Mark Hyman y la pregunta del millón: qué hacer (y qué no) cuando el cuerpo empieza a fallar
El médico de familia repasó los hábitos cotidianos que, según su experiencia, sostienen al sistema inmunológico: sueño regular, comida de verdad y manejo del estrés. También dejó una distinción clave para quienes se entrenan: con síntomas leves se baja un cambio; con gripe, se frena.
Son las siete de la mañana en una ciudad que todavía está bostezando y yo, acá, con un café en la mano y la duda de siempre rondando la cabeza: ¿salgo a correr o me quedo en la cama? Porque uno se levanta con esa molestia rara en la garganta, mira el termómetro, no tiene fiebre, y empieza a negociar consigo mismo. Justo esta semana me crucé con una charla que me ordenó un poco las ideas. El médico de familia Mark Hyman, fundador de The UltraWellness Center, pasó por el podcast de la productora Emma Krebs y dejó varias recomendaciones para cuidar el sistema inmunológico sin volverlo una obsesión. Lo más interesante, al menos para mí y para varios de los vecinos con los que hablé, es que su consejo empieza en lo más simple y no en la farmacia.
Hyman arrancó por una obviedad que, a esta altura, a muchos nos cuesta sostener: dormir bien y en horarios parejos. Lo dijo casi de pasada, pero lo sostuvo con firmeza. Para él, el descanso es la base de la respuesta inmune, esa vigilancia que el cuerpo hace todos los días contra virus, bacterias y de todo un poco. Y cuando le preguntaron por los enemigos silenciosos de esa vigilancia, mencionó cuatro que nos suenan familiares: el descanso insuficiente, el estrés que se va acumulando, el sedentarismo y los problemas intestinales. Traducido al lenguaje de acá, lo de siempre: dormir mal, estar a las corridas, no moverse y comer cualquier cosa.
La cocina como primer remedio
Antes de hablar de suplementos, Hyman puso el foco en la mesa. Su propuesta es bastante de abuela, si me permiten el término: preparaciones caseras, ingredientes frescos y, sobre todo, color en el plato. Verduras de distintos colores, alimentos fermentados y fibra prebiótica, a la que describió como comida para los microorganismos del intestino. Y del otro lado de la góndola, una advertencia: ojo con las cantidades industriales de dulces y productos ultraprocesados, que terminan haciendo el trabajo contrario al que uno busca.
- Acostarse y levantarse en horarios parejos, casi como un compromiso con uno mismo.
- Mover el cuerpo todos los días, sin necesidad de volverse atleta.
- Reservar un rato para el manejo del estrés: meditación, yoga o ejercicios de respiración, lo que a cada uno le siente bien.
- Cocinar en casa con verduras de varios colores, fermentados y fibra prebiótica.
- Bajar el consumo de dulces y ultraprocesados, que no hacen ningún favor a las defensas.
Cuando aparecen los primeros síntomas: ¿me muevo o me quedo quieto?
Acá viene la parte que más me hizo pensar, y que creo que a varios de nosotros nos pasa. Hyman separó dos escenarios bien distintos. Si los síntomas son leves, planteó reducir la intensidad: en lugar de la rutina completa, una caminata o un entrenamiento suave. Nada de heroicidades, pero tampoco quedarse tirado en el sillón sin razón. Ahora, si lo que tenemos encima es una gripe de las buenas o un malestar importante, el consejo fue directo: descansar y evitar el esfuerzo. Parece elemental, pero cuántas veces uno va igual al gimnasio con el cuerpo pidiéndole a gritos que pare.
El médico también habló de lo que él mismo consume: enumeró suplementos y preparaciones que usa en su rutina, pero dejó una aclaración importante. Algunas de esas intervenciones, dijo, no están listas para recomendarse de manera general. Es una distinción que a mí, como lectora, me sirve un montón: separa lo que es su costumbre personal de lo que puede transformarse en una pauta para todos.
La vitamina D, con cautela
Sobre la vitamina D, Hyman fue claro: lo primero es medir los niveles, porque las necesidades varían de persona en persona. En la charla se mencionó un estudio publicado en 2022, realizado con registros de Clalit Health Services en Israel, que encontró una asociación entre valores por debajo de 30 nanomoles por litro y una mayor probabilidad de cuadros graves de COVID-19. La palabra clave es asociación, no causalidad: los autores no pudieron afirmar que el déficit fuera la causa, ni evaluaron si tomar suplementos prevenía internaciones o muertes. O sea, sirve como pista, pero no como verdicto.
Cierro como empecé, con el termómetro en la mano y la duda razonable. Roberto, un vecino de 52 años que me cruzó en el ascensor, me dijo hace unos días algo que me quedó dando vueltas: yo antes era de los que iban igual a entrenar con fiebre, hoy aprendí que el cuerpo también pide pausa. Hyman, sin conocerlo, le daría la razón. Dormir, comer bien, moverse cuando se puede y frenar cuando hay que frenar: no parece una receta revolucionaria, pero en esta época del año, en esta ciudad que no para, a veces lo revolucionario es, justamente, parar.
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