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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Una caída en el Bayo y la pregunta que nadie quiere hacerse antes de meterse en nieve polvo

Mirko Luqe, referente del snowscoot y el snowbike, terminó varios metros abajo en un descenso fuera de pista y salió caminando. El episodio abre una discusión urgente sobre los protocolos de grupo en terreno no balizado, donde una mala decisión puede ser la diferencia entre volver a casa o no volver.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 4 min
Una caída en el Bayo y la pregunta que nadie quiere hacerse antes de meterse en nieve polvo

Son las diez de la mañana y el Cerro Bayo amanece tapado por una nevada que no afloja. Acá, en Villa La Angostura, la montaña cambia de cara cada hora y a veces cada minuto: lo que hace un rato era una ladera amable se transforma en una pendiente cargada de nieve polvo que pide, casi que exige, un respeto que muchos riders todavía no aprenden a darle. En ese contexto se mueve Mirko Luqe, un deportista argentino de 34 años que se hizo un nombre en dos disciplinas que todavía suenan raras para el vecino que mira la cordillera desde la ruta: el snowscoot y el snowbike, dos primos del mountain bike adaptados para deslizarse sobre nieve virgen.

La escena que me toca reconstruir es la de un descenso fuera de pista, en pleno fuera de pista, donde la nieve polvo profunda se traga cualquier huella anterior y deja al rider trabajando contra una superficie que se mueve debajo suyo como si respirara. Mirko venía enlazando una curva tras otra cuando, según lo que él mismo relata, perdió la línea: la rueda delantera, convertida en un pequeño esquí, se metió en una zona más blanda, la tabla trasera se descalzó y el cuerpo siguió su propia lógica pendiente abajo. Cayó varios metros antes de detenerse, enterrado hasta la cintura, con los brazos afuera y la respiración cortada por el impacto. Salió ileso, aunque con la ropa empapada y el orgullo, claro, un poco lastimado.

Qué son, en criollo, el snowscoot y el snowbike

Para el que todavía no vio uno de estos aparatos, vale la aclaración: el snowscoot es un híbrido entre una bicicleta BMX y un snowboard. La rueda de adelante se reemplaza por un esquí corto, la de atrás por una tabla, y el rider maneja parado, como si fuera en bici, con la sensación de deslizamiento de una tabla de snowboard. El snowbike, en tanto, conserva las dos ruedas originales, pero ambas son anchas y están montadas sobre skis paralelos que permiten girar y frenar en nieve. Las dos exigen un nivel técnico alto, buen equilibrio de core y, sobre todo, lectura constante del terreno, porque en nieve polvo cualquier error se paga con metros de caída y, en el peor de los casos, con algo mucho peor.

Por qué una caída fuera de pista es otra cosa

Acá viene lo que a mí, como alguien que cubre la temporada de nieve desde hace años, me sigue sacando el sueño: en terreno no balizado no hay patrullero a dos minutos, no hay banderillero que vea lo que hiciste y no hay red de seguridad debajo de la pista. La nieve polvo profunda, que es la misma que muchos riders buscan porque flota y amortigua, es también la más traicionera cuando enterrás a una persona, porque se compacta alrededor del cuerpo como un abrazo y puede generar asfixia en pocos minutos si el rostro queda cubierto. Por eso los manuales de seguridad, los guías de alta montaña y los instructores de fuera de pista machacan siempre con la misma idea: ante una caída, el grupo se detiene, se contacta visual o verbalmente con el accidentado y, si no hay respuesta, se acerca a evaluar el estado. Parece de manual básico, pero es la diferencia entre un susto y un papelón.

Lo que el Cerro Bayo le recuerda a cada temporada

Yo sigo la temporada de nieve de la Patagonia desde hace tiempo y siempre vuelve el mismo ruido de fondo: el Cerro Bayo es precioso, tiene las pistas más lindas del sur, pero también tiene faldeos enteros de nieve virgen a los que se accede caminando desde el límite del área balizada, y eso es justamente donde el protocolo se vuelve ley. Para quienes están pensando en una salida de este tipo, las recomendaciones que repiten los rescatistas y los guías son, en criollo, las de siempre: nunca salir solos, el mínimo razonable son tres personas con equipo completo (DVA, pala y sonda), chequear el parte de avalanchas del día y dejar el plan por escrito. Nada reemplaza al sentido común, pero el sentido común, en nieve profunda, también se entrena. Y a Mirko, por suerte, esta vez le alcanzó para volver a subirse a la tabla y terminar el día con café en la confitería del cerro, contando la caída entre risas. La próxima, ojalá, también termine así.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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