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DOM, 18 OCT 2026
Entretenimiento

Helmut Ditsch y la película que nació del duelo más profundo: el hielo como refugio para dos ausencias

El pintor argentino más caro de la historia presenta su ópera prima en el Festival de Cine de Mar del Plata. Rodó durante ocho años por cinco países, financió la película vendiendo sus propios cuadros y la convirtió en homenaje a su madre y su esposa, las dos mujeres que perdió por cáncer de mama.

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Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 5 min
Helmut Ditsch y la película que nació del duelo más profundo: el hielo como refugio para dos ausencias

"El arte es lo único que me queda cuando todo lo demás se va". La frase no es textual de Helmut Ditsch pero bien podría haberla dicho, porque a sus 64 años este pintor austríaco nacionalizado argentino acaba de presentar en sociedad algo que se guardó durante casi una década y que nada tiene que ver con los pinceles: una película. Se llama la noche de su debut cinematográfico, y se va a ver en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata el 6 y 7 de noviembre, en el marco de la 41.ª edición del único certamen de categoría A que tiene Latinoamérica. La cita, para los que estén pensando en ir: las funciones serán en el Teatro Auditorium, con entradas que arrancan en los valores habituales del festival, y la proyección promete convertirse en uno de los momentos más convocantes de la semana marplatense.

La montaña como mapa del dolor

Antes de hablar de la película hay que entender al hombre, y para eso conviene imaginárselo en la Patagonia, donde vive hace años, con la mirada clavada en un glaciar. Ditsch es el tipo que pintó cuadros de hielo y de montañas que se vendieron en subastas europeas por cifras que parecían de otro planeta: el récord lo tiene una obra de casi cuatro metros que se pagó más de un millón y medio de euros, un número que lo convirtió en el pintor argentino más cotizado de la historia. Pero la cifra que le importa a él ahora es otra: la cantidad de kilómetros que caminó para cumplirle una promesa a su esposa. Son 11.000. La distancia que recorrió por los Alpes y los Andes buscando un lugar digno para depositar las cenizas de Marion, su compañera, que murió en 2009 a los 35 años por un cáncer de mama, la misma enfermedad que se llevó a su madre Inge cuando ella tenía 33.

Esa búsqueda, que empezó como un peregrinaje íntimo y terminó como un rodaje de ocho años, es el corazón de la película. Ditsch no se animaba a filmar lo que le pasaba hasta que se le aclaró la imagen: el lugar que buscaba tenía que ser una obra de arte, y la única manera de construir esa obra era con una cámara. Así, fue armando un guion, eligiendo locaciones, vendiendo cuadros para financiar cada etapa. El presupuesto arrancó en tres millones de euros y terminó cerca de seis, todo puesto por él con el dinero de sus propios óleos. La primera tela de gran formato que pintó después de la muerte de Marion fue hecha expresamente para la película y quedó registrada desde el lienzo en blanco hasta la firma final, como un documento vivo del renacer.

Cenizas al salar de Uyuni

La película recorre cinco países y se nota. Ditsch y su equipo pasaron por Malta, Cerdeña, Viena, los Alpes, Tenerife y el salar de Uyuni, ese desierto blanco de Bolivia que parece de otro planeta y que funciona como escenario natural de una historia que habla, justamente, de cosas de otro planeta: el duelo, la memoria, la fugacidad de todo. El título lo dice casi con descaro: "El hielo y la eternidad transitoria". La imagen del hielo, que Ditsch viene pintando hace décadas, aparece acá como metáfora de lo que se derrite, de lo que se va, de lo que solo existe un rato antes de cambiar para siempre. Y la eternidad transitoria es lo que él construyó alrededor de las dos mujeres que perdió: un paisaje cinematográfico que les da cobijo aunque no puedan habitarlo.

“Si no dirigía yo la película iba a salir otra cosa.”Helmut Ditsch

La frase la dice él mismo, en off, en algún tramo del filme, y resume una decisión que fue tan práctica como emocional. Ditsch había pensado en contratar a un actor para el papel principal, pero un colega de la industria le hizo notar lo evidente: nadie más podía cargar con ese personaje. Entonces se puso él frente a la cámara, escribió el guion, lo produjo y, cuando la historia se le puso densa en el tramo más sensible, sumó como codirectora a la pintora Suzy Prauss, a quien considera clave para no perder de vista que la película cuenta la vida de dos mujeres y no solo la de un hombre que las extraña. El alter ego joven lo interpreta Joaquín Berthold, y el rostro que une a la madre y a la esposa en una sola presencia es el de Jeanne Goursaud, una actriz elegida después de un casting largo, buscando en ella los rasgos físicos que Ditsch asocia con las dos mujeres que ya no están.

  • Reparto principal: Helmut Ditsch (protagonista y director), Jeanne Goursaud (la madre y la esposa), Joaquín Berthold (alter ego joven), Suzy Prauss (codirectora).
  • Locaciones de rodaje: Malta, Cerdeña, Viena, los Alpes, Tenerife y el salar de Uyuni.
  • Duración del proyecto: ocho años de filmación y posproducción.
  • Financiamiento: íntegramente propio, con la venta de óleos del propio Ditsch. Presupuesto final: cerca de seis millones de euros.
  • Estreno mundial: 6 y 7 de noviembre en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, 41.ª edición, categoría A. Funciones en el Teatro Auditorium, con entradas desde los valores generales del festival.

Voy a ser honesto, como hago cada vez que me siento a recomendar algo: a mí este tipo de noticias me conmueven de una manera que no puedo disimular. Ditsch no hizo una película para ganar un premio ni para sumarse al circuito de los directores celebrities: hizo una película para poder seguir viviendo, y eso se nota en cada uno de los planos que trascendieron de este proyecto. Que haya elegido Mar del Plata para el debut mundial dice mucho, porque no recurrió a un festival europeo con alfombra roja sino a un festival argentino donde el público es exigente y cercano, del que se banca quedarse hasta el final de la función para aplaudir o para preguntar. Si están en Mar del Plata el 6 o el 7 de noviembre dense el gusto: el Auditorium los espera con una de las historias más íntimas que va a dar el cine argentino en mucho tiempo, y la entrada vale cada peso que se pague por verla.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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