Zverev pasó máquina y va por la corona en Shanghai: el alemán acaricia el número uno
Con un doble 6-4 inapelable sobre De Miñaur, el alemán se metió en semifinales del Masters 1000 chino y quedó a dos pasos de su octavo título de esa categoría y de terminar el año como líder del ranking.
Viento en el río Huangpu y la pelota picando como si quisiera irse: así arrancó la cosa en Shanghai, con Zverev sirviendo como quien reparte pizzas en una pizzería con hambre acumulada. El alemán, número dos del mundo, resolvió los cuartos de final ante Álex de Miñaur con un doble 6-4 que no necesitó overtime ni sobremesa.
Servicio blindado y quiebre en el momento justo
El match tuvo una receta simple, de esas que uno guarda en la cabeza para los días de lluvia. Zverev sostuvo su saque durante casi todo el partido, anuló las cinco chances de break que el aussie pudo fabricar y rompió el servicio en el tramo final de cada set para sentenciar la historia sin pasar por el dentista. Resultado: parciales iguales, trámite parejo y clasificación a semis con el motor bien aceitado.
- Zverev ganó por 6-4 y 6-4 en sets corridos.
- Anuló las cinco oportunidades de quiebre que tuvo De Miñaur.
- Rompió el saque en el tramo final de cada manga para cerrar sin sobresaltos.
- El historial entre ambos quedó 9-4 a favor del alemán.
- En semis lo espera Davidovich Fokina, con un antecedente 6-1 para Zverev.
Ahora se viene Davidovich Fokina, un rival al que el teutón le tiene tomada la medida como uno le toma la medida al colectivo de la línea que siempre lo deja servido en la puerta. El historial marca seis victorias alemanas contra una sola del español, que encima llega a semis con las piernas frescas: avanzó cuando el francés Arthur Gea se retiró por una molestia física después de apenas 22 minutos de juego.
El premio mayor, igual, va más allá de la copa. Si Zverev avanza o directamente levanta el título en Shanghai, cerrará la temporada como número uno del mundo, ese sillón que en el circuito se pelea como mesa de en horario de oficina. Tiene el juego, tiene el saque y, sobre todo, tiene el ranking de su lado.
De mi lado, lo digo sin vueltas: cuando un tipo gana sin ceder el servicio y mete los breaks en el momento exacto, hay poco para discutir. Pero también es cierto que el tenis tiene esas ironías que uno no puede fabricar, como cuando el rival llega cansado o como cuando una final se define por un centímetro. Veremos qué pasa en semis, porque en este deporte las sorpresas viajan más barato que el pan lactal.
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Santa Cruz Informa