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VIE, 16 OCT 2026
Vida

De dos a nueve en una casa: la historia de María Laura, que adoptó a seis hermanos y tuvo un bebé en el medio

La conocía del aula y del hogar donde vivían: cuando les preguntaron cuántos quería adoptar, la respuesta fue "a los seis". Una separación, años de trámites y la frase de los chicos en un recreo cambiaron todo. Hoy son nueve en la mesa.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 5 min
De dos a nueve en una casa: la historia de María Laura, que adoptó a seis hermanos y tuvo un bebé en el medio

Acomodarse en la mesa de esta casa ya es todo un ejercicio de logística. Ahí están Daniel y Milo, los gemelos de 13, peleando el control remoto; Maiara y Lionel, los mellizos que ya transitan los 16, con los auriculares cruzados y la mochila a medio desarmar; Zaira, la del secundario casi terminado; y Daiana, la mayor del grupo, que ya sueña con el primer año de Abogacía. Y en el corralito del living, enganchado a la remera de María Laura, está Nahitan, que todavía no sabe pronunciar la palabra hermano pero los tiene a todos pegados a él. Son siete, todos en la misma casa, y detrás de esa postal hay una historia que empezó hace años, con un aula, un hogar y una decisión que a María Laura, al principio, le parecía inalcanzable.

Una maestra, seis hermanos y un "te elegimos" en el recreo

María Laura es docente. Cuando les tocó pasar por esa puerta, dos de los seis hermanos eran sus alumnos: ella los conocía del grado, los esperaba en la puerta del aula, les revisaba las carpetas, y los visitaba además en el hogar donde los chicos vivían hacía ya cinco años. La posibilidad de adoptar al grupo empezó a instalarse de a poco, como algo que la rondaba y al mismo tiempo la asustaba. "Yo vivía en un departamento chico y la idea de hacerme cargo de seis chicos a la vez me parecía enorme", cuenta hoy, ya con la voz más serena de quien tiene la decisión tomada. La idea también generó ruido puertas adentro: su pareja, que la acompañaba en ese entonces, dudaba de poder bancar económicamente una responsabilidad de esa magnitud, y la relación se terminó enfriando hasta separarse por un tiempo. María Laura arrancó los trámites sola.

El proceso duró años y pasó por varias etapas: idas y vueltas, entrevistas, informes, decisiones. Los chicos, mientras tanto, tampoco estaban seguros de querer ser adoptados. A ellos los habían movido varias veces de institución y la palabra "familia", para estos seis, sonaba más a amenaza que a promesa. Entonces apareció un término intermedio, más tolerable para todos: referente afectivo. María Laura iba al hogar, los sacaba a pasear, los llevaba a merendar, los escuchaba. Y un día, en un recreo escolar, varios de ellos se le acercaron y le dijeron, sin más vueltas: "Te elegimos para ser nuestra mamá". Esa frase, dice, fue la que giró todo. A partir de ahí, los trámites dejaron de girar en círculos y empezaron a orientarse a una convivencia definitiva.

  • Daniel y Milo (13 años), los gemelos, hoy van a una escuela técnica y fueron los que más cerca de María Laura se pusieron desde el primer día.
  • Maiara y Lionel (16 años), los mellizos, estudian en la misma escuela técnica y comparten la lógica del grupo, siempre en dupla.
  • Zaira (18 años) cursa el último año del secundario y se convirtió en una de las manos grandes para el cuidado del más chico.
  • Daiana (20 años), la mayor, fue la cuidadora principal de los hermanos dentro del hogar. hoy estudia Abogacía y dejó en manos de María Laura el rol que ella sostuvo por años.
  • Nahitan, de poco más de un año, es el bebé que nació después de la guarda. Varios de los hermanos le besaron la panza a María Laura antes de que ella supiera el embarazo.
“Son el amor de mi vida. Es la familia que siempre esperé. Siempre quise una familia grande y hoy la tengo unida."”María Laura, mamá de los siete

El bebé que llegó sin ser buscado y la pareja que volvió

Como si la historia ya tuviera suficiente vértigo, María Laura descubrió que estaba embarazada cuando los trámites de adopción estaban cerrándose. Todavía no lo sabía y uno de los gemelos le besó la panza y le dijo, con la naturalidad de los chicos de 13, "hola, bebé". Así fue como se enteró. La llegada de Nahitan, hoy de poco más de un año, reconfiguró todo el mapa familiar: la casa pasó a tener tres dormitorios desbordados, la escuela dejó de ser un tema sólo de los más grandes y los hermanos mayores empezaron a turnarse para darle la mamadera al bebé. "Lo cuidan con un entusiasmo que a mí me llena y me asombra cada día", resume María Laura, que describe a Nahitan como "la frutilla del postre". La pareja también pasó por el medio de la historia: después de la separación, se reencontraron, reconstruyeron el vínculo y hoy él ocupa el rol de padre en la casa. "Acá lo que se cuida no es un papel firmado, es una relación construida", dice María Laura, que ahora participa además de la Asociación Civil Adopten Niñes Grandes, un espacio donde las familias que adoptaron chicos de mayor edad se contienen y se asesoran entre sí.

Los hermanos habían construido entre ellos un bloque muy sólido durante los años en el sistema. La mayor, Daiana, los había cuidado durante todo ese tiempo. Cederle ese rol a otra persona le llevó un proceso propio, un duelo chiquito pero intenso, y María Laura lo sabe. "La más grande tenía que cederme el derecho a cuidarlos. Fue un desafío que ella tuvo que afrontar: dejarme el cuidado de los chicos a mí, de a poco", recordó. Hoy, esa cesión ya está hecha. Daiana se ocupa de Nahitan como una segunda mamá, lo sube al cambiador, lo hace dormir y se pelea con los gemelos para ver quién lo tiene en brazos.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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