Toto Kirzner y la herencia de los nombres: por qué eligió no ser Suar
El actor reconstruyó la historia detrás del apellido artístico de su padre, nacido de un trabalenguas radial, y contó el momento en que decidió seguir siendo Kirzner. Una saga familiar que atraviesa generaciones del espectáculo argentino.
Hay algo en esa frase de Toto Kirzner que me sigue dando vueltas desde que la escuché, algo así como un acto de rebeldía doméstica, de esas que se pronuncian en la mesa familiar pero pesan toda la vida: "¿Para qué carajo lo tengo, si no?", dijo al explicar por qué nunca se convirtió en Toto Suar. La frase, que parecería una boutade, condensa en realidad una historia que arranca en estudios de radio de mediados del siglo XX, atraviesa continentes y termina de cerrarse en una decisión personal bien argentina: la de sostener el apellido del documento a pecho partido, aunque el camino más fácil fuera tomar el que ya estaba instalado en la fama del viejo. Esa pulseada entre lo práctico y lo identitario es la que recorre el relato que el propio Kirzner compartió sobre los orígenes del nombre artístico de su padre, una cadena deaciones fonéticas que, por accidente y luego por elección, terminó bautizando a uno de los actores más reconocibles de la televisión local.
Lo primero que hay que entender es que el apellido Suar nunca fue un proyecto. Nació, como tantas cosas en el mundo del espectáculo, de un problema bien concreto: a los locutores de radio les resultaba imposible pronunciar con corrección el nombre del abuelo de Toto. Leibele Schwartz, cantante lírico de origen judío que desarrolló buena parte de su carrera entre Estados Unidos y la Argentina, se topaba una y otra vez con el mismo obstáculo cada vez que pisaba un estudio. La solución, tan improvisada como eficaz, fue rebautizarlo al voleo.
“Cuando él iba a la radio le decían Leo Suárez, no les salía Leibele Schwartz ni en pedo. Entonces, era todo Leo Suárez y terminó siendo Leo Suar.”Toto Kirzner
La versión se fue puliendo con el uso, como esos apodos que empiezan como un chiste entre colegas y terminan siendo más verdaderos que el nombre de la partida de nacimiento. Lo que había nacido como un atajo fonético para que los conductores pudieran presentar al artista sin enredarse con la fonética yiddish terminó por convertirse, con el tiempo, en la identidad pública con la que su padre construyó una carrera de décadas.
Mi viejo en un momento me decía Toto Suar nos queda mal
El propio Leo Suar vio en ese percance una oportunidad y adoptó la variante como nombre artístico. "Le causó gracia y lo tomó. Dijo: 'Bueno, es más sencillo'", reconstruyó Toto sobre aquella decisión paterna, que transformó un error de pronunciación en una marca registrada. La adaptación, pensada como solución para la radio, terminó dándole nombre y apellido a una dinastía.
Cuando Toto empezó a hacer sus primeros pasos en televisión y teatro, la conversación se replicó puertas adentro. Su padre le sugirió la posibilidad de usar Suar, aunque con una advertencia que mezcla el olfato artístico y la prudencia comercial. "Mi viejo en un momento me decía: 'Toto Suar nos queda mal'", recordó el actor, casi como quien revive un consejo escuchado entre mate y mate. La observación dejaba entrever una preocupación por cómo sonaría el nombre en boca de un público que ya conocía al padre y empezaba a conocer al hijo.
Toto, sin embargo, descartó la propuesta sin demasiadas vueltas. La decisión fue mantener Kirzner, el apellido que figura en su documento, como sello artístico. Y lo hizo con una justificación que dice mucho de cómo se piensa en esa casa: "No me siento cómodo. Usemos nuestro apellido. ¿Para qué carajo lo tengo, si no?". La frase, además de confirmar el carácter frontal del actor, revela una posición clara: si el apellido propio no se usa cuando hay que defenderlo, ¿para qué resguardarlo?
La voz del abuelo que cantaba con las sinfónicas
- Leibele Schwartz grabó más de 30 álbumes a lo largo de su carrera.
- Actuó junto a la Orquesta Sinfónica de Filadelfia, la Sinfónica de Israel y la Sinfónica Nacional Argentina.
- Se desempeñó además como actor y como jazan, una figura clave en la liturgia musical judía.
- Falleció el 11 de julio de 1992, a los 59 años.
- Su esposa, la actriz Lilian Keller, murió el 30 de septiembre de 2020 a los 74 años, tras un accidente cerebrovascular.
Esa trayectoria, que va de los escenarios sinfónicos a los sets de televisión, es la que alimenta el orgullo de Toto al hablar de su abuelo. Y es la que vuelve más significativa su decisión de llevar adelante el nombre propio: no se trata sólo de diferenciarse del padre, sino de reivindicar una genealogía que incluye a un cantante lírico que se codeó con orquestas internacionales y a una actriz que dejó huella en el medio local.
Me quedo pensando en cómo una misma familia puede tener dos respuestas tan distintas frente a la misma pregunta: ¿qué hacemos con el nombre? Leibele Schwartz, devenido Leo Suárez y luego Leo Suar por la insistencia de los locutores, eligió la adaptación pragmática. Su nieto, varias décadas después, eligió la terquedad del documento. Las dos terminaron construyendo identidad; las dos, a su modo, son profundamente argentinas.
Si te interesa escuchar a Toto Kirzner reconstruyendo esta historia en primera persona, te recomiendo buscar el video completo de la entrevista que dio en las últimas horas, donde además repasó otros recuerdos de su familia. Lo podés encontrar en las redes sociales del programa donde lo entrevistaron, con que se viralizaron en cuestión de minutos. Una buena manera de empezar la semana, escuchando a un actor que decidió plantarse en su propio nombre mientras el oficio le ofrecía uno ya hecho.
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Santa Cruz Informa