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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Eddie Horniman vuelve recargado: la nueva temporada de The Gentlemen lo lleva al límite del poder

La serie de Guy Ritchie regresa con un aristócrata que ya no juega a ser capo: quiere serlo de verdad, y eso tiene un precio que esta segunda entrega no le ahorra. Con nuevos personajes europeos y un salto temporal que cambia todo, la propuesta se oscurece y se vuelve más ambiciosa.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Eddie Horniman vuelve recargado: la nueva temporada de The Gentlemen lo lleva al límite del poder

Lo vi todo, lo filmé todo y no creo en nada de eso. Eso decía alguien en una película de mafiosos, y la frase me quedó rebotando mientras intentaba ordenar qué se siente volver a meterse en el mundo de The Gentlemen, la serie de Guy Ritchie que ahora, con su segunda temporada, parece decidida a dejar de juguetear con el género para meterse de lleno en sus costillas. Porque esta vez no hay lugar para el aristócrata distraído que se caía de sorpresa en el barro del cannabis: Eddie Horniman, el Duque de Halstead al que Theo James le pone cuerpo y mirada de gentleman que dejó de serlo hace rato, vuelve con hambre de poder, con planes concretos y, sobre todo, con una pregunta que la serie se anima a hacerle al espectador de frente: hasta dónde se puede llegar antes de que el camino se vuelva irreversible.

Antes que la trama, el lugar. La primera temporada nos había dejado en los pasillos de una mansión inglesa enorme, con Stanley Kubrick como referencia colgada de la pared y un patio donde se mezclaban los Glass y sus negocios de marihuana legal y no tanto. Acá el escenario se expande: la finca sigue siendo el centro, pero ahora hay que recuperar alrededor, operaciones que empujar fuera del Reino Unido y una mesa de negociación donde se sientan, juntos o enfrentados, la política británica, el crimen italiano nuevo de la temporada y un patriarca, Bobby Glass, que está más ocupado con su despertar espiritual que con adaptar el imperio a los nuevos tiempos. Esa cocina del poder, con su mezcla de códigos nobles y negocios turbios, es el verdadero personaje de la serie, y esta temporada la cocina a fuego más fuerte.

I Wanna Be Your Dog

La segunda entrega arranca con un salto temporal: tres meses antes de encontrar a Eddie malherido, arrastrándose por un campo embarrado, ya integrado al negocio de los Glass y cada vez más cerca de Susie. Ese flashback inicial es la columna vertebral de los nuevos capítulos, porque muestra el recorrido que llevó al personaje hasta ese punto: un aristócrata que ya no quiere el imperio por accidente, sino que busca llevar las operaciones fuera de Gran Bretaña, recuperar tierras alrededor de la finca y moverse con soltura entre el cannabis legal, la política y alianzas con actores del crimen internacional. Theo James le imprime a Eddie una transformación física y de gesto que se nota: la espalda más recta, la mandíbula más dura, la mirada menos atolondrada. Ya no es el muchacho de buenas maneras que se tropezaba con el narcotráfico; es alguien que empieza a entender que sus modales pueden leerse como debilidad y que acumular poder implica, sobre todo, dejar de permitir que otros decidan por uno.

Cambio de ritmo

Uno de los ejes de la temporada es la tensión entre Eddie y Susie con Bobby Glass. El patriarca, más enfocado en su despertar espiritual que en aggiornar el negocio, frena las ambiciones de la pareja y deja en evidencia que el viejo orden tiene sus propios tiempos. Del otro lado, los nuevos personajes del crimen europeo le dan a la serie una textura distinta: el mafioso italiano Marco Moretti, al que Sergio Castellitto le pone el peso de los veteranazos, y su colaboradora Cico Maldini, a cargo de Michele Morrone, aportan una dimensión europea al relato y, sobre todo, una cuota de imprevisibilidad que la primera temporada no tenía. Las alianzas se vuelven más frágiles, los acuerdos más caros y el humor negro de Ritchie sigue ahí, pero ahora al servicio de una pregunta más pesada sobre qué le hace el poder a alguien que, en teoría, no estaba preparado para ejercerlo.

“La transformación recuerda a la de personajes clásicos del género: cuanto más control gana Eddie sobre su entorno, más difícil parece la salida.”crítica de la temporada

Guy Ritchie mantiene los elementos que definieron la primera entrega: el espectáculo visual, la violencia estilizada, el humor de que se tropieza con la calle. Pero los pone esta vez al servicio de una historia sobre el poder y sus consecuencias, con un protagonista que se aleja progresivamente del hombre que era al comenzar la serie. La pregunta que deja abierta esta segunda entrega es incómoda y, justamente por eso, atrapante: ¿hasta dónde puede llegar Eddie Horniman antes de que el costo de ese camino resulte irreversible? Si te gusta el género y no te asustan las series que no te dan respiro, te recomiendo agendarla: los nuevos episodios ya están disponibles en la plataforma que la emite en la Argentina, con maratón ideal para un fin de semana, y el precio depende del plan vigente, que conviene revisar en la web oficial antes de sentarse en el sillón.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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