El viento de Junín sopla, y a River se le complica el bolsillo
A tres fechas del cierre del Clausura, el Millonario visita a Sarmiento en un partido postergado que se volvió casi una final. La tabla lo tiene afuera de los ocho y a seis puntos de la Libertadores, mientras el nombre de Ramón Díaz volvió a instalarse en la conversación.
A veces uno se levanta, mira el cielo y dice: hoy no pinta para River. El viento de Junín no ayuda, y el fixture tampoco. El equipo de Leo Ponzio, con cuatro victorias y una derrota en sus últimos cinco compromisos, llega a un partido postergado que se transformó en una final antes de tiempo. Y no es metáfora barata: es la cuenta que empieza a quedar corta para los de Núñez.
El Millonario está afuera de los ocho que avanzan al playoff del Clausura y a seis puntos del puesto que otorga el boleto a la Copa Libertadores. Quedan tres fechas para la fase regular y, mientras tanto, la calculadora empieza a ser el accesorio más usado entre los hinchas. Una victoria en Junín mantiene viva la ilusión; un tropiezo la entierra.
El nombre que no se va
Y en medio de la urgencia deportiva, apareció un fantasma con apellido conocido: Ramón Díaz. Después de once años fuera del club, su nombre volvió a sonar con fuerza. El detonante fue una carta firmada por su hijo Emiliano, que dejó vacante el banco de Corinthians para, según sus propias palabras, cumplirle un sueño a su padre.
La dirigencia no descartó la posibilidad y el tema quedó dando vueltas como la pelota en un córner. De concretarse, el regreso del riojano implicaría mover a Ponzio del sillón caliente, justo cuando el equipo parece haber encontrado un ritmo que, sin embargo, no alcanza en la tabla.
El rompecabezas de Ponzio para Junín
- La buena noticia: el regreso de Almada a la titularidad, que le da aire al mediocampo.
- El dilema: definir quién le cede el lugar. Lautaro Pereyra, figura en el último partido, o Galván, dos apellidos que pelean por un cupo en una definición ajustada.
Después de Sarmiento, el calendario le guarda a River un cruce que no necesita presentación: el Superclásico en la Bombonera, programado para el primero de noviembre. Boca, justamente, ocupa el puesto de Libertadores al que el Millonario aspira. Como para no tentarse con el dramatismo: una final que vale doble, con la tabla anual comprometida y el orgullo de siempre en juego.
La pregunta que sobrevuela Núñez es si este River de Ponzio aguanta la presión o si la dirigencia se anima a mover la carpeta con el nombre de Ramón Díaz ya abierta. Los próximos días prometen más ruido que respuestas. Veremos.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo
Santa Cruz Informa