Saltar al contenido
Santa Cruz InformaSanta Cruz Informa ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 +0,33%Dólar blue $1.555,00 +0,65%Dólar MEP $1.542,50 +0,42%Riesgo país 648 pb +4,18%
SÁB, 17 OCT 2026
Turismo

A más de 3.000 kilómetros de Río Gallegos: una semana de pesca con devolución en un río amazónico de Bolivia

Quince especies de agua dulce, jornadas de hasta doce horas sobre el agua y ejemplares que rozan los 25 kilos conviven en un curso selvático de más de 350 kilómetros. Desde Buenos Aires hay que combinar vuelos con escala y tramos finales en vehículos doble tracción. La pesca es con devolución obligatoria y el campamento trabaja con guías locales y motor fuera de borda.

FV
Florencia VidalTurismo y ambiente · · lectura 4 min
A más de 3.000 kilómetros de Río Gallegos: una semana de pesca con devolución en un río amazónico de Bolivia

A más de 3.000 kilómetros de Río Gallegos, en línea recta hacia el norte y mucho más allá si se mide por caminos, la Amazonía boliviana ofrece un río navegable de más de 350 kilómetros donde se concentran quince especies de agua dulce en un mismo tramo. La convocatoria que circula entre pescadores deportivos argentinos describe el lugar con una precisión que no deja dudas: tambaquí, pacú, manguruyú amarillo y negro, dorado, payara, yatorana, corvina de río, surubí atigrado y paleta comparten pozos, correderas y costas de piedra que los guías locales conocen por nombre. En jornadas buenas, una sola caña puede registrar más de veinte piques, con piezas que van desde los cuatro kilogramos hasta ejemplares cercanos a los 25.

Cómo se llega y cómo se vive en el campamento

El acceso desde Buenos Aires no es directo: hay que combinar vuelos con escala y completar el tramo final en vehículos de doble tracción, ya que el camino pierde el asfalto y se vuelve huella. La transición del pavimento al ripio funciona como un umbral simbólico: a partir de allí el ritmo de la ciudad queda definitivamente atrás y empieza el reloj de la selva, marcado por el calor, la humedad y un régimen de lluvias que puede sorprender a quien llega desprevenido. El campamento se monta cerca de la costa, con grandes carpas para alojamiento, refrigerios, almuerzos y cenas incluidos, y dispone de tres botes con motor y tres guías para cubrir al grupo durante las jornadas.

Las salidas arrancan alrededor de las 8:30 y pueden extenderse hasta las 20, de modo que el pasa más de diez horas expuesto al sol tropical, al agua y a los insectos. La organización del día contempla pausas para hidratarse y comer a bordo, aunque quienes ya fueron recomiendan llevar además sales de rehidratación, ya que cinco días consecutivos de actividad en ese entorno desgastan rápido si el equipamiento no está completo desde el primer día.

Carnada, señuelos y técnica de pesca

La carnada base es sábalo, sardinas de la zona, lombriz y postas de peces autóctonos, lo que garantiza frescura y un menú al que las especies locales están acostumbradas. Cuando el agua está clara, los guías autorizan trabajar con señuelos artificiales: minnows de 90 a 110 milímetros, cranks de paleta corta, cucharas giratorias número 5 y superficie tipo whopper plopper, entre otros. Con agua oscura, en cambio, la recomendación es mantener la carnada natural, porque los peces reducen su actividad visual y dependen más del olfato y de la línea lateral.

  • Llevar pinzas propias para retirar anzuelos circulares; el uso de boga grip no está permitido para evitar lesiones en ejemplares grandes.
  • Calzado con suela antideslizante bien sujeta al pie, ya sea tipo Crocs o trekking, para moverse por las costas de piedra cubiertas de verdín.
  • Ropa de manga larga, guantes, buff, lentes con protección ultravioleta, bronceador y repelente de insectos.
  • Filtros o pastillas potabilizadoras para el agua de consumo, ya que el ambiente selvático exige extremar los cuidados sanitarios.
  • Sales de rehidratación y protector solar de alto espectro, fundamentales ante jornadas de hasta doce horas bajo el sol amazónico.

Toda la pesca se realiza con devolución obligatoria, una condición que define la ética del viaje y obliga a manipular los peces con cuidado extremo. La técnica con anzuelos circulares requiere no clavar de inmediato, esperar el pique firme y cobrar con paciencia, algo que los guías explican antes de la primera pasada por el agua. En ese punto, la experiencia se vuelve profundamente emotiva: ver un manguruyú de 20 kilos volver al río después del combate deja una marca que ningún trofeo colgado en la pared podría igualar.

Recomendación de temporada

Para quienes estén evaluando cuándo ir, la ventana más recomendable se abre entre junio y septiembre, cuando los registros pluviométricos bajan, el agua aclara y los peces se concentran en los pozos más profundos. En esos meses, la combinación de clima más benigno, menor proliferación de insectos y mayor actividad de las especies hace que el esfuerzo del traslado valga cada kilómetro de ripio y cada hora bajo el sol. Es, en definitiva, un viaje que pide preparación, pero que devuelve algo que no se compra en ninguna agencia: la sensación de compartir el río con la fauna más diversa de Sudamérica, a la distancia justa para recordarlo el resto del año.

FV
Florencia VidalTurismo y ambiente

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo