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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Rodillas en el gym: los vicios de técnica que arruinan lo que el músculo protege y cómo arreglarlos en casa

Un estudio reciente en 377 adultos con dolor de rodillas demostró que la fuerza sola no salva a la articulación si los movimientos se ejecutan mal. Acá repasamos los fallos más comunes según una fisioterapeuta y una entrenadora, y las claves para corregirlos sin dejar de entrenar.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 4 min
Rodillas en el gym: los vicios de técnica que arruinan lo que el músculo protege y cómo arreglarlos en casa

Son las siete de la tarde de un martes en un gimnasio del centro y Jorge, 52 años, casado, contador, padre de dos, está por terminar su última serie de sentadillas cuando siente ese pinchazo familiar en la rodilla derecha. Hace un año que convive con la molestia, la misma que lo trae a la consulta cada vez más seguido y que, según acaba de confirmar un estudio internacional, no se va a resolver sólo con repetir la rutina: depende, sobre todo, de cómo se mueva. Acá, en los pesos, en la técnica, parece estar buena parte de la respuesta que los médicos le vienen dando a medias.

Porque la idea de que piernas fuertes equivalen a rodillas sanas tiene sus bemoles, y un trabajo publicado en febrero de 2026 en la revista Arthritis Care & Research lo acaba de poner en negro sobre blanco. Durante dieciocho meses siguieron a 377 adultos con problemas en la articulación y la conclusión fue tajante: el músculo protege hasta donde la postura se lo permite. Cuando la mecánica falla, ni la mejor de las rutinas salva al cartílago. Lo que sigue es el mapa de los errores más comunes según Casey Lee, fisioterapeuta, y la entrenadora que asesoró el estudio, con las correcciones que cualquier vecino puede empezar a probar esta misma semana.

El colapso de rodillas hacia adentro: el clásico que se ve en el espejo

Es, según Lee, el fallo más frecuente y el que más rápido rompe. Se lo conoce como valgo de rodilla y ocurre cuando la articulación se va hacia el centro del cuerpo en lugar de seguir la línea de los dedos del pie. Aparece en sentadillas, en zancadas, en prensa de piernas y, si no se corrige, somete a la articulación a una carga para la que no fue pensada. La pista para detectarlo no requiere ningún aparato: alcanza con colocarse frente a un espejo y mirar si las rodillas se juntan en el descenso. Si lo hacen, la técnica está hablando más fuerte que el peso que uno soporta.

  • Bajar el peso y volver a sentir el movimiento antes de sumar kilos.
  • Mantener las rodillas alineadas con los dedos durante toda la repetición.
  • Activar el glúteo medio con bandas elásticas antes de la serie.
  • Hacer una o dos series livianas de calentamiento como ensayo.

El tobillo rígido: por qué la rodilla paga los platos rotos

La otra pieza del rompecabezas está más abajo de lo que uno se imagina. Cuando el tobillo pierde movilidad, la rodilla empieza a sobrepasar la línea de los dedos en la zancada y el tobillo gira hacia adentro, lo que genera una torsión en la tibia que termina en dolor. Para saber si el problema es propio hay una prueba sencilla que se puede hacer en casa, sin equipamiento: apoyar la punta del pie a unos diez centímetros de una pared e intentar tocarla con la rodilla sin despegar el talón del piso. Si no se llega, hay restricción, y eso obliga a ajustar la mecánica.

  • Acortar el paso en zancadas y caminatas.
  • Cuidar el rango de avance: la rodilla no debe pasar la punta del pie.
  • Sumar movilidad de tobillo con planchas inclinadas o bandas.
  • Consultar a un traumatólogo si la limitación es marcada.

El calzado gastado y la trampa de parar por completo

Hay dos factores que suelen quedar afuera de la conversación y que cambian todo. El primero es el calzado: una suela gastada o un modelo sin soporte adecuado altera la pisada y termina descargando sobre la rodilla lo que el pie debería absorber. Revisarlo cada seis meses, según los especialistas citados en el trabajo, es tan importante como revisar la técnica.

El segundo es el más contraintuitivo: dejar de entrenar cuando aparece el dolor. Lee es categórica al respecto. El reposo absoluto alivia la molestia en lo inmediato, pero debilita los tejidos que sostienen la articulación y aumenta el riesgo de caídas por pérdida de masa muscular. La salida es un plan de recuperación activa que mantenga al cuerpo en movimiento sin castigar la zona afectada.

  • Estiramientos suaves antes y después de la sesión.
  • Trabajo con rodillo de espuma en cuádriceps e isquiotibiales.
  • Sentadilla isométrica contra la pared, dos series de treinta segundos.
  • Ejercicio acuático para ganar fuerza con menor impacto.

Antes de irse, Jorge se acomoda otra vez frente al espejo. Esta vez la serie es liviana, casi sin peso, sólo para ver si las rodillas se van o se quedan. Las cuenta en voz baja, como recomendaron los especialistas, y cuando termina se da cuenta de que algo cambió: el pinchazo no apareció. Nada garantiza que no vuelva a aparecer mañana, pero hoy, en este gimnasio del centro, la mecánica le empieza a ganar al reflejo. Acá, en estas cuatro paredes, la técnica acaba de convertirse en el mejor antiinflamatorio que tiene a mano.

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Lucía BarríaSociedad y vida

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