Costa Rica pisa fuerte entre los viajeros argentinos y se consolida como destino de naturaleza todo el año
La selva, los volcanes y las playas en dos océanos explican por qué cada vez más argentinos eligen al país centroamericano, con conectividad directa desde Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Salta.
A casi siete mil kilómetros de Río Gallegos, en el corazón de Centroamérica, Costa Rica se convirtió en uno de los destinos predilectos del turismo argentino, con cerca de 37.000 visitantes en el último año y un crecimiento del 6,7% en la temporada en curso, según datos del Instituto Costarricense de Turismo difundidos en el país. La cifra, de por sí relevante para una economía pequeña, refleja una tendencia que los operadores confirman en cada temporada: los viajeros del Cono Sur ya no miran a Costa Rica como unarareza, sino como una opción firme en el calendario de vacaciones internacionales.
El país, que tiene poco más de cinco veces la superficie de la provincia de Buenos Aires, condensa una biodiversidad excepcional y un sistema de áreas protegidas que cubre más del 25% del territorio. Esa proporción, una de las más altas del mundo,incluye parques nacionales, reservas biológicas y refugios de vida silvestre donde el visitante puede observar desde tucanes y quetzales hasta monos cara blanca, tortugas marinas y, con algo de suerte, jaguares en las zonas de mayor conservación. El clima tropical, con una estación seca entre diciembre y abril y otra más lluviosa el resto del año, define los ritmos del viaje y explica por qué la temporada baja no significa nunca un destino cerrado.
Aventura en la selva y relax frente al mar
La oferta turística costarricense se organiza en torno a dos grandes atractivos que conviven sin contradicción: la aventura en el interior y el descanso en las costas. Los puentes colgantes que cruzan el dosel de los árboles, las caminatas guiadas por la selva tropical, el rafting en ríos de montaña, el canopy y los tours de avistaje de fauna no exigen experiencia previa, lo que los hace accesibles para viajeros de todas las edades. En el centro del país, el volcán Arenal, todavía hoy coronado por fumarolas intermitentes,ofrece además aguas termales y un entorno de bosque húmedo que concentra buena parte de la demanda.
Sobre el Pacífico y el Caribe, las playas presentan un contraste marcado. En el Caribe, las aguas cálidas y calmas invitan al descanso y al buceo, mientras que en el Pacífico las rompientes son elegidas por surfistas de distintos niveles. Entre los destinos más requeridos por los argentinos figuran Manuel Antonio, con su combinación de playa y parque nacional; Tamarindo, consolidado como polo de surf; Monteverde, en la cordillera de Tilarán, y la Península de Osa, donde la densidad de biodiversidad alcanza niveles difícilmente comparables con otras regiones del continente.
Bienestar, sostenibilidad y participación del visitante
En paralelo al turismo de aventura, Costa Rica impulsó en los últimos años una oferta de bienestar que incluye retiros de yoga, termas, gastronomía con productos locales y alojamientos integrados al paisaje. La propuesta apunta a un perfil de viajero que busca desconectar del ritmo cotidiano sin renunciar a la comodidad, y lo hace apoyándose en una red de hoteles y lodges certificados por el ICT.
“La empresa tiene que hacer efectivo dentro de ese proceso de certificación cómo integrar al cliente dentro del proceso de funcionamiento del establecimiento. ¿Cómo es que el cliente participa en un ahorro del agua, desde preguntarle si quiere que le cambien las toallas todos los días o puede ser día por medio?”Víctor Hugo Quesada, subgerente del Instituto Costarricense de Turismo
“No solo consumís un producto turístico, es que te estás transformando porque estás participando directamente en un programa de sostenibilidad.”Víctor Hugo Quesada, subgerente del Instituto Costarricense de Turismo
Quesada describió un modelo en el que el visitante deja de ser espectador y se vuelve parte del circuito de cuidado ambiental: desde decisiones cotidianas en la habitación hasta la elección de actividades de bajo impacto. Las empresas, según explicó, deben demostrar en las auditorías cómo involucran al turista en esas prácticas, una exigencia que, asegura, genera efectos que persisten mucho después del regreso.
Conectividad aérea y mejor momento para viajar
Más allá de los números, lo que muestran los reportes oficiales del ICT coincide con lo que se percibe en el terreno: una red de lodges pequeños, familias anfitrionas y guías locales que sostienen un turismo pensado para grupos reducidos, en un país donde la consigna oficial de “pura vida” parece menos un eslogan y más una forma de organizar la convivencia entre visitantes y naturaleza. Quienes piensen en viajar deberían considerar la transición entre estación seca y lluviosa, en mayo o en noviembre, cuando los paisajes están en su máximo verdor, los animales se concentran cerca de los ríos y los precios todavía no reflejan la demanda de la alta temporada.
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Santa Cruz Informa