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JUE, 05 NOV 2026
Entretenimiento

Un mismo salón de ladrillo blanco recorre dos westerns de Sergio Leone

El decorado que aparece hacia el minuto 52 de "Mi nombre es Ninguno" ya había servido cinco años antes en "Hasta que llegó su hora", con funciones muy distintas.

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Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 2 min
Un mismo salón de ladrillo blanco recorre dos westerns de Sergio Leone

Quien mira con atención "Mi nombre es Ninguno", el western de 1973 con Terence Hill y Henry Fonda, se encuentra con un lugar que parece sacado de otra película, y en realidad es así. El salón que se ve alrededor del minuto 52 es el mismo espacio arquitectónico que Sergio Leone había usado en 1968 para "Hasta que llegó su hora". Yo, la primera vez que lo vi, no lo relacioné con nada, y creo que a muchos espectadores les pasa lo mismo.

Lo reconocés por sus paredes de ladrillo blanco, sus columnas de madera, un balcón elevado y las lámparas colgantes que bajan del techo. Son elementos que aparecen en las dos obras, aunque el espacio fue reconstruido y modificado entre una filmación y la otra.

Del 68 al 73: el mismo salón, otra historia

En "Mi nombre es Ninguno", dirigida por Tonino Valerii, el joven Ninguno interpretado por Terence Hill mantiene una conversación con el pistolero Don John, a cargo de Marc Mazza, en ese salón. Es una escena donde la tensión se mezcla con el humor, propio de una película que se volvió un clásico del spaghetti western por su ironía.

En "Hasta que llegó su hora", en cambio, el mismo edificio es el escenario de una subasta en la que el personaje de Claudia Cardinale pelea por su propiedad bajo la presión de los hombres del villano Frank, encarnado por Charles Bronson. Henry Fonda también forma parte del elenco de esa película.

Por qué se repite el decorado

La explicación está en la producción. Leone produjo ambas películas, y eso explica que el equipo recurriera al mismo decorado. No se trata de una casualidad sino de una decisión de quienes trabajaban con él, y me parece un detalle lindo para quien disfruta de rastrear los guiños entre películas.

Lo más interesante, para mí, es cómo un mismo espacio físico cambia de carácter según la escena. En 1968 el lugar carga con violencia implícita y dramatismo; en 1973 alberga un intercambio cómico entre dos pistoleros. Son registros opuestos dentro de un mismo género, unidos por la figura de un productor que moldeó buena parte del western italiano de esa época.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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