Zoey tiene auriculares para el alma: la serie que convierte los sentimientos ajenos en un show musical
Comedia, romance y algo de magia: la protagonista de "La extraordinaria playlist de Zoey" escucha las emociones de los demás en forma de canciones. Un repaso por una propuesta corta, ideal para quienes quieren maratonear sin atragantarse de capítulos.
"Everybody has feelings", canturreaba una vez John Lennon, y vaya si tenía razón. Pero pocos se imaginaron que esas emociones fueran a terminar transformadas en coros gospel, baladas de piano o estribillos pop dentro de una serie de televisión. Eso es justamente lo que propone La extraordinaria playlist de Zoey, una producción de apenas dos temporadas que se las arregla para meter a The Beatles, Queen, Cyndi Lauper, Taylor Swift, Billy Joel y David Bowie en el living de una familia cualquiera, sin pedir permiso y con resultados bastante entretenidos.
La historia arranca como una comedia romántica clásica y, de a poco, se va corriendo hacia la fantasía más amable. Zoey Clarke es una mujer que, después de un episodio raro que la propia serie se encarga de mostrar bien temprano, empieza a percibir los sentimientos más profundos de quienes la rodean como si fueran canciones. No es que escuche la radio interior del prójimo: lo que pasa es que la gente, a su alrededor, de pronto estalla en números musicales. Amigos, compañeros de trabajo, el jefe, la madre, el padre, todos terminan cantándole lo que les bulle por dentro, muchas veces sin darse cuenta.
Let It Be en la oficina
Lo más simpático del asunto es ver cómo conviven la vida cotidiana y los escenarios imaginarios donde se ejecutan las canciones. Una charla de pasillo se convierte en un despliegue con coristas; una pelea de pareja se resuelve, o se complica, con un piano de cola y una coreografía; una reunión familiar se transforma en un videoclip con luces y cámara lenta. El repertorio va cambiando con el estado de ánimo de cada personaje: hay temas para los amores que recién empiezan, otros para los rencores viejos y algunos directamente para esos miedos que uno arrastra desde chico y no sabe dónde guardar.
- Comedia romántica confantástico: el disparador es una habilidad imposible, pero el resto de la historia se sostiene en vínculos muy terrenales.
- Catálogo musical generoso: pasan desde clásicos como The Beatles y Queen hasta hits más contemporáneos de Taylor Swift, todos reinterpretados dentro de la trama.
- Dos temporadas y a casa: ideal para quienes no quieren engancharse a una serie larga y prefieren algo corto, autoconclusivo y con cierre claro.
- Equilibrio entre lo dulce y lo filoso: hay romance, sí, pero también lugar para el duelo, los secretos familiares y la incomodidad de saber demasiado del otro.
Porque la gracia del asunto, y acá viene lo que a mí más me atrapó, es que escuchar lo que sienten los demás no resuelve nada automáticamente. De hecho, le complica la vida a Zoey de una manera bastante realista. ¿Qué hacés cuando descubrís que un amigo te oculta algo grave? ¿Cómo acompañás a alguien que está transitando un duelo si ya sabés, por la canción que le brota del pecho, lo que está padeciendo? La serie se toma en serio esas preguntas y las deja flotando, sin responderlas con frases hechas, lo cual se agradece mucho en un género que a veces tiende al postre de crema.
A mí, que confieso ser bastante fan de los musicales sin necesidad de que nadie me lo recuerde con subtítulos, me gustó sobre todo el costado familiar. Los padres de Zoey, el hermano, las parejas que se arman y se desarman alrededor: todo va pasando por el filtro de la música, y eso le da una calidez que no siempre se ve en las comedias románticas de catálogo. El tono es emotivo, pero sin caer en el golpe bajo, y el humor aparece justo cuando la historia amenaza con volverse demasiado solemne.
“Si las canciones sirven para decir lo que no animamos a pronunciar, esta serie se encarga de demostrárnoslo capítulo tras capítulo.”Nicolás Bahamonde
Para quien quiera acercarse, la recomendación es concreta: las dos temporadas están disponibles en plataformas de streaming, se maratonean en un fin de semana largo y funcionan perfecto como Plan para una noche de lluvia, con auriculares puestos si se quiere ir a fondo con el repertorio. Ideal para esos lectores que, como yo, todavía le siguen dando a las canciones un lugar central a la hora de elegir qué mirar en la pantalla.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo
Santa Cruz Informa