El Gordis estacionó su primer local de hamburguesas en la esquina más caliente de Palermo
El creador de contenido Federico Perales abrió en El Salvador y Fitz Roy una propuesta que va de smash burgers a una alternativa de pollo, con precios que arrancan en los dieciséis mil pesos y un sistema de pedido por pantalla.
A poco más de dos mil doscientos kilómetros al norte de Río Gallegos, en el corazón del barrio porteño de Palermo, el creador de contenido gastronómico Federico Perales, conocido en redes como El Gordis, materializó un proyecto que venía amasando hace tiempo: Gordis Burger, una hamburguesería propia que desde hace algunos días recibe a los vecinos en la esquina de El Salvador y Fitz Roy, una zona que ya se ganó el apodo de “la milla de las hamburguesas” por la concentración de propuestas similares en pocas cuadras.
La carta es breve y se organiza alrededor de cinco recetas. Las cuatro opciones de carne —la Clásica, la Tasti, la Cuarto y la Bacon— se ofrecen en versiones simple y doble sobre pan brioche, con medallones de estilo smash. La quinta es la Chicken, una alternativa de pollo crocante que se vende en un único tamaño. Todas se pueden comer adentro o retirar para llevar, ya que el local no ofrece reparto desde esa dirección: Perales explicó que la operación de delivery funciona en una cocina separada, fuera del salón.
Precios, ingredientes y la salsa que se paga aparte
- La Clásica, la Tasti y la Cuarto cuestan $16.000 en su versión simple y $22.500 en la doble.
- La Bacon sale $21.500 y $28.000, según sea simple o doble.
- La Chicken, la única opción de pollo, se consigue a $16.000.
- Un recipiente extra de Salsa Gordis suma $1.000 al ticket.
Las diferencias entre las recetas están en los acompañamientos y en las salsas. La Clásica lleva cheddar, pepinos encurtidos, cebolla y Salsa Gordis. La Tasti incorpora tomate y lechuga con una variante de la salsa. La Cuarto suma cheddar, cebolla, ketchup y salsa de la casa. La Bacon, la más completa de la línea de carne, agrega cebolla crocante y bacon glaseado. La Chicken, en tanto, se arma con medallón de pollo crocante, pan con sésamo, cheddar, bacon glaseado, ranch y mostaza con miel.
Detrás del mostrador, Perales diseñó cada receta junto con un chef ejecutivo y eligió personalmente la mezcla de la carne: un cincuenta por ciento de vacío, un cuarenta por ciento de tapa de asado y un diez por ciento de grasa, una composición que persigue el balance entre jugosidad y sabor que suele caracterizar al estilo smash. Para las papas, el sazonado lleva hierbas y especias, en línea con la búsqueda de un perfil propio que distinga a Gordis Burger de las decenas de propuestas que conviven en el barrio.
La experiencia de compra también fue pensada para ordenar el flujo de público, que suele ser intenso en la zona. El local cuenta con pantallas en las que el cliente elige la comida y abona con pago electrónico o tarjeta de crédito, una modalidad que reduce las colas y que ya se volvió frecuente en locales de comida callejera en Chicago y otras ciudades con fuerte cultura de hamburguesa. Quienes prefieran el trato clásico pueden pasar por la caja, con la fila correspondiente. En los mejores días, según contaron desde el equipo de Perales, llegaron a despachar tres mil hamburguesas en una sola jornada, un número que da cuenta del ritmo que maneja el lugar cuando el tiempo bueno —inviernos porteños templados, alrededor de doce grados— invita a comer afuera.
Un año y tres meses para pasar de la pantalla a la cocina
El proyecto nació después de que Perales recorriera durante tres años hamburgueserías para su canal de contenido, probando, comparando y reseñando propuestas. Esa etapa le dejó dos cosas: un archivo de sabores y un diagnóstico de qué le faltaba al mercado. Con esa base se asoció con un empresario gastronómico, encaró la puesta a punto del local durante un año y tres meses y recién cuando las recetas estuvieron afinadas abrió las puertas. “Queríamos que un lugar construido no pareciera improvisado”, resumió Perales ante la consulta de este medio, una definición que condensa la idea de profesionalizar lo que hasta hace poco vivía sólo en la pantalla.
Para quienes se acerquen en los próximos meses, la recomendación de temporada pasa por visitar el local en horario de almuerzo durante los días de semana: la esquina todavía no sufre las colas de los fines de semana ni el calor húmedo del verano porteño, que suele empujar la temperatura por encima de los treinta grados y convierte la espera en la vereda en un castigo. Y si la opción es chicken o carne, vale la pena probar primero una simple: el medallón smash y la Salsa Gordis justifican por sí solos el viaje desde cualquier punto de la ciudad.
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Santa Cruz Informa