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SÁB, 17 OCT 2026
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Hugh Grant estuvo a punto de quedarse con el sillón de Charlie Sheen y se bajó a último momento

Chuck Lorre, creador de "Dos hombres y medio", repasa en sus memorias cómo fue la negociación con el actor inglés, qué ofertó y por qué Ashton Kutcher terminó siendo el reemplazo perfecto.

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Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Hugh Grant estuvo a punto de quedarse con el sillón de Charlie Sheen y se bajó a último momento

"La televisión funciona así: mientras un actor se pelea con el programa, los teléfonos de los productores arden". La frase, lejos de ser de Chuck Lorre, la repito yo cada vez que recuerdo este tipo de historias que parecen sacadas de una sitcom y que, sin embargo, terminaron marcando a fuego la historia de la televisión. Lo que acaba de revelar Lorre en el adelanto de su libro de memorias "Sitcom" tiene todos los condimentos de una comedia con público en vivo: dinero, plazos, egos, una decisión de último momento y, claro, un final con un protagonista inesperado. Porque cuando Charlie Sheen dejó "Dos hombres y medio" a mediados de 2011, el sillón de la comedia más vista de la CBS se quedó vacante, y el primer candidato que la producción tuvo enfrente no fue Ashton Kutcher ni ningún actor americano de moda, sino el inglés Hugh Grant.

Para dimensionar el asunto hay que situarse en aquel momento. Eran los Estados Unidos de la temporada 2010-2011, "Dos hombres y medio" promediaba más de trece millones de espectadores por emisión y acababa de consagrarse como uno de los comedias más rentables de la cadena, atravesada además por el escándalo mediático derivado de los problemas de adicción de su estrella. En ese contexto, Chuck Lorre y su socio histórico Lee Aronsohn se sentaron con Grant, le escribieron un par de escenas de prueba, le mostraron cómo sería su personaje y, sobre la mesa, dejaron una oferta que cualquier agente discute con la almohada: 750 mil dólares por episodio y una semana laboral de cuatro días.

El miedo escénico que nadie esperaba

Hasta acá, todo parecía encaminado. Pero entonces apareció un motivo que los productores sinceramente no tenían en el radar. Grant, según reconstruye Lorre en sus memorias, sostuvo que el formato de las sitcoms filmadas frente a público le provocaba un miedo escénico real y genuino. Para cualquiera que haya visto rodar "Two and a Half Men" en los años dorados, la diferencia con una ficción europea es enorme: en Hollywood las comedias de situación todavía conservan la vieja tradición del plató con butacas y risas en vivo, algo que genera una presión completamente distinta a la de un set europeo más íntimo y silencioso.

Lorre, que no es de los productores que se achican ante un obstáculo, le llevó una solución concreta: ofrecerle un plató sin público y reír todo en postproducción, con efectos. Era una concesión enorme para un hombre que llevaba décadas construyendo un éxito precisamente sobre el vínculo con la audiencia presente, e incluso así no alcanzó. Porque según el propio Lorre, Grant llegó a tener el contrato preparado, estuvo a un suspiro de firmarlo, pero se levantó de la reunión, se fue y dejó de contestar los teléfonos.

  • La propuesta concreta fue de 750.000 dólares por episodio, con cuatro días de grabación por semana, una franquicia considerada de elite en la industria.
  • El motivo que habría frenado la negociación no fue el dinero ni el rol, sino el miedo escénico que a Grant le generaba actuar frente al público de un plató clásico de sitcom.
  • La contraoferta del estudio fue filmar sin público y sumar risas en la postproducción, algo poco habitual en la comedia de la CBS.
  • Lorre y Aronsohn llegaron a escribir escenas de prueba con Grant en la mesa para mostrarle cómo quedaría el personaje antes de cualquier compromiso formal.
  • Finalmente, el contrato nunca se firmó y Ashton Kutcher tomó el sillón desde la temporada nueve, en septiembre de 2011, hasta la cancelación definitiva del ciclo en febrero de 2015.

A mí, que vengo siguiendo esta historia desde que arrancó como fan de las comedias de Warner, lo que más me llama la atención no es la plata que se manejaba ni el nombre enorme que estuvo cerca: me llama la atención que un actor del calibre de Grant haya dicho "no" en el último minuto, con la lapicera prácticamente girando alrededor del papel. Es un recordatorio de que, en este oficio, a veces el talento más cotizado del mundo se baja de un proyecto por motivos que ningún ejecutivo puede corregir con un Bono de Singing extra. Y que, al final, cuando Sheen se fue, la serie sobrevivió con Ashton Kutcher, un tipo que llegó con la mochila de Twitter, de "That '70s Show" y con el enorme desafío de llenar el hueco que dejaba uno de los actores más populares de la década, y que se mantuvo cuatro temporadas más hasta que la serie bajó el telón en febrero de 2015.

Dicho todo esto, mi recomendación para el lector curioso no va a un teatro, sino a una librería: el libro "Sitcom" de Chuck Lorre todavía no tiene fecha de publicación confirmada en la Argentina, pero ya hay preventa en las grandes plataformas internacionales y se espera que llegue a los estadores antes de fin de año. En cuanto a precio, los anticipos confirman ediciones digitales desde unos quince dólares y ediciones de tapa dura en torno a los treinta, siempre con envío a la Argentina. Quien quiera entender cómo se cocina, se cruje y a veces se rompe una sitcom desde adentro, este parece ser el manual perfecto.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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