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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Una melodía conocida y sentida: la música de la memoria que ayuda a soportar la aguja

Un estudio con más de doscientos pacientes en un hospital suizo comprobó que escuchar la canción o el artista preferido alivia el dolor de una punción intravenosa más que cualquier otra estrategia sonora. La música de relajación, en cambio, no mostró diferencias frente al silencio.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 3 min
Una melodía conocida y sentida: la música de la memoria que ayuda a soportar la aguja

Son las nueve de la mañana en el servicio de resonancias magnéticas del Hospital Universitario de Zúrich y María, de 54 años, se acomoda en la camilla con los brazos cruzados sobre el pecho. La técnica le coloca los auriculares, le pregunta qué quiere escuchar y, antes de pincharle la vía para inyectar el contraste, le da play. La paciente eligió un tema que suena en cada cumpleaños familiares desde hace veinte años. Cuando la aguja entra, María no aprieta los ojos ni contiene el aliento. Sonríe apenas, como si la melodía le abriera una puerta interna por donde el dolor pasa de largo.

Esa escena, que podría repetirse en cualquier centro de salud de acá o de cualquier ciudad del mundo, fue puesta a prueba por un equipo de investigadores suizos en un estudio que involucró a más de doscientos pacientes que debían recibir contraste intravenoso antes de una resonancia magnética. Los voluntarios se repartieron en cuatro grupos: unos no escucharon nada; otros eligieron su canción o artista favorito; un tercer grupo recibió a Mozart; y el último, música de relajación.

Lo que sintieron los pacientes, medido número por número

Cada participante calificó su dolor en una escala del uno al diez en cuatro momentos: antes de la punción, durante la inserción de la aguja, a los treinta segundos y a los dos minutos de finalizado el procedimiento. Los resultados, publicados en la revista Frontiers in Pain Research, mostraron que quienes escucharon su música preferida reportaron menos dolor tanto al medio minuto como a los dos minutos posteriores a la intervención. El alivio se verificó tanto en quienes llegaron sin dolor como en los que ya padecían algún malestar previo.

“La música favorita manifestó un efecto significativo de reducción del dolor tanto en pacientes con como sin dolor basal”Meritxell Garcia Alzamora, consultora senior en radiología del Hospital Universitario de Zúrich

Mozart también ofreció alivio, aunque de manera más limitada: solo en los pacientes que ya tenían dolor de antemano. La música de relajación, en cambio, no marcó diferencias frente al silencio. Según explicó la propia Garcia Alzamora, ese tipo de piezas suelen tener un ritmo lento, volumen bajo y pocas variaciones dinámicas, lo que puede hacer que el oyente termine por ignorarlas.

Por qué una canción conocida duele menos

Los investigadores manejan una hipótesis que tiene tanto de neurociencia como de sentido común: una melodía familiar exige atención, convoca recuerdos, activa emociones. Esa distracción activa compite con la señal de dolor y la atenúa, como si el cerebro tuviera un ancho de banda limitado y decidiera, sin consultarnos, qué hacer pasar primero.

  • Música favorita del paciente: reducción significativa del dolor a los treinta segundos y a los dos minutos después de la punción, con o sin dolor previo.
  • Mozart: alivio notable, pero únicamente en personas que ya llegaban con dolor preexistente.
  • Música de relajación: efecto similar al silencio, sin diferencias estadísticas.
  • Silencio (grupo de control): punto de referencia contra el que se compararon las demás intervenciones.

El doctor Andrei-Cristinel Dragnea, residente en radiología diagnóstica e intervencionista del mismo hospital, aclaró que el ensayo se limitó a punciones de corta duración. Quedan por delante dos preguntas grandes que obsesionan al equipo: si el beneficio se mantiene en procedimientos más largos o más dolorosos, y qué tan lejos puede llegar la comparación entre la música y algo tan simple como la presencia de alguien que nos hable mientras nos clavan la aguja, porque la compañía, por sí sola, también tranquiliza.

Mientras la ciencia termina de répondrearse, María ya salió de la resonancia, se acomodó el suéter en el pasillo y me dijo, con esa calma que dejan las canciones bien elegidas: "Mire, si me dan a elegir, la próxima vez también les pido la misma playlist". Acá, en nuestras salas de espera y en cada turno médico que nos toca, tal vez la indicación más barata y más humana que podamos llevar con nosotros sea esa: llevar, en el bolsillo del celular, la música que nos sostiene, y pedir que nos la dejen escuchar antes de que la aguja empiece a trabajar.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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