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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Un mecánico neuquino vende su taller, se sube a una moto chica y se va a Alaska sin fecha de vuelta

Nicolás Poblet tiene 39 años, dirige un taller mecánico en la capital provincial y en noviembre lo cierra para recorrer América de punta a punta sobre una Honda Navi. Calcula entre un año y medio y dos años de viaje, acampando casi todas las noches y moviéndose a unos 60 kilómetros por hora. Lo que saca de la venta del taller lo deja para su hijo de 17.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 4 min
Un mecánico neuquino vende su taller, se sube a una moto chica y se va a Alaska sin fecha de vuelta

Acá en Neuquén, a pocas semanas de que se vaya, lo cuentan y todavía hay gente que no termina de creerlo. Nicolás Poblet, un mecánico de 39 años que hace años atiende su propio taller en la ciudad, está vendiendo prácticamente todo lo que tiene para subirse a una moto que no fue pensada para viajes largos y arrancar en noviembre una travesía que lo lleve desde la Patagonia hasta Alaska, sin fecha de regreso y con la idea de ir resolviendo sobre la marcha. La primera parada ya la tiene clara: cruzar a Chile y bajar por la Carretera Austral hasta Ushuaia. Después viene la parte más conocida por nosotros, que es la Ruta 40 hacia el norte, después Bolivia, toda Centroamérica y, finalmente, Norteamérica hasta Alaska. En el papel son entre un año y medio y dos años; en la práctica, todo puede cambiar.

Una moto chica, una carpa y un Starlink para hablar con su hijo

La moto que eligió es una Honda Navi, una moto chica, urbana, que no está diseñada para cubrir grandes distancias a alta velocidad y que él justamente eligió por eso. Planea moverse a unos 60 kilómetros por hora, detenerse donde le llame la atención el camino y dormir al costado de la ruta o donde encuentre un lugar seguro para plantar la carpa. Según sus propias cuentas, alrededor del 90 por ciento de las noches las va a pasar acampando. Como mecánico, dice conocer la moto a fondo y confiar en poder resolver la mayoría de los problemas técnicos por su cuenta. Para lo que no se siente tan seguro es para otra cosa: durante el viaje piensa llevar un dispositivo Starlink para no perder contacto con Benjamín, su hijo de 17 años, que es la única persona que dijo, palabra más palabra menos, que lo desvela de antemano.

“Lo único que realmente me preocupa en el viaje es poder mantener la comunicación con él.”Nicolás Poblet

Hernán, un vecino de 52 años que lo conoce desde hace años y que lo vio crecer como profesional, me dijo mientras tomábamos un café en el centro que la primera vez que escuchó el plan pensó que era un arranque típico de alguien inquieto, pero que después, charlando con él, entendió que viene de mucho más atrás. «Yo lo veo y te juro que está tranquilo, nunca lo vi tan convencido», me dijo. «Lo que más le cuesta, te soy sincero, no es la moto ni la ruta, es la separación con el pibe». Esa frase, que es casi textual de cómo lo cuenta Hernán, resume bastante lo que Nicolás viene repitiendo: la decisión la fue madurando durante años y la frenó sobre todo por la edad de Benjamín. Ahora, con el chico más grande y con mayor independencia, padre e hijo lo hablaron y acordaron el momento. Incluso está la posibilidad de que Benjamín tome un avión hasta algún punto del recorrido y compartan una etapa juntos.

Venderlo todo, incluso el taller, para que su hijo tenga un piso

Para financiarlo, Nicolás liquidó o está liquidando la mayor parte de lo que tiene: el taller mecánico que dirige en Neuquén está en venta, y lo que obtenga va a quedar reservados para su hijo. El viaje en sí lo piensa sostener con algunos ahorros y con ingresos que espera generar durante el recorrido, una parte a través de los trabajos mecánicos que pueda ir haciendo en el camino y otra mediante un canal de YouTube y una cuenta de Instagram que abrió bajo el nombre Astronavi para documentar todo: los lugares, la gente que vaya conociendo y también, dice, los días que no salgan como esperaba, porque reconoce que van a existir.

El 11 de octubre Nicolás cumple 40 años. Pocas semanas después arranca. En el barrio, entre los que lo conocen, la mezcla es de sorpresa, envidia sana y algo de preocupación. Hernán, el vecino con el que hablamos al principio, lo resume con una imagen que me quedó dando vueltas: «Mirá, yo no me animo a hacer algo así ni en bicicleta, pero te puedo asegurar que él está listo, lo viene pensando hace mucho». Cada vez que lo cruza y le pregunta cómo va el tema de la moto, Nicolás le responde lo mismo, con la misma calma: que se va, que ya está decidido y que la parte más difícil, que es despedirse de Benjamín, ya la empezó a procesar. Lo que viene después es la ruta, el viento, la lluvia, la Patagonia de noche, los pueblos chicos y las caras nuevas. Una Honda Navi, un mecánico neuquino y, acá en la ciudad, la sensación de que algo empieza a moverse en serio.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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