La mermelada de moras silvestres que se cocina en cacerola y se guarda en la heladera: receta paso a paso con manzana y limón
Una preparación casera para untar tostadas, sumar al yogur natural o al queso fresco, con el truco de pasar el puré por un colador de malla fina para retirar las semillas de la fruta
A unos pocos kilómetros de Río Gallegos, cuando el clima del otoño empieza a sentirse en la estepa y los primeros fríos anticipan el invierno patagónico, las moras silvestres que crecen en los márgenes del territorio ofrecen una materia prima ideal para quienes gustan de conservar los sabores de estación en frascos caseros, porque la fauna local —entre la que se destaca el zorro gris que suele merodear los cañaverales en busca de fruta madura— convive con arbustos cargados de pequeños frutos oscuros que, con paciencia y un poco de azúcar, terminan convertidos en una mermelada de textura suave y aroma profundo, muy distinta de las versiones industriales que se consiguen en las góndolas de los supermercados.
La receta que circula entre aficionados a la cocina de aprovechamiento combina moras trituradas y coladas con manzana rallada, jugo de limón y azúcar, y propone una cocción breve, de apenas 30 minutos a fuego medio-bajo en una cacerola común, lo que la convierte en una opción accesible para quienes se animan por primera vez a preparar conservas en casa sin invertir en equipos especiales ni en tiempos largos de hervido.
Los ingredientes y un dato importante sobre las cantidades
Antes de encender la cocina, conviene tener en cuenta una limitación práctica que la propia preparación reconoce: la receta no precisa cuánta azúcar ni cuánta agua se necesitan, como tampoco indica la cantidad inicial de moras, manzanas o limones, y sí ofrece, en cambio, dos referencias de peso durante el proceso que sirven como guía para dimensionar el rendimiento final de la mermelada en el frasco.
- Unos 525 gramos de moras ya trituradas y coladas, que es la cantidad que llega a la olla después del paso por la batidora y el colador.
- Alrededor de 175 gramos de manzana rallada con rallador grueso, pelada antes de incorporar a la mezcla.
- Jugo de limón, cuya cantidad no se especifica y debe ajustarse al criterio de quien cocina.
- Azúcar, también sin precisar, a sumar durante la cocción.
El paso clave: quitar las pepitas con malla fina
El procedimiento comienza con un lavado cuidadoso de las moras bajo agua fría, para luego dejarlas escurrir antes de triturarlas junto con un poco de agua hasta obtener una mezcla uniforme, trabajo que puede resolverse con una batidora de mano o con un robot de cocina según la herramienta disponible en cada hogar, y que en el terreno —donde no siempre hay electricidad estable— muchas veces se reemplaza por un mortero y algo más de esfuerzo manual, algo que contrasta con lo que plantea la receta original pensada para cocinas equipadas.
Una vez obtenido el puré, llega el momento central de la preparación: pasarlo por un colador de malla fina para retirar las semillas, presionando y moviendo la mezcla con un cucharón para que atraviese la malla y se separen las pepitas que pueden resultar molestas al comer, porque son justamente esas semillas diminutas las que diferencian a la mermelada de moras caseras de las versiones comerciales, que suelen llegar filtradas y con una textura casi homogénea.
Con el puré ya limpio, se suma la manzana rallada, el jugo de limón y el azúcar en una cacerola, y se lleva a fuego medio-bajo durante 30 minutos, con movimientos ocasionales para evitar que la mezcla se pegue al fondo, un detalle simple pero determinante para que el resultado final no adquiera ese sabor tostado que arruina muchas preparaciones hogareñas cuando se descuida la agitación constante sobre la llama.
Al finalizar la cocción, la mermelada se reparte en frascos limpios, se deja enfriar a temperatura ambiente y se guarda en la heladera hasta el momento de consumirla, ya sea para untar sobre tostadas en el desayuno o la merienda, para sumar a un yogur natural, para acompañar un queso fresco o, como sugieren algunas variantes, para incorporarse a una tarta de queso que gana en color y en sabor con el contraste ácido del limón y la profundidad de la fruta silvestre.
La temporada recomendada para preparar esta mermelada coincide con el momento de mayor maduración de las moras en la Patagonia austral, es decir, los meses que preceden al invierno, cuando el clima empieza a mostrar sus primeras heladas y la naturaleza cierra un capítulo del año con estos pequeños frutos oscuros que, bien trabajados, pueden acompañar tostadas, yogur y queso fresco durante muchos meses en la heladera, como una forma de guardar el sabor del territorio en un frasco.
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Santa Cruz Informa