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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Denisse González atraviesa dos internaciones por púrpura y elige contarlo en vivo: "Yo no soy la enfermedad"

La ex Gran Hermano reveló cómo le detectaron una baja severa de plaquetas, pasó por cuatro tratamientos y aprendió a nombrar el miedo que sintió en silencio. Una nota íntima sobre salud, exposición en redes y aprendizaje de estar en una sala de hospital.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Denisse González atraviesa dos internaciones por púrpura y elige contarlo en vivo: "Yo no soy la enfermedad"

A veces uno termina una nota y siente que no la arrancó en el lugar correcto. Hoy quiero arrancar con su voz, esa que se volvió masiva en 2022 y que esta semana volvió a sonar, pero desde otro tono: más quieto, más cansado y, por eso mismo, más verdadero. Denisse González lo dijo así, mirando a cámara, con esa manera que tiene de mirarte a los ojos aunque esté hablando con un conductor: "Yo sé que tengo una enfermedad, pero yo no soy la enfermedad". Esa frase, corta y larga al mismo tiempo, es la que mejor explica por qué decidió hablar. Y es la que ordena todo lo que viene después.

Una sala común, una aguja y un número que asusta

Antes de ser noticia por la enfermedad, Denisse ya era noticia por haber estado en la casa más vista del país. Pero el capítulo que cuenta ahora empieza mucho más abajo del estrellato: empieza en un laboratorio de barrio. La Plata, de donde ella salió al mundo televisivo, vuelve a aparecer como escenario, porque la consulta que derivó en la primera internación fue tan simple como escalofriante: "Fui a hacerme un chequeo de rutina y terminé internada", describió ella misma. Lo que tenía que ser un trámite se transformó en una de esas situaciones en las que el cuerpo te avisa algo que la rutina venía tapando.

El cuadro clínico que le diagnosticaron tiene un nombre difícil de pronunciar y, al mismo tiempo, bastante conocido por cualquier adulto que haya leído prospectos de medicamentos o escuchado algún informe médico: púrpura trombocitopénica idiopática, que el doctor Guillermo Capuya, presente en la entrevista, se encargó de actualizar terminológicamente como púrpura trombocitopénica inmune. En criollo, lo que le pasaba es que sus plaquetas, esas células chiquitas que hacen que la sangre coagule, estaban por el piso. Tan por el piso que en el peor momento llegó a tener apenas mil plaquetas, un número que, para alguien que no maneja terminología médica, suena abstracto, pero que en la práctica significa algo muy concreto: una recomendación estricta de no lastimarse, no golpearse y, literalmente, no cepillarse los dientes con la fuerza habitual, porque cualquier mínima lastimadura puede convertirse en un sangrado que el cuerpo no alcanza a detener.

Cuatro intentos y un mes después

Lo que cuenta Denisse es, en buena medida, un recorrido de prueba y error médico. Probó cuatro tratamientos distintos, que es una manera elegante de decir que ninguno le resolvió el cuadro de entrada y que hubo que ir combinando, ajustando, esperando. Lo que ella percibía como avance convive todavía con la incertidumbre de no saber si va a necesitar medicación para siempre. Los análisis pendientes funcionan en su relato como una especie de termómetro emocional: hasta que no salgan, no hay alivio completo, aunque ella, hay que decirlo, se muestra estable y en seguimiento.

Esta nota la escribo pensando en los lectores que ya pasaron los cuarenta y que, a esa altura, empezamos a mirar los chequeos de rutina con otra atención. Cuando Denisse cuenta que bajó a mil plaquetas y que por eso tuvo que dejar de cepillarse con fuerza, no está dando un dato médico aislado: está describiendo una vida cotidiana que se reconfigura alrededor de un número. Por eso, cuando ella insiste en transmitir tranquilidad, también está reconociendo que el miedo existió, y que sigue existiendo un poco. "Los primeros días tuve miedo", reconoció. Y ese reconocimiento es, en sí mismo, una forma de coraje que vale la pena subrayar.

El video en redes y el aprendizaje del hospital

La decisión de hablar no fue un arrebato ni un golpe de efecto. Denisse lo pensó, lo masticó, y encontró en su propio trabajo una razón concreta para contarlo en público: si desaparecía un mes sin decir nada, la explicación iba a ser peor que la explicación misma. Su laburo diario, que es básicamente estar en redes, le exigía un piso de transparencia con su audiencia. Y al explicarlo, terminó haciendo algo que suele quedar fuera del radar de estas notas: entrar en contacto con otras personas que tienen la misma patología y aprender de sus experiencias. Hubo, también, un aprendizaje que atraviesa lo médico y que tiene que ver con el costado humano de cualquier internación.

Si me dejan cerrar con una recomendación práctica, se las tiro como nos gusta tirar las recomendaciones acá: si están en Buenos Aires y les copa la idea de escucharla en primera persona, vale la pena seguirle las historias de Instagram a Denisse, porque ella misma suele anticipar por dónde van sus próximas apariciones. Cualquier comunicado oficial, entrevista en vivo o actualización del tratamiento se mueve primero por ahí. Los horarios cambian según el medio que la convoque, y los espacios suelen ser gratuitos cuando son abiertos al público, aunque algunos estudios televisivos piden inscripción previa en las plataformas de los canales. Por ahora, lo más sensato es estar atentos a susstories y a su canal de YouTube, donde suele subir fragmentos y videos completos de cada aparición. Y, ya que estamos: si tenés turno para un chequeo de rutina en los próximos meses, sacalo. Denisse lo tenía agendado como un trámite y se terminó convirtiendo en el inicio de algo que, por suerte, se está resolviendo bien.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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