Saltar al contenido
Santa Cruz InformaSanta Cruz Informa ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.542,50 +0,18%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Vida

Una promesa que cruzó tres países: las cenizas de Néstor, un gimnasio de Caracas y la decisión de seguir

Juan Diego Lorente, titular de la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina, cumplió el último deseo de un venezolano que pasó 416 días internado en Neuquén y, ya en Caracas, terminó acompañando a un hombre marcado por el terremoto.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 5 min
Una promesa que cruzó tres países: las cenizas de Néstor, un gimnasio de Caracas y la decisión de seguir

Son las nueve de la noche en una plaza cualquiera de Caracas y, a esa hora, todavía se escucha el ruido seco de las barras de hierro y de las mancuernas chocando contra el piso. Un gimnasio al aire libre, abierto hasta la medianoche, sin pagar un bolívar y con un profesor que se queda hasta el cierre, es el tipo de lugar al que uno termina yendo cuando necesita gastar el cuerpo para no pensar tanto en la cabeza. Ahí, en esa plaza, me quedé conversando con un hombre que, sin conocerme de nada, me terminó abriendo una herida que todavía no sabe cómo cerrar.

El que escribe esta nota soy yo, Lucía Barría, y la historia que sigue empieza mucho más al sur, en Neuquén, donde un venezolano de nombre Néstor Tovar Ibarra se cayó una tarde y a partir de esa caída se le cambió la vida para siempre. La caída le provocó una lesión medular que lo dejó paralítico y lo llevó a pasar 416 días internado en el Hospital Provincial Neuquén, atendidos por el equipo de Traumatología y acompañados por la comunidad venezolana de la zona y por voluntarios de Cruz Roja.

El pedido de un hombre que no pudo volver

En ese tiempo tan largo dentro de una cama de hospital, a Néstor le diagnosticaron además un cáncer de próstata y murió en Neuquén sin haber podido regresar a su país. Su último pedido fue de una claridad que corta: quería que sus cenizas llegaran hasta su hermano Adrián, que vive en Perú. Nada más, y al mismo tiempo nada menos.

Juan Diego Lorente, presidente de la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina, tomó ese pedido como propio y movió cielo y tierra para cumplirlo. Coordinó el traslado con el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y, cuando las cenizas llegaron a destino y fueron entregadas a la familia, podría haberse dado por satisfecho. No lo hizo.

Por decisión personal, con plata de su bolsillo y el respaldo de su propia familia, Lorente decidió seguir viaje hasta Venezuela para ponerse a disposición de la Cruz Roja Venezolana como voluntario frente a los efectos del terremoto que azotó al país. Cruz Roja Argentina, hay que aclararlo acá para no confundir a nadie, no tiene una misión operativa oficial con su personal en territorio venezolano: sí aportó apoyo material y económico y mantiene mecanismos listos para activar un despliegue si la situación lo llegara a requerir.

La plaza, el profesor y la charla que se hizo pesada

En Caracas, Lorente recorrió zonas golpeadas por el sismo, vio edificios dañados, estructuras colapsadas y sectores enteros marcados por la sacudida. Y cerca de su alojamiento se topó con una plaza con un gimnasio al aire libre abierto hasta la medianoche, gratuito y con un profesor presente. A Lorente, ligado desde hace años al culturismo, no le hizo falta una segunda mirada para detenerse ahí y empezar a conversar con ese profesor.

La charla, según cuenta, se fue poniendo cada vez más pesada. El hombre le habló de pérdidas familiares que le había dejado el terremoto, de una separación larga con su mamá, una mujer de 73 años, y de un lugar concreto, ligado al sismo, al que no había podido volver solo porque el peso emocional se lo impedía. Lorente, que había llegado a Caracas con una mochila cargada de ayuda humanitaria, terminó ofreciéndole algo mucho más sencillo y a la vez más difícil: estar a su lado cuando intente el reencuentro con su madre y cuando se acerque, por fin, a ese sitio al que no pudo llegar solo.

  • Néstor Tovar Ibarra, ciudadano venezolano, estuvo 416 días internado en el Hospital Provincial Neuquén tras una caída que le provocó una lesión medular y lo dejó paralítico.
  • Durante la internación le detectaron cáncer de próstata y murió sin haber podido regresar a su país.
  • Su último pedido fue que sus cenizas fueran entregadas a su hermano Adrián, que vive en Perú.
  • Juan Diego Lorente, presidente de la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina, coordinó el traslado con el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y cumplió el deseo.
  • Con fondos propios y respaldo de su familia, Lorente viajó luego a Venezuela para colaborar como voluntario con la Cruz Roja Venezolana tras el terremoto.
  • Cruz Roja Argentina aclaró que no tiene una misión operativa oficial en Venezuela, aunque sí envió apoyo material y económico.
  • En Caracas, Lorente conoció en un gimnasio al aire libre a un hombre afectado por el sismo y decidió acompañarlo a reencontrarse con su madre de 73 años y a acercarse al lugar del que no había podido volver solo.

Vuelvo a la plaza de Caracas, a esa imagen del profesor con el que me quedé hablando hasta tarde, porque me parece que ahí se entiende lo que en realidad mueve todo esto. Lorente no viajó a Venezuela solamente a llevar ayuda ni a sumar manos: viajó a estar presente. Y cuando uno se cruza con alguien que necesita, no ya un equipo de rescate, sino alguien que se quede a su lado mientras intenta volver a pararse frente a lo que le duele, lo más humano que puede hacer es justamente eso, quedarse. La promesa de Néstor cruzó tres países, un hospital en Neuquén, una urna con cenizas, un gimnasio abierto hasta la medianoche y una madre de 73 años que todavía no sabe que alguien está viajando hacia ella.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo