Cuidar y trabajar: el peso cotidiano que una encuesta puso en números y en nombres propios
Un relevamiento de la Universidad Austral relevó cómo el cuidado familiar impacta en el descanso, los proyectos personales y el empleo. Seis de cada diez cuidadores principales presentan algún grado de sobrecarga y las mujeres aparecen como las más afectadas.
Son las seis de la tarde en una plaza del barrio de Belgrano y Marta, 58 años, se sienta en un banco con un termo bajo el brazo. Acaba de dejar a su madre, 84, en lo de una tía y todavía tiene que resolver la cena, revisar unos mails del trabajo y, si el cuerpo le da, mirar un rato la serie que dejó pausada el martes. "Cuando te toca ser la cuidadora principal, todo lo demás pasa a segundo plano", dice mientras acomoda el termo en el canasto de la bicicleta. "El descanso es lo primero que sacrificás, y ni te digo los proyectos propios". A Marta, que es uno de los miles de casos que retrata un relevamiento reciente, la investigación la describe sin conocerla: la pone en una estadística que duele.
La Universidad Austral difundió los resultados de una encuesta sobre cuidados familiares que vuelve a poner el tema sobre la mesa con cifras concretas. El trabajo se hizo por internet entre octubre de 2025 y abril de 2026 y reunió respuestas de 1.028 personas mayores de 18 años residentes en la Argentina. De ese total, el 20,4 por ciento manifestó que cuidaba a un familiar. Dentro del grupo, la mayoría eran mujeres: el 60,6 por ciento de ellas asumía el rol de cuidadora principal, mientras que entre los varones ese porcentaje bajaba al 44,4 por ciento.
Seis de cada diez con algún grado de sobrecarga
Para medir el desgaste, los investigadores evaluaron a 120 cuidadores principales con la escala de Zarit, un cuestionario validado de 22 ítems que se usa en todo el mundo. El resultado fue categórico: el 60 por ciento registró algún grado de sobrecarga y el 40,8 por ciento alcanzó el nivel intenso, una categoría que el informe consideró que requiere intervención profesional. "No es un mal estar pasajero, es un cuadro que hay que atender", resume la investigadora a cargo del estudio, María Acuña, en diálogo con este portal.
- Dormir lo suficiente: el 54 por ciento de las mujeres cuidadoras dijo que esa responsabilidad le impedía descansar como necesitaba. Entre los varones, la proporción fue del 30 por ciento.
- Tener un proyecto propio: el 44 por ciento de las mujeres afirmó que cuidar limitaba sus proyectos personales. Entre los varones, el porcentaje cayó al 10 por ciento.
- Compatibilizar con el trabajo: el 75 por ciento de quienes cuidaban también tenía un empleo remunerado, pero el acceso a licencias variaba según la modalidad de contratación.
No alcanza con recibir ayuda: importa la calidad
Uno de los datos más llamativos del informe es que la sobrecarga intensa se midió igual entre quienes declararon recibir apoyo y entre quienes dijeron no tenerlo: 40 por ciento en ambos grupos. "Importa la calidad del acompañamiento y no solamente su existencia", sostuvo el documento, que para analizarlo diferenció tres dimensiones: la afectiva, la informacional (consejos, orientación, saber qué hacer ante un imprevisto) y la operativa (la mano concreta para ir a una consulta, cocinar o quedarse con la persona cuidada). A Marta, en la plaza, la lectura le suena conocida: "Tengo hermanos, pero aparezco yo para todo. Que te digan 'avísame si necesitás algo' no es lo mismo que venir un domingo a hacerte el almuerzo".
Licencias para pocos: la brecha entre formales e informales
El relevamiento puso la lupa sobre las herramientas laborales disponibles para compatibilizar el cuidado con un trabajo remunerado. El acceso promedio a licencias y prestaciones, que incluían maternidad, paternidad, enfermedad de un familiar, eventos familiares y guardería, fue del 53,7 por ciento entre los trabajadores formales. En el universo informal, ese promedio bajó al 17,1 por ciento y entre los independientes se desplomó al 9,5 por ciento. Es decir, a igual necesidad, muy distinto derecho.
Sin embargo, la encuesta no se quedó en el costado amargo. El 95,7 por ciento de los cuidadores reconoció al menos un aspecto gratificante de la tarea: el afecto recíproco, los momentos compartidos y los avances de la persona cuidada fueron los más mencionados. Esa valoración positiva convive, en la mayoría de los casos, con noches mal dormidas, proyectos postergados y una carga que sigue recayendo, sobre todo, en las mujeres.
Marta guarda el termo, se levanta del banco y ajusta el canasto. Antes de subirse a la bicicleta, mira hacia la esquina por la que suele venir su madre cuando la pasa a buscar. "Yo no me quejo", dice, y se le nota que un poco sí. "Pero estaría bueno que esto se hable, que se mida, y que no parezca que cuidar es un tema de mujeres que se arreglan solas". La encuesta de la Austral, al menos, ya le puso número a eso que ella vive cada tarde.
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Santa Cruz Informa