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SÁB, 17 OCT 2026
Turismo

El arco triunfal más alto del mundo sobrevive en el corazón de Ciudad de México, a 3.150 kilómetros del sur más austral

Nacido como Palacio Legislativo inconcluso y reconvertido en mausoleo y mirador, el Monumento a la Revolución conserva la osamenta metálica de principios del siglo XX y propone una recorrida que va desde la cimentación original hasta los 65,7 metros de altura.

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Florencia VidalTurismo y ambiente · · lectura 2 min
El arco triunfal más alto del mundo sobrevive en el corazón de Ciudad de México, a 3.150 kilómetros del sur más austral

A unos 3.150 kilómetros hacia el norte de Río Gallegos, en plena Plaza de la República de la alcaldía Cuauhtémoc, se yergue una mole de acero y cantera que el consenso internacional reconoce como el arco triunfal de mayor altura del planeta: el Monumento a la Revolución de Ciudad de México, con sus 67 metros de vértice sostenido sobre cuatro pilares que durante décadas se oxidaron bajo la lluvia y el smog de la capital, hasta convertirse en el emblema urbano que hoy convoca a miles de visitantes por mes.

Lo que el ojo percibe desde la explanada es el resultado de una metamorfosis que atraviesa casi todo el siglo XX. La estructura original se pensó como sede del Palacio Legislativo Federal: la primera piedra se colocó en septiembre de 1910, cuando arreciaban los festejos del centenario de la Independencia y, al mismo tiempo, comenzaba a gestarse la Revolución Mexicana. Las obras se interrumpieron en 1912, cuando los fondos públicos se desviaron hacia el conflicto armado, y el esqueleto metálico quedó abandonado como un fantasma de hierro y mampostería durante más de dos décadas.

Una segunda vida diseñada por Obregón Santacilia

Entre 1933 y 1938, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia asumió el desafío de salvar la osamenta inconclusa y darle un sentido conmemorativo. Conservó la gran cúpula y los cuatro pilares originales, pero les imprimió una estética Art Déco y les adosó grupos escultóricos a cargo de Oliverio Martínez, que representan los cuatro pilares sociales del México moderno: la Independencia, las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Obreras. El contraste con el entorno inmediato es notorio: mientras el Paseo de la Reforma exhibe torres de oficinas y vidrios ahumados, el monumento mantiene el porte masivo y solemne de un palacio que nunca llegó a sesionar.

Qué se puede visitar hoy

  • Museo Nacional de la Revolución, inaugurado en 1986, con ocho salas permanentes y una temporal que recorre el período 1857-1920 a través de documentos, fotografías, banderas e insignias de la gesta revolucionaria.
  • Descenso a los sectores de cimentación del antiguo palacio, una visita guiada que permite tocar el hormigón original de 1910 y dimensionar las dimensiones frustradas del proyecto original.
  • Elevador panorámico hasta el mirador, ubicado a 65,7 metros de altura, con vista de 360 grados sobre el Paseo de la Reforma, el Zócalo a lo lejos y, en días claros, la silueta del Ajusco y el Popocatépetl nevado como telón de fondo.
  • Recorrido por las criptas que funcionan como mausoleo, donde reposan los restos de Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles, Francisco Pancho Villa y Lázaro Cárdenas, figuras clave de la historia contemporánea mexicana.

El contraste entre el discurso museológico y lo que se aprecia en el terreno es, a la vez, elogi

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Florencia VidalTurismo y ambiente

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