Saltar al contenido
Santa Cruz InformaSanta Cruz Informa ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.542,50 +0,18%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Turismo

Azcuénaga, el pueblo de los diez tenedores y los caminos de barro que invita a quedarse una noche

A cien kilómetros de Buenos Aires, esta localidad de apenas 350 habitantes concentra una oferta gastronómica poco habitual para su tamaño, con hospedaje en una fonda de 1903, cabañas en el campo y una panadería que aún amasa galleta en horno a leña.

FV
Florencia VidalTurismo y ambiente · · lectura 5 min
Azcuénaga, el pueblo de los diez tenedores y los caminos de barro que invita a quedarse una noche

A poco más de tres mil kilómetros de Río Gallegos, pero apenas cien kilómetros al noroeste de Buenos Aires, Azcuénaga se presenta como una de esas rarezas que todavía sorprenden en la provincia: un pueblo de apenas 350 habitantes capaz de reunir, según el relevamiento reciente de la zona, diez restaurantes abiertos al público, una hostería, cabañas, una casa de campo y hasta habitaciones dentro de una fonda que data de 1903, todo concentrado en unas pocas manzanas rodeadas de caminos rurales donde el clima manda y la liebre, la vizcacha y la lechuza se dejan ver al atardecer.

El primer dato que cualquier organizador de la escapada debe tener presente es gastronómico, porque en Azcuénaga la cocina es casi un programa turístico en sí misma. La mayoría de los establecimientos funciona los fines de semana y la reserva se vuelve imprescindible, sobre todo los domingos, cuando el flujo de visitantes crece y las mesas vuelan. Durante la semana, en cambio, la opción segura es el buffet del Club Recreativo Apolo, donde Marcelo Santander y Marcela Ronco sirven una cocina casera que va de los ravioles a las milanesas.

Diez mesas para elegir, entre la parrilla, la pasta y un cordero a la francesa

El abanico es amplio y combina identidades muy distintas. Quien busque carne al asado puede ir derecho a Almacén C&T, que funciona en la antigua Casa Terren, una construcción de 1912 recuperada por la familia Coarasa y en la que hoy se sirven carnes y picadas, o decantarse por Lo de Grace, un local rodeado de campo que ofrece parrilla y pasta libre.

El paladar que prefiera pastas frescas tiene parada segura en La Porteña, donde el plato estrella es el osobuco con risotto de calabaza, o en Cucina de Santo, que suma a su carta una propuesta de mariscos. Para los que gustan de probar algo distinto, Le Four mantiene una cocina francesa a cargo de Vanesa Plaza, con un cordero con ciruelas que se ha convertido en un clásico de la zona. Completan el circuito La Posta y Silvestre, dos nombres que terminaron de configurar los diez restaurantes que hoy dan que hablar en la región.

Dónde dormir: de la fonda centenaria a las cabañas con pileta

La oferta de hospedaje acompañó el crecimiento del pueblo y se diversificó sin perder el aire rural. La Piamonte es una de las apuestas más llamativas, porque incorporó habitaciones en el edificio de la antigua Fonda de Sforzini, un inmueble de 1903 que sigue mirando la vieja estación ferroviaria. Quienes prefieran algo más recogido pueden elegir La Magnolia, una casona de campo, o sumarse al formato cabaña en Rancho Aparte, que cuenta con pileta, y en El Nido, otra de las alternativas disponibles.

Para los que acepten alejarse un poco más, aparecen Los Vagones de Areco, una opción singular montada en antiguos vagones reconvertidos. La selección, según relatan los propios alojadores, apunta a mantener la tranquilidad antes que el lujo: las construcciones son antiguas, los sonidos del campo se escuchan de noche y el ritmo lo marca el clima pampeano, que en pleno verano puede regalarle al visitante desde tardes templadas hasta tormentas breves con barro en los caminos de tierra.

Pan con leña, una capilla de 1907 y una caminata que termina en el campo

Fuera de la mesa, el pueblo ofrece un recorrido a pie que se agota en pocas cuadras pero deja mucha tela para cortar. En el corazón del casco se levanta La Moderna, una panadería fundada en 1917 en la que Laura González y sus hijas siguen elaborando galleta de campo en horno a leña, un ritual que mezcla olor, memoria y una cantidad de visitantes que, según cuentan en el pueblo, no deja de crecer.

A pocos pasos está la capilla Nuestra Señora del Rosario, inaugurada en 1907 y abierta por Ramona Lescano los fines de semana, una visita breve pero cargada de historia para dimensionar el origen del asentamiento. Desde ahí, en apenas unas manzanas, el paisaje se abre hacia los caminos rurales por donde circulan bicicletas y motos, aunque quienes los transiten deben saber que las condiciones cambian con el clima: luego de una lluvia el barro se adueña del suelo, mientras que en jornadas secas el polvo levanta a la pasada de cualquier vehículo.

Sobre esos campos abiertos, al caer la tarde, aparecen las vizcachas en las bocas de sus cuevas, liebres que cruzan a la carrera y lechuzas que se posan en los alambrados, un recordatorio de que Azcuénaga es, antes que nada, un pueblo pampeano donde la fauna local sigue marcando los tiempos del paisaje.

“La combinación de almuerzo, caminata y alojamiento permite organizar una visita por el día o quedarse a dormir, y hay quienes eligen quedarse una noche entera para desayunar galleta de campo recién salida del horno a leña antes de volver.”Florencia Vidal, Turismo y ambiente

Cuándo conviene ir y qué tener en cuenta

  • Reservar con anticipación, sobre todo para los domingos, ya que los restaurantes suelen colmarse.
  • Considerar una estadía de una o dos noches para disfrutar el pueblo con el ritmo del campo, sin apuro.
  • Llevar calzado cómodo y ropa adaptée al barro luego de las lluvias o al polvo en días secos.
  • Recorrer a pie el casco histórico: panadería, capilla y antiguas fondas están a pocas cuadras.
  • Reservar en la hostería, cabañas o habitaciones de la fonda con tiempo en temporada alta.
  • Evitar los días de semana si la idea es probar los restaurantes, ya que la mayoría cierra y solo queda el buffet del club.
  • Aprovechar la salida al campo para avistar vizcachas, liebres y lechuzas al atardecer.

Recomendación de temporada

La mejor ventana para visitar Azcuénaga es el otoño, cuando baja la cantidad de visitantes de los fines de semana largo de verano y la temperatura pampeana es más amable para caminar los caminos rurales sin barro ni calor extremo, aunque la oferta de restaurantes y hospedajes se mantiene activa todo el año, con un otoño especialmente propicio para combinar almuerzo de pasos, caminata por el casco histórico y una noche en una fonda centenaria que sigue abierta al público.

FV
Florencia VidalTurismo y ambiente

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo