Dos pueblos fantasmas de Burgos se convierten en el frente de una película sobre la Guerra Civil
Castil de Carrias y Loranquillo, aldeas deshabitadas que el tiempo dejó a medio camino entre la ruina y la poesía, fueron elegidas por los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi para rodar las escenas históricas de "La bola negra".
Hay una frase de Spinetta que me viene cada vez que cruzo un pueblo vacío: "todo lo que queda es el viento". Algo de eso debe haber sentido el equipo de localizaciones de "La bola negra" cuando llegó a Castil de Carrias, una aldea de la provincia de Burgos donde la vida se fue yendo de a poco, casi en silencio, hasta que en 1994 murió Florentino González Sáez, el último vecino. Esa ausencia, esa manera en que el tiempo se acumula sobre las cosas sin que nadie las recoja, fue exactamente lo que buscaban los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi para reconstruir, sin decorados, las escenas ambientadas en la Guerra Civil.
El pueblo que el siglo XX se llevó
Castil de Carrias está a unos diez kilómetros de Belorado y tiene historia documentada desde el siglo XII. A mediados del siglo XIX llegó a tener más de 240 habitantes, una vida rural densa y cotidiana. Después empezó el vaciamiento: en 1950 quedaban 178 personas, en 1970 apenas 59, y a partir de ahí la cuenta fue bajando hasta ese 1994 en que Florentino se fue y el pueblo se quedó sin respiración propia. Hoy sobreviven una escuela, una taberna con botellas todavía alineadas en los estantes, utensilios de cocina dispersos, vehículos oxidados y la iglesia de Santa María, con sus paredes castigadas y señales de deterioro. Es un decorado natural que nadie tuvo que inventar.
A pocos kilómetros aparece Loranquillo, otro núcleo despoblado que fue absorbido por el municipio de Belorado durante los años setenta y que perdió a sus últimos vecinos en la década de 1990. Entre los dos pueblos, más la parada en Quintanilla, hay una ruta de senderismo de unos 22 kilómetros que se puede hacer caminando y que, de a ratos, parece una caminata por una película que ya empezó.
Lo que los directores iban a buscar
La responsable de localizaciones, Clara Salvador, fue la que recorrió la provincia hasta dar con lugares que resolvieran un problema muy concreto: necesitaban edificios parcialmente derruidos para recrear la Guerra Civil, pero sin tener que construir decorados desde cero ni destruir nada una vez terminado el rodaje. El 25 de agosto de 2025 arrancó la filmación, con los dos pueblos cerrados al público mientras duraron las tareas.
“Lo que buscábamos no era solo la imagen de las ruinas, sino la sensación de una vida interrumpida sin que nadie terminara de recoger sus cosas.”Javier Calvo y Javier Ambrossi
Ese detalle, dicen los directores, tiene un lugar preciso dentro de la película: "La bola negra" trabaja sobre la memoria, sobre la violencia y sobre todo aquello que el tiempo va borrando sin pedir permiso. Las botellas todavía en el estante, la cama deshecha, la escuela que ya no suena, el auto que ya no arranca: cada uno de esos objetos es, a su manera, una línea del guion que no hubo que escribir.
- Castil de Carrias: antigua aldea a unos 10 km de Belorado, documentada desde el siglo XII, con más de 240 habitantes en el siglo XIX y sin vecinos desde 1994.
- Loranquillo: núcleo despoblado integrado al municipio de Belorado en los años setenta, con sus últimos habitantes marchados en la década de 1990.
- Rodaje: comenzó el 25 de agosto de 2025, con ambos pueblos cerrados al público durante la filmación.
- Localizaciones: a cargo de Clara Salvador, que recorrió la provincia de Burgos hasta encontrar ruinas ya hechas.
- Ruta turística: el conjunto forma parte de un sendero de 22 kilómetros que suma también a Quintanilla.
Si te copa la idea de caminar entre piedras que tienen historia sin que nadie te apure, te recomiendo la ruta de los 22 kilómetros entre Castil de Carrias, Loranquillo y Quintanilla. No tiene horario fijo ni precio de entrada: se transita de día, con buen calzado, y la entrada es gratuita, aunque siempre conviene consultar el estado del camino antes de salir. La película, cuando se pueda ver, promete algo que se nota cada vez más en el cine que se hace acá y en Europa: la decisión de dejar que los lugares reales hagan el trabajo que antes hacían los decorados. Y la sensación, al salir, de que uno acaba de visitar dos pueblos que ya nadie visitará como antes.
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