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VIE, 16 OCT 2026
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Veintiocho años no alcanzan: las hermanas Owens vuelven con la misma pócima

Sandra Bullock y Nicole Kidman sostienen la secuela de Prácticamente magia con su química intacta, pero la propuesta repite fórmulas, alarga su despedida y deja escapar la oportunidad de renovarse.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 5 min
Veintiocho años no alcanzan: las hermanas Owens vuelven con la misma pócima

Me lo dijo el otro día una amiga mientras tomábamos un café en un bar de Palermo y las dos terminábamos de admitir, casi con culpa, que habíamos vuelto a caer en esa trampa que Hollywood nos tiende cada tanto: la de revivir a personajes que amamos jóvenes para comprobar, ya entrado el boleto, que el hechizo se evaporó. "Yo quiero a Sally y a Gillian Owens como si fueran de la familia", me dijo, "pero esta vez no me hicieron llorar". Y esa frase, me parece, resume bastante bien lo que vuelve a ofrecer "Prácticamente magia 2": una reunión afectuosa con dos hermanas que supimos querer, pero sin la magia (valga la redundancia) que justifique el reencuentro.

“Cada vez que Bullock y Kidman comparten cuadro la película respira; el resto del metraje apenas se sostiene.”Crítica especializada

La pócima de la nostalgia

La dirección corre por cuenta de Susanne Bier, y acá aparece el primer llamado de atención. La realizadora dinamarquesa, que supo darle pulso a dramas humanos como "En un mundo mejor" y "Serena", se enfrenta acá a un problema doble: por un lado, debe honrar el tono otoñal y melancólico que el director original (Griffin Dunne, en su debut, que ya es decir) le imprimió a la primera entrega; por el otro, debe actualizar una historia de brujas para una generación que, en 1998, ni había nacido. El resultado es una película que transita dos registros sin terminar de habitar ninguno: ni del todo nostálgica ni del todo contemporánea, queda suspendida en una zona de nadie que la hace ver, en varios tramos, como un capítulo piloto de una serie que se canceló al tercer episodio.

El problema se nota sobre todo en los efectos visuales. La primera película, hace casi tres décadas, tenía un encanto artesanal: los hechizos parecían truquitos de escenario, las pocinas burbujeaban en calderos que claramente eran de utilería, y eso le sumaba cercanía. Acá, en cambio, los efectos digitales remiten a esas producciones televisivas de los noventa que hoy vemos con ternura pero también con cierta vergüenza ajena. Una secuencia clave con mariposas luminosas, que en el trailer se vende como uno de los momentos más impactantes, en pantalla grande se siente como un descuido de posproducción, y eso duele.

Las nuevas caras

Otro punto que la crítica internacional señala, y que comparto después de verla, es el tratamiento de los personajes nuevos. Maisie Williams (la eterna Arya Stark de "Game of Thrones"), Joey King (que se consagró como la chica simpática de "El stand up de los rotos") y Lee Pace (recordado por "Fundación" y por ese villano entrañable de "Guardianes de la galaxia") se mueven por la película como invitados a una fiesta ajena. Sus líneas de diálogo funcionan, pero el guion nunca les da espacio para que se ganen un lugar propio en el universo Owens. Es una lástima, sobre todo porque Maisie Williams tiene una presencia que pide a gritos un subplot más desarrollado, y Lee Pace, cuando finalmente aparece, apenas si tiene tres escenas para lucirse.

El epílogo (innecesario) y el balance final

Acá va una advertencia con spoiler suave: la película se extiende varios minutos más allá de su cierre natural. Hay un epílogo que, según coinciden las reseñas, es absolutamente prescindible y que huele a esa costumbre tan peligrosa de Hollywood de no saber cuándo terminar. Cuando la historia ya había encontrado su despedida, el filme insiste, suma un cuadro, un diálogo, otro cuadro, y finalmente un último fundido a negro que llega con quince minutos de atraso. Es el equivalente cinematográfico de cuando un amigo te cuenta un chiste bueno y después lo explica: te saca toda la gracia.

Dicho todo esto, y sin ánimos de ser el aguafiestas del barrio, reconozco que hay un público para quien esta película va a funcionar perfectamente. Quienes crecieron viendo a las hermanas Owens pelearse por amores imposibles, lanzar maleficios por accidente y aprender que el amor es el hechizo más poderoso, van a encontrar en esta secuela un reencuentro cálido, sin sobresaltos y con la cuota justa de emotividad como para abrazarse en la butaca del cine. Los diálogos están cargados de mensajes positivos directos (a veces demasiado directos, casi como un power point motivacional), y la atmósfera general se mueve en esa zona de comedia fantástica sin pretensiones que, en una noche de domingo y con pochoclo, no viene mal.

Ahora bien, ¿era necesaria esta secuela? Los 28 años transcurridos abrían un abanico enorme de posibilidades narrativas: ¿qué había pasado con Sally y Gillian en estas casi tres décadas? ¿Habían usado su magia para fines más complejos? ¿Habían tenido que enfrentar amenazas más oscuras? La película opta por el camino más conservador: repetir la fórmula, agregar algún personaje joven para tentar a una nueva audiencia y cerrar todo con un abrazo. Para quienes esperábamos una renovación, el balance es menos favorable. Para quienes solo querían reencontrarse con las Owens sin demasiadas sorpresas, la propuesta cumple su función y se pasa volando.

Para ir a verla

Si te decidís a ir, te lo cuento en pocas líneas para que no te comas un garrón: "Prácticamente magia 2" está en los cines de Argentina desde este jueves, con funciones en los complejos tradicionales y en salas IMAX seleccionadas. Te conviene ir en una función nocturna (después de las 20) para meterte de lleno en esa atmósfera oscura de pueblo de Nueva Inglaterra que la película intenta construir. Las entradas arrancan en los seis mil pesos en las cadenas más accesibles, aunque algunas salas premier y los formatos premium pueden trepar hasta los doce o catorce mil, así que chequeá antes en la app del complejo. Te diría que es una película para ir en pareja o con un grupo de amigas de toda la vida: a solas o con desconocidos en la fila, se disfruta bastante menos. Y si me permitís una última recomendación muy a la argentina: lleva un abrigo, porque las salas siempre están heladas, y si vas con pochoclo, pedilo con extra mantequilla porque la película, pese a todo, tiene ese sabor reconfortante de las comedias que no quieren complicarnos la vida.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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