Vuelve Ridley Scott al género que lo hizo gigante: la ciencia ficción, con Elordi como su nueva obsesión
Lo dijo el propio Ridley Scott y no es para menos: hay guiones que lo sacuden a uno apenas arranca la lectura, que te llevan de la primera página al final sin respirar. Pocas veces en la vida, y más pocas todavía en una carrera de seis décadas, aparece un texto así. Scott, que ya lleva en el cuerpo más películas de las que uno quisiera contar, asegura que solamente tres guiones le provocaron ese efecto visceral a lo largo de toda su trayectoria. Y el tercero acaba de convertirse en película.
Alien, el octavo pasajero; Marte; y ahora La constelación del perro
La confesión la hizo en una charla con la periodista Martina Barone para la revista GQ, y lo que contó pinta de cuerpo entero al viejo zorro de la ciencia ficción. Para Scott, el guion que Mark L. Smith escribió a partir de la novela post-apocalíptica de Peter Heller pertenece al mismo club exclusivo que los libretos de Alien, el octavo pasajero y Marte, dos películas que definieron etapas enteras de su filmografía. Cuando un director de ese calibre pone una nueva historia en ese podio, algo está pasando.
Pero atención: que un libreto lo haya deslumbrado desde la primera lectura no quiere decir que haya llegado intacto a la pantalla. Scott, que es un obseso del control creativo y que ya tiene antecedentes famosos de meterle mano a materiales que lo entusiasmaron (ahí está, como ejemplo máximo, la legendaria reescritura del guion original de Dan O'Bannon para Alien), le pidió a Smith una modificación sustancial en el tercer acto. ¿El cambio central? Incorporar al personaje que interpreta Jacob Elordi a una situación que directamente no existe en el libro de Heller. El director justificó el movimiento con una frase que parece sacada de una clase de guion: necesitaba una perspectiva realista.
El regreso al género que lo hizo leyenda
Con La constelación del perro, Scott vuelve al terreno donde construyó buena parte de su reputación. Es ciencia ficción otra vez, sí, pero también es drama, es mundo roto, es esa mirada desencantada que el director sabe poner sobre futuros que, en el fondo, no son otra cosa que espejos deformes de nuestro presente. La película, además, tiene algo que el propio Scott resalta como un sello personal: la describe como uno de los trabajos más íntimos de la última etapa de su carrera, algo que, viniendo de un realizador que lleva décadas regalándonos obras maestras, no es un dato menor.
- Scott suma a Jacob Elordi a un reparto que el director conduce con pulso firme.
- La novela original de Heller no incluía la situación del tercer acto que ahora protagoniza Elordi.
- El guion pertenece, según el propio Scott, al podio de los tres que más lo sacudieron en su vida.
Para mí, que sigo a Scott desde aquellos días en los que uno esperaba sus películas como eventos, esta nueva entrega tiene todo lo que a uno le gusta del viejo maestro: una historia grande, un mundo por construir, un director que todavía se permite cambiar lo que le parece y, sobre todo, esa capacidad de conmover que muy pocos cineastas conservan después de tantos años frente a la cámara. Habrá que ir a verla en cuanto llegue a las salas: en los cines de Buenos Aires, las funciones arrancan generalmente entre las 14 y las 22, con entradas que promedian los cinco mil pesos. Una cita con la ciencia ficción bien hecha, que en estos tiempos no es un bien tan abundante como uno quisiera.
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Santa Cruz Informa