Vínculos que faltan: cuánto cuesta en años de salud la soledad y el aislamiento en la mediana edad
Un estudio con más de 277.000 participantes del Biobanco del Reino Unido mostró que la soledad y el aislamiento social se asocian con menos años de vida sin enfermedades, y que la brecha más profunda se da en la salud mental de los hombres.
Acá, en la redacción, hace un rato nos llegó un dato que nos dejó pensando: sentirse solo y estar aislado no son la misma cosa, y eso cambia bastante lo que le pasa al cuerpo con el paso de los años. Lo dice un equipo de la Universidad de Tulane, en un trabajo que siguió a más de 277.000 personas del Biobanco del Reino Unido, de entre 40 y 69 años, durante un buen trecho. La conclusión es que tanto la soledad como el aislamiento social se asociaron con menos años de vida saludable, pero con matices que vale la pena repasar.
Antes que nada, una aclaración que ayuda a entender todo lo que viene. Tener poco contacto con los demás es una cosa; sentirse solo, aunque haya gente alrededor, es otra. El aislamiento social tiene que ver con la cantidad de vínculos y con la frecuencia de los contactos. La soledad, en cambio, es ese malestar que aparece cuando falta una conexión que nos parezca significativa, y se puede tener aun en medio de una familia numerosa o de un grupo de amigos. Esa diferencia, que parece un detalle, fue clave para leer los resultados.
Cómo se midieron los años sin enfermedades
Los investigadores tomaron como referencia los 50 años y calcularon cuántos de esos años se esperaba vivir sin siete condiciones de salud frecuentes: diabetes, enfermedades cardíacas, problemas pulmonares, demencia, cáncer, depresión y ansiedad. Quienes entraron al estudio, en aquel momento, no padecían ninguna de esas enfermedades, lo que permitió comparar trayectorias a lo largo del tiempo.
- En salud física, las mujeres con soledad y aislamiento social perdieron en promedio 2,4 años de vida sin enfermedades, y los hombres 1,7 años.
- En salud mental, la brecha fue de 3,7 años para las mujeres y de 5,8 años para los hombres, la más marcada de todo el estudio.
- Los hábitos saludables (alimentación, actividad física, buen sueño y no fumar) atenuaron la pérdida de años vinculada con el aislamiento social.
- Esos mismos hábitos no redujeron de forma significativa los riesgos asociados con sentirse solo.
Como nos contaba esta mañana Marta, de 52 años, vecina del barrio de Belgrano, ella siempre dice que tiene conocidos para todos lados, pero que igual hay noches en que la sensación de soledad la agarra sin aviso. Marta, fíjese, encarna esa distinción: no le faltan contactos, lo que le falta a veces es alguien con quien la conversación baje a un lugar más profundo. Esa es la soledad de la que habla el estudio, la que no se resuelve simplemente moviéndose más.
Por qué los hábitos alcanzan para una cosa y no para la otra
El hallazgo más interesante, a nuestro entender, es que los hábitos saludables amortiguaron parte del daño del aislamiento social, pero hicieron muy poco frente a la soledad. Para el equipo encabezado por Lu Qi, esto sugiere que el sentirse solo opera por carriles distintos, más emocionales y cognitivos, donde la dieta o el ejercicio no alcanzan. En cambio, cuando el problema es más bien la falta de oportunidades de contacto, mover el cuerpo, dormir bien y comer mejor parece devolver algo de terreno.
Los resultados fueron difundidos por la Universidad de Tulane en un comunicado del 22 de septiembre de 2026, y los investigadores aclararon que las cifras se refieren a años libres de las enfermedades estudiadas, no a años de vida perdidos de manera directa. Aun así, el mensaje es de los que nos dejan pensando: cuidar los vínculos no es una cuestión solo del corazón, también pesa en el cuerpo. Y a veces, como le pasaba a Marta, alcanza con abrirle la puerta a alguien para que la cuenta empiece a mejorar.
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Santa Cruz Informa