"Wildwood": Laika vuelve a hacer magia con plasticola y paciencia, y nos regala la película stop-motion más ambiciosa de su historia
La nueva película del estudio que nos dio "Coraline" y "Kubo" llega con 231 muñecos, 136 escenarios y un tercer acto que parece una coreografía infernal. Cinco años de trabajo artesanal para recordarnos que la animación a la antigua todavía puede dejar boquiabiertos a los grandes estudios digitales.
Arrancamos con una frase que me quedó rebotando en la cabeza mientras investigaba sobre esta película y que se la escuché decir a un animador argentino que trabaja en proyectos independientes de stop-motion acá en Buenos Aires: "Mientras en Hollywood aprietan un botón, nosotros todavía estamos pegando muñecos con plasticola, y justamente por eso lo nuestro tiene alma". Esa idea resume bastante bien lo que viene haciendo Laika desde hace casi dos décadas, y lo que vuelve a quedar demostrado con "Wildwood", su sexta película, que acaba de presentarse como la producción stop-motion más ambiciosa en la historia del estudio.
Pero antes de meternos de lleno en la peli, vale la pena situarnos en el lugar. Laika es ese estudio afincado en Portland, Oregon, que desde 2009 viene dándole al mundo joyitas como "Coraline", "El alucinante mundo de Norman", "Los Boxtrolls", "Kubo y las dos cuerdas mágicas" y "Missing Link". Es una rareza dentro de la industria: opera con independencia creativa total, sostenido financieramente por el respaldo de Nike, lo que le permite encarar proyectos descomunales sin que nadie le marque la agenda. Y cuando digo descomunales, con "Wildwood" la palabra queda chica.
El bosque de Wildwood y dos protagonistas que no quieren moralejas
La historia sigue a Prue y Curtis, dos pibes que se internan en un universo de proporciones enormes, mezcla de aventura épica y mundo fantástico. Y acá viene uno de los cambios más interesantes que propone la película: no está pensada para los más chiquitos. Tiene violencia, tiene relaciones complejas, tiene batallas a gran escala y una narrativa que se codea con la épica más oscura antes que con la fábula dulzona. Para que se entienda: estamos más cerca del tono de un "Game of Thrones" animado en plasticola que de un cuento para dormir.
El tercer acto: cuando cientos de muñecos se mueven como si fueran uno solo
Acá viene lo que a mí, como alguien que se fascina con los procesos artesanales, me parece lo más impactante. El punto culmine del filme es una secuencia de combate del tercer acto donde cientos de figuras se mueven de manera sincronizada. Para quienes no estén familiarizados con el stop-motion: cada fotograma de la película se construye reposicionando manualmente cada muñeco. Estamos hablando de que un solo segundo de animación tiene 24 fotogramas, y en esa escena hay cientos de personajes. Es un trabajo de una precisión que marearía al más paciente.
- 132 minutos de duración total de la película.
- 231 muñecos articulados, todos construidos y animados a mano.
- 136 escenarios distintos, montados físicamente en los talleres de Laika.
- Aproximadamente cinco años de trabajo de decenas de artesanos y animadores.
- Un tercer acto con cientos de figuras moviéndose en sincronía, considerado el punto de mayor exigencia técnica del proyecto.
Lo que la peli hace bien y lo que chirría un poco
En lo narrativo, "Wildwood" construye su mundo con agilidad y sin escatimar complejidad, lo cual se agradece en una época donde muchas animaciones grandes parecen temer a la inteligencia del espectador. Ahora, siendo honesto, hay que decir que el desarrollo de los personajes principales muestra algunas limitaciones que parecen venir del material original en el que se basa el guion. No es un defecto que arruine la experiencia, pero sí se nota que la construcción del mundo le saca varios cuerpos de ventaja al desarrollo íntimo de Prue y Curtis.
¿Puede el cine de animación artesanal competir con las mega-producciones digitales de los grandes estudios? Mi opinión, después de empaparme con este proyecto, es que no compite en las mismas reglas de juego, y justamente por eso gana en otros terrenos. "Wildwood" no pretende igualar el realismo digital de una superproducción de Pixar o DreamWorks; ofrece otra cosa: la sensación de que cada plano fue tocado por manos humanas, de que hay un equipo de personas poniendo el cuerpo (literalmente, porque muchos terminan con problemas de vista y de cervicales) detrás de cada gesto de cada muñeco. Es una excepción, sí, pero una excepción que demuestra que la artesanía sigue teniendo un lugar en el cine contemporáneo, y que ese lugar no es el de la nostalgia, sino el de la innovación.
Mi recomendación, horarios y a qué atenerse
Les digo de entrada: vayan a verla al cine. No es la misma experiencia verla en una pantalla chica. "Wildwood" se proyecta en las salas IMAX y en complejos que cuentan con proyectores de alta calidad, y la diferencia se nota, sobre todo en el tercer acto, que es una sinfonía visual que pide pantalla grande. En cuanto a los horarios y precios, les recomiendo chequear la cartelera de su complejo preferido, porque la disponibilidad de funciones suele variar bastante según la ciudad y la demanda. Lo que sí les anticipo: vale cada peso, y más si tienen la oportunidad de llevarla a un pibe o una piba de más de diez años que pueda apreciar el nivel de detalle. Es cine para mirar, para volver a mirar, y para recordar que todavía hay quienes hacen las cosas con las manos.
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