caloría extra de la bebida en un alivio real.
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Santa Cruz Informa