El método ROPA: cómo dos mujeres pueden compartir la maternidad de principio a fin
La técnica combina los óvulos de una con la gestación de la otra y abre un camino reproductivo que muchas parejas descubren tarde. Una especialista y una pareja que atravesó dos embarazos cuentan cómo se arma ese proceso y por qué la conversación previa en casa es tan importante como la decisión médica.
Son las cinco de la tarde en una clínica del centro y, mientras esperamos en la sala de espera, una mujer joven le pregunta a su pareja, con la voz algo bajita, si ya le sacaron sangre para los estudios. La otra le responde que sí, que mañana confirman los resultados. La escena, mínima, resume algo que el consultorio de fertilidad vive cada vez más seguido: dos mujeres organizando, paso a paso, un embarazo que las incluye a las dos. Esa organización, en el caso de las parejas de mujeres, suele pasar por una técnica específica que en la jerga médica se llama ROPA.
Qué es el método ROPA y cómo se hace
Para entenderlo hay que empezar por el nombre. ROPA son las siglas de Recepción de Ovocitos de la Pareja, y el especialista en medicina reproductiva Agustín Pasqualini lo describe como una variante de la fecundación in vitro pensada justamente para que las dos integrantes de la pareja tengan participación corporal. Lo primero que se hace es estimular los ovarios de una de las mujeres para obtener óvulos; esos óvulos se fecundan en el laboratorio con semen de un donante, y el embrión resultante se transfiere al útero de la otra, que mientras tanto recibe una preparación endometrial.
El punto central, y lo que vuelve a esta técnica diferente de otras, es que no hay una única protagonista del embarazo. Una aporta el material genético y la otra lleva adelante la gestación, y esa distribución, lejos de ser automática, se decide en conjunto entre las dos y el equipo médico.
Quién pone los óvulos y quién gesta: una decisión que se construye
- En quien dona los óvulos se miran sobre todo la edad y la reserva ovárica, porque de eso depende la cantidad y la calidad de los óvulos que se pueden obtener.
- En quien va a gestar se revisa el estado de salud general, la historia ginecológica y obstétrica y las condiciones del útero para recibir el embrión.
- Cuando las dos están en condiciones de asumir cualquiera de los dos roles, también pesa cómo imaginan la maternidad: quién quiere vivir el embarazo primero, quién siente que tiene más chances hoy, quién tiene más urgencia por una cuestión de reloj biológico.
“Algunas parejas eligen esta alternativa para participar las dos corporalmente del proceso reproductivo. En otras, la distribución de roles responde además a motivos médicos.”Agustín Pasqualini, especialista en medicina reproductiva
Eso quiere decir, en criollo, que la decisión no se toma de un día para el otro ni en abstracto. Se charla en casa, se consulta con la médica de cabecera, se sacan estudios y, sobre todo, se escucha lo que cada una siente. Acá, en Buenos Aires, cada vez más parejas llegan a esa conversación sabiendo que existe esta opción, pero también con muchas dudas de qué los espera si eligen un rol o el otro.
La experiencia de Pamela y Mariana: dos embarazos, dos hijas, dos mamás
Pamela Visciarelli y Mariana Blanco saben de esto en carne propia. Antes de animarse al método ROPA habían pasado por varios tratamientos que no habían terminado en embarazo y siempre habían sido con óvulos de Mariana, que era quien intentaba gestar. La médica que las acompañaba, Liliana Blanco, les propuso invertir los roles: que Pamela aportara los óvulos y Mariana llevara adelante la gestación. Ellas ya venían conversando sobre el tema en casa, sobre todo por la diferencia de edad: querían que Mariana tuviera primero la experiencia del embarazo, mientras pudiera. La primera transferencia de ese tratamiento terminó en Juana, su primera hija, y dos años más tarde, ya con Pamela como gestante, llegó Eva, su segunda hija. Pamela cuenta que ambos embarazos se lograron en la primera transferencia de cada intento, algo que no es lo habitual y que en su familia todavía se comenta como un pequeño milagro cotidiano.
Pero no todo fue tan lineal como lo cuentan los resultados. Pamela, de 42 años, recuerda que durante el embarazo de Mariana mucha gente no terminaba de entender qué lugar ocupaba ella en esa familia que se estaba formando. Le preguntaban si era la hermana, la amiga, la madrina, y ella volvía a explicar, una y otra vez, que también era la mamá. Esa pedagogía cotidiana, según cuenta, se volvió parte de la rutina: en la calle, en la obra social, en la escuela de Juana, en la salita de espera del obstetra. Por eso, cuando llegó Juana, Pamela sintió que la maternidad dejaba de ser una categoría pendiente para convertirse en algo que podía mostrar con nombre y apellido, aunque a su alrededor todavía faltaran las palabras justas para describirla. Como aquella tarde en la clínica, donde dos mujeres revisan estudios y se reparten, sin saberlo, una pequeña historia que empieza antes del embarazo y termina mucho después del parto.
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Santa Cruz Informa