Saltar al contenido
Santa Cruz InformaSanta Cruz Informa ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.542,50 +0,18%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Cuatro temporadas, una pregunta: qué hacemos con el tiempo que nos toca

The Good Place, la serie de Michael Schur con Ted Danson, vuelve a poner sobre la mesa los dilemas morales con los que convivimos todos los días, disfrazados de comedia disparatada.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 2 min
Cuatro temporadas, una pregunta: qué hacemos con el tiempo que nos toca

Arrancamos con una frase que se vuelve mantra a lo largo de toda la serie, y que en algún momento alguien le dice a Eleanor Shellstrop cuando todavía no entiende dónde está parada: «Pibas como vos no terminan en lugares como este». Esa pequeña sentencia, cargada de culpa y de ironía, es la puerta de entrada a The Good Place, una comedia que en cuatro temporadas y 53 episodios se animó a preguntarse qué pasa cuando la muerte te da una segunda oportunidad y no sabés qué hacer con ella. Créanme: vale la pena recorrerla, o revisitarla, porque tiene una sabiduría poco habitual para una sitcom.

Antes que la serie, vale la pena describir el escenario: un barrio idílico, con casas iguales, vecinos amables, margaritas congeladas en el aire y un señor de impecable traje gris, Michael, que oficia de arquitecto del lugar. Ted Danson está enorme en ese papel: es el demiurgo del barrio, el que diseña cada detalle, el que recibe a los recién llegados con una sonrisa demasiado prolija. A su alrededor, un elenco que funciona como un relojito: William Jackson Harper como Chidi, el profesor de filosofía que se come la cabeza con cada decisión; Jameela Jamil como Tahani, la perfecta por fuera y un terremoto por dentro; y Manny Jacinto como Jason, un dulce que apenas entiende los debates pero tiene un corazón que no le cabe en el pecho.

«Everybody dies»

La premisa es de esas que enamoran a primera vista: Eleanor, interpretada por Kristen Bell, muere y termina en El Buen Lugar, el paraíso reservado a las personas que hicieron las cosas bien en la Tierra. El problema es que Eleanor sabe que su vida fue todo lo contrario: egoísta, desprolija, con cero consideración hacia los demás. Esa grieta entre lo que merecía y lo que le tocó es la que sostiene la primera parte de la serie y la que le permite a Schur construir una comedia filosófica sin que elManual de Ética de Kant termine volándole la cabeza al espectador. Los temas que aparecen son densos, sí: utilitarismo, consecuencialismo, deontología, el peso de las consecuencias de cada acto, la posibilidad real de que alguien cambie de verdad. Pero están envueltos en chistes, en situaciones imposibles y en criaturas fantásticas que conviven con citas a Kant sin que se note el esfuerzo.

A lo largo de las cuatro temporadas, la serie va mutando. Lo que empieza como una comedia de enredos en el más allá se convierte en una reflexión enorme sobre el tiempo, sobre la pérdida, sobre la gente que nos toca en suerte y sobre la fugacidad de todo, incluso de la eternidad. Eso, miren, es lo que más me emociona: la serie se anima a hablar de la muerte sin solemnidad, pero con una profundidad enorme. Recomiendo verla de un tirón, con mate de por medio, y dejarse llevar. Quedan enganchados como nos pasó a casi todos.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo