El segundo pico respiratorio que golpea a los más chicos: las guardias pediátricas se dispararon un 187% en cinco semanas
El Virus Sincicial Respiratorio vuelve a ser protagonista absoluto de la temporada y los bebés menores de un año son los más expuestos. Mientras tanto, provincia insiste con una vacuna gratuita para embarazadas que puede salvar la primera infancia.
Son las diez de la noche de un martes cualquiera y la sala de espera del hospital de niños parece un pañuelo. Acá, en la guardia, la fila de madres y padres con chicos en brazos se estira hasta la puerta de calle. Una de ellas es Laura, tiene 34 años y llegó con su nene de ocho meses que no para de toser desde el fin de semana. Me cuenta, mientras le pasa un pañal por la frente, que pensó que era un resfrío de los tantos, pero que cuando vio que le costaba respirar lo subió al auto y salió corriendo. A su lado, otra mamá le revisa la temperatura al suyo cada cinco minutos. La escena se repite en casi cada pueblo y ciudad de la provincia, porque los números oficiales son categóricos: en apenas cinco semanas, las consultas pediátricas de guardia por enfermedades respiratorias pasaron de 561 a 1.612 por semana. Eso significa un salto del 187% que a cualquiera deja con la boca abierta.
El dato lo viene repitiendo el ministerio de Salud desde hace varios días y a nosotros nos sirve para entender qué está pasando en este tramo del año. Lo que tenemos delante es un segundo pico estacional que llegó más tarde de lo que suele ser habitual. El primero había ocurrido hacia fines de mayo, en la semana 21 del calendario epidemiológico, cuando se registraron 4.431 atenciones totales de guardia, una ola donde la gran protagonista había sido la influenza. Ahora, en cambio, el que se lleva todos los flashes es el Virus Sincicial Respiratorio, más conocido por su sigla VSR, que es el principal responsable del repunte que estamos viendo en pediatría.
Por qué el VSR preocupa tanto cuando los chicos son muy chiquitos
El VSR no es un virus nuevo ni raro: es un viejo conocido de la epidemiología que se transmite por las gotitas que despedimos al toser o estornudar y también cuando tocamos superficies u objetos contaminados y después nos llevamos la mano a la cara. En adultos y en chicos más grandes, en general, provoca un cuadro parecido al de un resfrío común: congestión nasal, tos y ese malestar general que cualquiera reconoce rápido. El verdadero problema aparece cuando el virus se cruza con bebés y niños pequeños, porque en ellos puede avanzar hacia cuadros mucho más serios que terminan llenando las guardias de hospitales y sanatorios.
- Bronquiolitis: una inflamación de las vías respiratorias más pequeñas que les dificulta seriamente la respiración y que es la causa principal de internación en menores de un año.
- Neumonía: la infección puede bajar a los pulmones y generar cuadros que requieren oxígeno y, en los casos más graves, cuidados intensivos.
- Riesgo concentrado en menores de un año y, sobre todo, en recién nacidos, que son quienes presentan la mayor probabilidad de desarrollar formas graves de la enfermedad.
- Secuelas a largo plazo: las infecciones por VSR en la primera infancia se asocian con una mayor probabilidad de episodios recurrentes de sibilancias y asma durante los años siguientes.
Frente a este escenario, desde la cartera sanitaria provincial salieron a recordar algo que muchas familias todavía no tienen en el radar: existe una vacuna gratuita contra el VSR que está disponible para todas las personas gestantes de entre 32 y 36 semanas y media de embarazo. La idea es bien concreta y tiene una lógica que a mí, cuando la entendí, me pareció de las cosas más razonables que se pueden hacer en salud pública: la dosis le transfiere anticuerpos al bebé antes de que nazca y lo protege durante sus primeros seis meses de vida, que es justamente cuando el riesgo de bronquiolitis y neumonía grave es más alto.
Un comportamiento en dos picos que ya se había visto el año pasado
Lo que más llama la atención es que este patrón de la temporada no es nuevo. En 2024, cuando uno repasa los reportes, ya se había registrado un comportamiento en dos picos durante la temporada respiratoria, con un primer golpe fuerte en el otoño y un segundo repunte hacia el final del invierno y el arranque de la primavera. Por eso, desde los equipos de epidemiología vienen insistiendo en que no hay que relajarse ni siquiera cuando empiezan a subir las temperaturas, porque este segundo coletazo suele pegar con toda la fuerza entre fines de julio y principios de septiembre, justo el tramo del calendario en el que estamos parados.
Mientras tanto, en la sala de espera donde arrancamos esta nota, Laura todavía espera que la llamen. Me mira, se acomoda el nene en el pecho y me dice, con una mezcla de cansancio y alivio, que ojalá le expliquen bien qué tiene y cómo cuidarlo los próximos días. Esa es, en el fondo, la pregunta que se repite acá, en cada guardia, en cada casa con un bebé con fiebre: qué hacer para que estos primeros meses no terminen en un susto. La respuesta oficial es clara y la repiten hasta los pediatras más experimentados: ventilar los ambientes, lavarse las manos seguido, evitar exponer a los recién nacidos a lugares cerrados con mucha gente, y, sobre todo, aprovechar esa vacuna gratuita que está disponible para embarazadas y que puede cambiarles los primeros seis meses de vida al recién nacido. Mientras tanto, las consultas seguirán subiendo y los equipos de guardia, como el que atiende a Laura esta noche, seguirán haciendo lo que mejor saben hacer: ponerse al hombro a los más chicos en el momento más delicado del año.
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Santa Cruz Informa