La película que Nolan no se cansa de mirar y que en la Argentina todavía se puede ver como si fuera nueva
En una charla con Guillermo del Toro por los diez años de Memento, el director de Oppenheimer reivindicó a La delgada línea roja como una obra mayor de Terrence Malick y reveló cómo esa película de 1998 se le metió en la cabeza y terminó filtrándose, incluso sin querer, en su propio cine.
"Lo que vi en Terrence Malick fue toda una revelación para mí", dice Christopher Nolan en una charla que mantiene viva la sospecha de que las grandes películas no terminan nunca de terminar de ser vistas. La frase la pronunció en un encuentro con Guillermo del Toro por el décimo aniversario de Memento, ese thriller de 2000 que él mismo filmó en septiembre de 1999, apenas nueve meses después de que La delgada línea roja desembarcara en las salas de diciembre del 98. Y lo que dice, con la simpleza que tienen las cosas importantes, es que hay una película de la guerra del Pacífico que le cambió la manera de pensar el cine y, sobre todo, la manera de pensar el tiempo dentro de una película.
Journey to the Line
Pero vayamos por partes, porque la cosa tiene varias capas. La delgada línea roja se estrenó el mismo año que Salvar al soldado Ryan y quedó, en su momento, un poco tapada por el impacto de Spielberg. Después el tiempo fue haciendo su trabajo: hoy es una de esas películas que los directores recomiendan con una convicción casi religiosa, y Nolan no es la excepción. La cinta reconstruye la batalla de Guadalcanal durante la Segunda Guerra Mundial, con una compañía estadounidense peleándose una colina contra los japoneses, y lo hace con una puesta en imagen que mezcla la acción bélica con planos contemplativos y una narración que va y viene por la cabeza de los soldados, no tanto por el campo de batalla. Por eso el inglés la llama poética, y por eso dice que verla en el cine o verla en casa no es, ni por asomo, la misma experiencia.
“Intercala recuerdos y flashbacks con cortes sencillos, no hay transiciones ni fundidos. Hay momentos en Memento en los que el personaje de Guy recuerda a su esposa que están muy inspirados en aquella película.”Christopher Nolan
Esa influencia, según reconoce el propio Nolan, puede que se le haya metido sin querer. Memento se rodó apenas nueve meses después del estreno comercial de la de Malick, así que es muy probable que algo de ese ritmo, de esos cortes secos, de esas idas y vueltas por la memoria del protagonista, se le haya filtrado mientras escribía el guion. Lo notable es que, consciente o no, la huella aparece, y que el propio Nolan la reivindica como un aprendizaje.
Una banda sonora que se roba todas las escenas
Y después está la música, que en esta película pesa tanto como la imagen. Nolan habló específicamente de Journey to the Line, de Hans Zimmer, y la definió, con esa puntualidad que tienen los ingleses para nombrar las cosas, como "la pieza prohibida". ¿Por qué prohibida? Porque, según contó, cuando alguien la usa como música temporaria en el proceso de edición de un film, después resulta imposible reemplazarla por otra. Funciona tan perfecto en esa película que se convierte en una trampa para cualquier montajista. "Es una pieza musical realmente mágica, muy influyente. Se oyen plagios constantemente. Pero funciona a la perfección en esa película", remató.
Después de escucharlo a Nolan, queda una sensación extraña, de esas que deja una buena charla de café: que hay películas que uno tiene pendientes sin saberlo. La delgada línea roja se puede volver a ver, se puede buscar en plataformas, y la verdad es que, como dice el director de Oppenheimer, en pantalla grande es otra cosa. Si tienen la oportunidad de verla en algún cine que la reponga, en una función con butacas cómodas y a una hora razonable, dénse el gusto: vale la pena sentarse dos horas y media a dejarse llevar por esa melodía de Zimmer y por esa manera tan particular que tiene Malick de filmar la guerra como si fuera un sueño largo, húmedo y luminoso. La encuentran en distintos servicios de streaming y, de tanto en tanto, en ciclos de cine clásico. Es de esas películas que premian al espectador paciente.
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