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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Una profesora neuquina que dejó el aula para guiar caminatas y pedalear junto a desconocidos

Paola Panizoni se recibió de guía de senderismo en Junín de los Andes y, de la mano de su pareja Diego Rovelotti, arma salidas que mezclan bicicleta y trekking con paradas para comer en el camino. La iniciativa apunta a que los propios neuquinos se animen a recorrer lo que tienen al alcance.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 3 min
Una profesora neuquina que dejó el aula para guiar caminatas y pedalear junto a desconocidos

Son las nueve de la mañana y en la entrada del Parque Central de Neuquén ya hay un grupo de ciclistas ajustando las correas de los cascos. Paola Panizoni, de 50 años, llega con una mochila un poco más grande que el resto y revisa el inflado de las ruedas como si fuera una tarea doméstica. Acá, en esta ciudad que muchos usan solo como escala hacia la cordillera, esta profesora de Ciencias Económicas empezó a armar su propio mapa de aventuras.

El camino hasta acá fue largo y silencioso. Paola se recibió en la Universidad Nacional del Comahue, dio clases en colegios secundarios y durante años coordinó viajes escolares. En ese ida y vuelta con los adolescentes descubrió algo que la marcaría: no le interesaba tanto la organización en sí, sino ver la cara de un chico cuando entiende un lugar nuevo. Esa misma inquietud la terminó acercando a Diego Rovelotti, su pareja, que ya venía empujando el cicloturismo desde su agencia Cicloturis Travel.

La habilitación que cambió la rutina

El año pasado, Paola completó en Junín de los Andes la capacitación que otorga el Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales de Neuquén para habilitarse como guía de senderismo. A partir de ese trámite, su hobby de toda la vida pasó a tener un marco formal. Es que de chica, las salidas familiares a la cordillera eran casi una costumbre: campamentos, subidas a cerros, recorridas por el monte. Esa relación con el paisaje nunca se cortó, aunque durante mucho tiempo se canalizó por las aulas.

“Es algo que me apasiona, el tema de la caminata. Me gusta todo lo que puedo enseñar desde ahí, identificar plantas, entender el ecosistema y, de paso, transmitir el cuidado del lugar.”Paola Panizoni

Bici, trekking y una merienda en el medio

Junto a Diego, Paola empezó a diseñar paquetes que mezclan dos disciplinas en una misma jornada. La mecánica es simple: los participantes pedalean un tramo, bajan de la bicicleta y continúan a pie, con paradas pensadas para almorzar o merendar en el camino. En invierno la oferta se amplía con experiencias en raquetas de nieve. La idea, coinciden, no es novelty sino abrir el menú: que cada persona elija cómo quiere apropiarse del entorno.

Entre los destinos que más entusiasman a Paola está Villa El Chocón, donde el paisaje se cruza con el patrimonio paleontológico. Ahí, la caminata se vuelve también una clase a cielo abierto: se habla de los dinosaurios que habitaron la zona, de los restos que se encuentran a simple vista y del cuidado que requiere un sitio con esa fragilidad. La otra columna del proyecto es la responsabilidad ambiental: llevarse los residuos, no tocar la flora ni molestar a la fauna, minimizar el impacto. Como repite cada vez que puede, salir a la naturaleza es también hacerse cargo de ella.

Pasado el mediodía, cuando el grupo se sienta a compartir la merienda, Paola se acomoda entre los suyos y empieza a contar cómo empezó todo, casi sin darse cuenta. Diego la mira de costado, como hacen los que saben que detrás de cada proyecto hay una historia personal. Acá, en Neuquén, esa historia todavía se está escribiendo, pero ya tiene senderos propios.

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Lucía BarríaSociedad y vida

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