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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Dientes que se pierden, memoria que se gasta: la advertencia silenciosa que muchos adultos mayores esquivan

Una revisión de catorce estudios detectó que perder más de una pieza dental en la vejez eleva cerca de un cincuenta por ciento el riesgo de deterioro cognitivo. Encías inflamadas, boca seca y bruxismo completan un cuadro que, según especialistas, pide controles odontológicos réguliers y no postergados.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 4 min
Dientes que se pierden, memoria que se gasta: la advertencia silenciosa que muchos adultos mayores esquivan

Son las nueve de la mañana y en el consultorio de la odontóloga ya hay tres jubilados esperando turno. María del Carmen, setenta y dos años, retira la revista con la que disimula el hueco que le quedó en la arcada superior tras la extracción del año pasado. Cuenta que dejó de ir al cumpleaños de su nieto porque le incomodaba comer frente a todos. Cuenta, también, que a veces le cuesta encontrar las palabras. Acá, en estos pasillos del centro, la conversación de todos los días es parecida: dientes que se aflojan, encías que sangran, olvidos que aparecen sin avisar. Una revisión reciente publicada en la revista JAMDA y divulgada por Harvard Health Publishing viene a darle nombre clínico a lo que María del Carmen describe como una corazonada. Sus autores revisaron catorce estudios sobre adultos mayores y concluyeron que perder más de un diente en la adultez mayor se asocia con un riesgo alrededor del cincuenta por ciento más alto de deterioro cognitivo y con un veintiocho por ciento más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia. Nosotros, que convivimos a diario con esta población, sabemos que la cifra no hace más que confirmar lo que se intuye cuando un familiar deja de sentarse a la mesa con los demás.

Los investigadores aclararon que se trata de una asociación estadística y no de una relación de causa y efecto. En el medio hay otros factores que pesan: inflamación prolongada, alimentación deficiente, acceso irregular a la atención odontológica, enfermedades previas y hasta el efecto de ciertos medicamentos que resecan la boca. Aun así, la magnitud del dato alcanza para mover el amperímetro de cualquier política sanitaria, sobre todo en un país donde las obras sociales cubren apenas una limpieza anual y los turnos con un especialista se demoran meses.

Encías inflamadas, un riesgo que va más allá de la boca

La gingivitis aparece mencionada una y otra vez en la literatura médica como una inflamación silenciosa que termina haciendo ruido en otros órganos. Los estudios revisados la vinculan con enfermedades cardiovasculares, con obstrucciones en vasos sanguíneos y hasta con accidentes cerebrovasculares. Tampoco aquí se probó una causalidad directa, pero la reiteración de la asociación obliga, como mínimo, a no tratar el sangrado de encías como algo normal de la edad. Cuando la gingivitis avanza sin tratamiento, da paso a la periodontitis, que en etapas avanzadas destruye el hueso y el ligamento que sostienen cada pieza. El resultado suele ser la extracción y, con ella, una cadena de consecuencias que exceden lo estético: masticación limitada, dieta más pobre, retraimiento social y, según los autores de la revisión, un terreno más fértil para el declive cognitivo.

  • Cepillado dos veces por día con pasta con flúor y un cepillo de cerdas suaves.
  • Uso diario de hilo dental o cepillos interdentales para remover la placa donde el cepillo no llega.
  • Limpieza profesional cada seis meses, o con la frecuencia que indique el odontólogo según cada caso.
  • Revisión odontológica inmediata si aparecen encías rojas, hinchadas, que sangran al cepillarse o dientes que se mueven.
  • Consulta rápida ante boca seca persistente, bruxismo con dolor matinal o sensibilidad dental que va en aumento.

Molestias frecuentes que no conviene naturalizar

La sensibilidad dental, el bruxismo y la boca seca comparten un rasgo: aparecen de a poco y muchos adultos mayores las terminan asumiendo como parte del envejecimiento. La sensibilidad suele estar atada a retracción de encías que deja al descubierto parte de la raíz. El bruxismo, el clásico apretar o rechinar los dientes durante el sueño, puede mitigarse con una férula nocturna diseñada a medida, aunque antes hay que descartar otros orígenes que exigen un tratamiento distinto. La boca seca, en tanto, es un efecto secundario habitual de decenas de medicamentos y aparece asociada a diabetes, accidentes cerebrovasculares, alzhéimer y varias enfermedades del sistema inmune. Quien la sufre lo sabe: masticar se vuelve una molestia, tragar cuesta, hablar se vuelve trabajoso y hasta los sabores se aplanan.

Vuelvo a María del Carmen, que al salir del consultorio se acomoda la dentadura removible con un gesto que ya es costumbre. Cuando le pregunto qué haría si pudiera volver atrás, no duda: iría al dentista cada vez que algo le doliera, aunque fuera una molestia chica. Tiene razón. La guía de Harvard Health Publishing coincide en que la mejor herramienta sigue siendo la prevención que se hace todos los días en el baño de casa y la consulta que no se posterga. En un país donde muchas obras sociales cubren apenas una limpieza anual, esa recomendación suena casi utópica, pero es la que más cerca deja a los adultos mayores de una vejez con menos dolores, con más comidas compartidas y, si los estudios no fallan, con la cabeza un poco más lúcida.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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