Peñarol se sacó de encima al campeón con coraza defensiva y un triple que valió oro
El equipo de Mar del Plata arrancó su temporada número 40 en la Liga Nacional con un trabajado 62 a 57 sobre Gimnasia de Comodoro Rivadavia. Pérez Tapia y Jaime cargaron la mochila en la noche de las Islas Malvinas.
Dicen que en Mar del Plata siempre sopla el viento, y anoche en el Polideportivo Islas Malvinas también sopló. Pero del lado que le convenía a Peñarol, que le ganó 62 a 57 a Gimnasia de Comodoro Rivadavia, el campeón defensor, y arrancó su temporada número 40 sin escalas en la elite del básquet argentino como si fuera un viaje en colectivo de los de antes, de los que llegan siempre a horario.
La diferencia fue chica, cinco puntos, pero el sabor que dejó fue enorme. Porque este Peñarol no se parece al de otras noches, cuando se regalaba en los momentos bravos. Esta vez se ató las zapatillas, se arremangó y fue a buscar el partido con la misma cara de lunes a la mañana que pone uno cuando sabe que no puede fallar. Leandro Ramella, el DT, tiene con qué trabajar: un plantel corto pero laburante, de los que transpiran la camiseta.
Los que se pusieron el equipo al hombro
Agustín Pérez Tapia fue la guitarra del partido. Terminó con 16 puntos y cuatro rebotes, siempre tomando los tiros que duelen, los que separan al que juega al básquet del que juega a otra cosa. Detrás de él, Andrés Jaime, el base que parece un relojero fino, firmó 12 puntos y ocho asistencias, y clavó un triple cuando el partido se estaba poniendo en penumbras.
Eran las cinco de la tarde en el reloj de Peñarol: cuatro minutos por jugar, marcador 55 a 49 y una sequía desde los tres puntos que ya daba vergüenza. Diecinueve intentos, un solo acierto. Hasta que Jaime agarró la pelota, la acomodó como quien ordena la mesa, y la mandó a guardar. La hinchada local respiró. Yo, desde la tribuna de prensa, también.
- Pérez Tapia: 16 puntos y 4 rebotes, el faro del equipo en los momentos de niebla.
- Jaime: 12 puntos y 8 asistencias, más el triple que cortó la malaria de larga distancia.
- Basualdo: dos libres en el cierre que valieron un partido entero.
- Ramella: maneja un plantel que compite con lo que tiene, no con lo que le falta.
En el tercer cuarto, cuando el partido estaba hecho un nudo, Peñarol sacó a relucir esa cosa que no se entrena: el oficio. Metió un parcial de 14 a 6, se fue al último descanso 44 a 35 arriba y después aguantó la embestida de Gimnasia con dientes apretados. Los de Comodoro se acercaron a tres, acecharon, pero no pudieron dar el zarpazo.
Y así se cocinó el primer triunfo de una temporada que, como todas las del Peñarol, va a pedir paciencia. Será un equipo que va a transpirar más de lo que va a brillar, pero que en las noches bravas, como la de ayer, va a tener respuestas. Veremos.
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