Saltar al contenido
Santa Cruz InformaSanta Cruz Informa ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.542,50 +0,18%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Digger, de Iñárritu: Tom Cruise se sube a un escenario para contar el fin del mundo (y el de su propio personaje)

La nueva película del director mexicano cruza crisis climática, sátira capitalista y teatro dentro del teatro, con Jesse Plemons como contraparte clave. Un repaso por el argumento, sus dos planos narrativos y un desenlace que incomoda incluso después de los créditos.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Digger, de Iñárritu: Tom Cruise se sube a un escenario para contar el fin del mundo (y el de su propio personaje)

Vine a esta nota con la sensación de que Alejandro González Iñárritu volvía a meter la cámara donde nadie la esperaba, y la verdad es que no me equivoqué: lo que en un arranque se presenta como la biografía de un magnate termina siendo, hacia el final del primer acto, la historia de un actor interpretando a ese magnate sobre un escenario. Esa vuelta de tuerca es la que sostiene a Digger, la película que une a Tom Cruise y Jesse Plemons en una misma trampa, y la que le permite al director mexicano volver a ese territorio que tan bien conoce, el de las estructuras narrativas que se doblan sobre sí mismas mientras el mundo, afuera, se sigue derrumbando.

Lo primero que conviene aclarar es el dispositivo, porque sin él la película no funciona. Cruise interpreta a un actor que encarna al personaje principal de una producción teatral; esa condición se revela poco después del primer acto y modifica el contexto de todo lo que el espectador venía viendo. La vida del magnate representado sobre el escenario es, dentro de la ficción, el antecedente de la distopía donde efectivamente transcurre la película. Es decir: lo que tomamos por realidad es, en rigor, la función. Y lo que tomamos por función es, en rigor, lo que sostiene económicamente a esa realidad distópica que necesita mascarillas para habitarla.

Plemons, el sobrino que paga la función

Ahí entra Jesse Plemons, y acá el casting importa más de lo que parece. Su personaje es el sobrino de ese magnate-empresario, el que mantiene en pie el imperio familiar mediante la venta de las mascarillas necesarias para vivir en un ambiente devastado. Pero, además, es quien aporta el financiamiento de la puesta teatral en la que se representa la vida de su propio tío. La representación queda así atada, de manera casi obscena, a los negocios que continuaron después de la catástrofe. El arte, en Digger, no documenta ni denuncia al capitalismo que produjo el desastre: lo costea. Y eso, me parece, es lo más filoso del film.

  • Una obra de teatro ocupa el centro de la trama y sostiene la ambigüedad entre lo representado y lo real.
  • La condición de actor de Cruise se revela después del primer acto y cambia el contexto de todo lo anterior.
  • El personaje de Jesse Plemons conecta los negocios de las mascarillas con el financiamiento de la puesta.
  • La propuesta combina sátira de la crisis climática y del capitalismo con una segunda línea sobre cómo una historia se convierte en espectáculo.
  • El desenlace reúne al público de la obra con las condiciones del mundo exterior, incluso después de terminada la función.

El final: aplausos, mascarillas y un corte que duele

El desenlace es la zona donde la película más arriesga, y donde conviene avisar que se viene spoiler. Sobre el escenario se representa la caída y la muerte de Digger, y los asistentes a la función las celebran. Cuando termina la obra, los espectadores abandonan el teatro con sus mascarillas puestas y se desplazan por la ciudad procurando no interferir con el control policial. La fiesta adentro, el Estado afuera, las mascarillas en la cara: la transición es seca, y ahí se nota la mano de Iñárritu, que no le da al público un respiro ni un consuelo. Pero el sonido tampoco se lo permite. Tanto en los últimos pasajes como durante los créditos, la música ofrece momentos de alivio que son interrumpidos de manera abrupta, y ese recurso prolonga la inquietud más allá de la representación teatral, incluso cuando ya abandonamos la sala.

Mi lectura, después de masticar la película un buen rato, es que Digger no se contenta con mostrar un mundo post-catástrofe: lo que le interesa es preguntar de qué manera ese mundo produce las imágenes que necesita para seguir funcionando. El teatro, las mascarillas y el público que aplaude la muerte de su propio pasado reciente son las tres piezas de un mismo mecanismo. Y la pregunta con la que el material de base deja al lector es exactamente la que me llevo yo a la calle: qué preguntas les deja, a ustedes, esa relación entre el escenario y el mundo exterior. Si les piqueó la curiosidad, vayan: la función, por ahora, vale la pena verla en una sala grande, con butacas cómodas y, sobre todo, sin apuro por sacarse las ideas encima al salir. La pantalla grande sigue siendo, en estos casos, el mejor horario y el mejor precio que uno puede pagar.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo