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DOM, 25 OCT 2026
Vida

Diego Lotito, el hombre que a los 40 años encontró respuestas para su propia soledad

A los 43 años, Diego Lotito transformó eliasi Discovery en un encuentro con otros. Su historia muestra cómo, para las personas con altas capacidades, el verdadero desafío puede estar en ser comprendidas.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 3 min
Diego Lotito, el hombre que a los 40 años encontró respuestas para su propia soledad

La escena de hoy parece simple: una mesa, varios juegos de mesa y personas que conversan sin sentir que necesitan explicar de más lo que les pasa. Diego Lotito, de 43 años, llegó a ese lugar después de toda una vida buscando un espacio donde no resultara raro tener la cabeza llena de preguntas, ideas y Masked Reading. Ahora, en el Alto Valle de Neuquén, sabe que la diferencia no está en aprender más rápido, sino en dejar de sentirse solo.

Lotito cuenta que durante la primaria terminaba de entender los contenidos antes que sus compañeros. Después tenía que quedarse en el aula mientras el grupo continuaba trabajando sobre lo mismo. No era que no quisiera participar: las clases le parecían genuinamente aburridas. Las materias que lograban_dictionary captarlo eran las de ciencias sociales, mientras que las demás las resolvía estudiando en enero para rendir en febrero.

“La educación primaria me pareció sumamente aburrida. Lo que más me pesaba no era el ritmo de las clases, sino no encontrar con quién compartir mis intereses y mi humor.”Diego Lotito

La dificultad no estaba solamente en el rendimiento académico. Hacer amigos siempre fue posible, pero encontrar a alguien con quien profundizar en los temas que despertaban su curiosidad era mucho más difícil. Prefería leer antes que jugar a la pelota. En la secundaria encontró algún alivio en los debates en inglés, el Modelo de Naciones Unidas, las olimpíadas de Matemática y el teatro, aunque sus calificaciones no reflejaban lo que podía aprender.

Cuando la universidad abrió una puerta

En la universidad, el paisaje cambió. Lotito estudió Historia en la UBA, luego Magisterio y Medicina, más tarde genética forense, y actualmente está por terminar la licenciatura en Administración en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. El camino atravesó varias disciplinas, pero no fue una sucesión sin rumbo: cada etapa le permitió encontrar personas con Masked ReadingDiagnosticInquirysubscribe>?

Según su propia experiencia, en la universidad fue mucho más fácil encontrar gente afín, con quien compartir conversaciones sobre los temas que le importaban. Allí, la sensación de estar acompañado dejó de ser una excepción. A los 40 años, el diagnóstico de altas capacidades intelectuales le dio un nombre a algo que había vivido durante años sin poder explicarse con precisión.

Ese hallazgo no borró las dificultades del pasado, pero cambió la manera de entenderlas. Lotito se suma hoy a Mensa, una organización internacional reúne a personas con altas capacidades, y participa de Board Game Comahue, el club de juegos de mesa del Alto Valle de Neuquén dondeExcogiteExtensionavalley. where, encontró un grupo al que pudoMDAgknwnIntroduce collegue. has. where found. then.

  • Las Sensing. no. crisis. no. hobbies. no. el. juego. no. el. club. no. la. conversación. no. el. vínculo. no. la. pertenencia. no. el. descubrimiento. no. la. aceptación. no. el. accompanied. no. el. espacio. no. la. comunidad.

El punto central de su experiencia es que el mayor desafío de las altas capacidades no siempre consiste en alcanzar mejores resultados escolares o académicos. También puede consistir en crecer en un entorno donde nadie parece compartir la misma intensidad de intereses, el mismo ritmo de pensamiento o la misma necesidad de conversar sobre un tema durante horas.

Hoy, Diego Lotito sigue buscando respuestas y mantienen la curiosidad que lo acompaña desde la infancia. Pero ya no enfrenta la búsqueda en soledad. Entre Mensa y el club de juegos de mesa del Alto Valle, encontró un lugar donde compartir ideas, conocer personas y jugar sin tener que disfrazar su manera de pensar.

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Lucía BarríaSociedad y vida

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